Feb 15

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=61230

 

El sigiloso avance del fascismo

Lecciones del pasado

Ray McGovern

CommonDreams.org

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

“Existen pocas cosas tan extrañas como la indiferencia calma, suficiente, con la cual yo y aquellos como yo contemplamos los comienzos de la revolución nazi en Alemania, como si estuviésemos en un palco en el teatro… Tal vez la única cosa comparable por lo extraño es el modo como ahora, años después…”

Son palabras de Sebastian Haffner (seudónimo de Raimund Pretzel), que como joven abogado en Berlín vivió la toma del poder nazi en los años treinta y escribió un relato de primera mano. Sus hijos encontraron el manuscrito cuando falleció en 1999 y lo publicaron el año después como “Geschichte eines Deutschen.” El libro se convirtió inmediatamente en un éxito de ventas y ha sido traducido a veinte idiomas – en castellano como “Historia de un alemán – 1914-1933.”

Recientemente tuve noticias de su hija Sarah, artista en Berlín; me informó que hoy es el 100 aniversario del nacimiento de Haffner. Había visto un artículo mío en el que cité a su padre y me envió un correo para pedirme que “escriba algo más sobre el libro y la comparación con el EE.UU. de Bush… es casi increíble.”

Continue reading »

Feb 15

Adaptado de un comentario que he hecho en Meneame:

La huelga como tal, como movilización voluntaria de los ciudadanos ha sido y siempre será un fracaso por los convocantes. De hecho la mayor parte de la gente que cerró o no fue a trabajar fue por simple y puro miedo a las represalias de los de siempre. Es así de simple. De hecho si no fuera por las amenazas y la prepotencia que siempre despliegan algunos la incidencia hubiera sido nula o simplemente residual. Es lo que tiene no llamar a las cosas por su nombre. Yo sí que vi que muchas tiendas cerraron, en el barrio de Egía de San Sebastián por ejemplo se respiraba impotencia y frustración… pero por simple y puro miedo a ladrillos arrojados por manos de imberbes.

También es notorio que sean pueblos pequeños (en los que todos se conocen) los que más se “paren”, porque unos pocos, repito, unos pocos acuden a la amenaza, la descalificación y el insulto hacia sus vecinos antes que a razones (todo esto tiene tanto de religión nacionalista que asusta). Así que aquellos que puedan o no estar de acuerdo con la ilegalización de ciertos partidos incapaces de condenar la violencia de ETA, temen por las represalias a largo plazo hacia ellos, sus negocios, propiedades y familias.

Vivimos la distorsión real que el terror y el miedo que una banda asesina y mafiosa ha inculcado en los vascos. Vivimos en una sociedad enferma y cansada de discursos vacíos, y que también está cansada de “otros bandos”, pero que no es equidistante en absoluto.

ETA y su entorno falla en algo crucial y esencial. Carecen de credibilidad al no respetar la primera exigencia mayoritaria de los vascos: que la violencia, la emenaza y la extorsión desaparezca y que los violentos no se empecinen en creer que representan la voluntad de nadie que no sean ellos mismos.

—-

Lo único que ha demostrado esta huelga es que el terror y el miedo sigue siendo una forma efectiva de intimidar a todo un pueblo y que se hable de ellos. Se ha demostrado que todavía tienen el poder de intimidar a la población de Euskadi. Es algo muy triste que llena de frustración a toda la gente de bien que habita esta tierra.Y es mucha gente.

Es frustante saber que esto va a seguir así, en pleno siglo XXI porque unos cuantos desgraciados no saben que su tiempo ya ha pasado, que pasó hace muchas décadas. Que no saben que ya no son necesarios, que en realidad nunca lo han sido.

Ojalá algún día todos perdamos el miedo a esta chusma y los que apoyan la solución militarista y repugnante de ETA se den cuenta que son rehenes de la más pura y dura de las manipulaciones para mantener a unos pocos influyendo negativamente en las vidas de los que intentamos trabajar para sacar a nuestras familias adelante.

Por cierto, sí, ya me doy por amenazado, lo hicisteis hace tiempo, pero ya no me callo.