En el mundo existen todo tipo de barreras y fronteras que nos gustaría derribar. Sin embargo las barreras más difíciles de derribar, los muros contra los que chocamos siempre y las fronteras que limitan nuestro caminar, no son realidades físicas; están en nuestra mente.
Creo que la representación de estas fronteras mentales se reflejan en las barreras y muros físicos que construimos alrededor nuestro. Intelectualmente son esos prejuicios que buscan la diferencia en los demás convirtiéndolo en algo que inevitablemente nos separa.
Pero los prejuicios que creamos para aislar a los otros en realidad acaban confinándonos en un espacio pequeño, interior y endógamo que nos condena a la pobreza mental. Caemos así en un círculo vicioso de miedo al cambio y a comprender que las fronteras que creamos para diferenciarnos, nos hacen prisioneros de nosotros mismos y nuestras miserias.










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