El copyright en la era digital

Ante los cambios hay dos formas de actuar básicas, aceptarlos y adaptarse o rechazarlos y adaptar la realidad a dicho rechazo. Si en la segunda posición además ven que se puede ganar dinero, suele ser la opción que la industria de contenidos de entretenimiento más obsoletas e inadaptadas toman.

Johannes Kreidler - compositor

Johannes Kreidler - compositor

Si uno para a leer un poco las noticias relacionadas con el “copyright” y la “propiedad intelectual” no puede dejar de llamar la atención que casi todas tienen que ver con demandas, juicios y gabinetes de abogados. ¿Cuánto dinero se mueve en estos litigios? Difícil imaginar siquiera.

Lo que además llama mucho la atención es el notable incremento de demanda contra ciudadanos que son los primeros en adaptarse a la realidad digital. Como fuente de beneficios a corto plazo, las demandas a ciudadanos son bastante rentables, pero a largo y medio plazo producen un efecto no deseado y que los asesores de estas empresas suelen evitar comentar a sus accionistas. La imagen pública de la empresa se desgasta percibiéndose cada vez de forma más negativa (e Internet tiene memoria) y fomenta la creatividad por parte de los ciudadanos para protestar o buscar otras fuentes alternativas de contenidos.

Tanto es así que webs de distribución de contenidos copyleft empiezan a ser verdaderas competidoras y dentro de algunas entidades de gestión se encuentran artistas descontentos que saben muy bien cómo poner las absurdas leyes del copyright en contra de sus defensores. Es el caso de Johannes Kreidler, un artista alemán que ha compuesto una canción de 33 segundos citando nada más y nada menos que 70.200 obras protegidas por el copyright. Según la  maravillosa ley del copyright, por cada cita hay que rellenar un formulario. Bueno, pues rellenó los 70.200 formularios y los mandó para la entidad de gestión alemana, GEMA. Seguramente los empleados que vieron acercarse el camión lleno de papeles no podían ni imagina que ese día iba a ser uno de los más atareados de su vida. Ojalá, no obstante, tuvieran algunos asesores, abogados o directivos de ciertos lobbys que realizar el trabajo de supervisar todos esos formularios.

En plena era digital las leyes anacrónicas ya para el siglo XX están siendo reconvertidas para ser todavía más opuestas a la realidad que la tecnología impone en el mundo.

Criminalizar por el camino a ciudadanos, arriesgándose que éstos en algún momento dejen de aceptar la injusticia y empiecen a pensar por si mismos, no es buena política. Los pequeños gestos como el de los 70.200 formularios pueden disparar la creatividad de los ciudadanos a la hora de protestar contra los dueños de los políticos y los políticos.

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