Cuando ETA y los que la apoyan o jalean (o no condenan) afirman que ETA quiere la “libertad” del Pais Vasco hay que darle más o menos el mismo tipo de credibilidad que se le da al señor George W. Bush cuando habla de su guerra contra el terror para llevar la democracia a las tierras oprimidas del mundo.

Es importante darse cuenta que ETA ha dejado de tener un objetivo, si alguna vez ha tenido tal cosa, para convertirse en un fin en si misma. ETA sólo quiere a ETA y prueba de ello es su discurso violento y repugnante que dice defender el derecho a decidir del Pueblo Vasco. Sin embargo lo ignora y desprecia cuando ese mismo pueblo es el que ha dicho, en una de sus más importantes decisiones, que no necesita ni quiere la existencia de la banda asesina. ETA insulta a ese Pueblo por el simple hecho de existir.

Todo lo demás que dice ETA y su entorno no son más que escusas o engaños. El supuesto problema político, de existir realmente y ser percibido por la sociedad hoy en día como un problema, sólo existe en las mentes de intereses concretos, que nada tienen que ver con fines supuestamente sociales.

ETA es el problema. Es quien tortura Euskadi y quien no respeta la voluntad del Pueblo que dice defender. ETA mata y miente y es aquello que hay que eliminar y sobre todo, a quien no hay que darle el honor de la duda. Su existencia debería repugnar a cualquier persona mínimamente razonable y que aprecie esta tierra y sus gentes.

ETA odia Euskadi y a los vascos y tanto es así que ante la imposibilidad de engañar a más gente, e ir perdiendo a cada día credibilidad en sus propias bases y viejos apoyos (incluso viejos integrantes y fundadores), recluta a lo peor de lo peor de la sociedad, para seguir existiendo como el monstruo sanguinario al que se le acaba el tiempo que es. Mientras tengan dinero existirán. El día que no haya dinero, al no haber más causa que su avaricia y necesidad de existencia finaciera, desaparecerá.

Mientras sólo queda esperar lo peor de esa banda de gentuza mafiosa infinitamente repugnante.