La culpa de todo lo malo que ocurre en este mundo es de Internet. Es evidente, claro y tan obvio que resulta necesario destacar aquellos factores que seguro que no tienen nada que ver en la crisis que vive el cine español… o como mucho influyen en un 1%, o menos tal vez.
1.- No debe tener nada que ver la cada vez más baja calidad de una gran parte de las películas españolas, las cuales además, por exceso de subvenciones no parecen sentirse aludidas con la exigencia de calidad que los espectadores demandan. Sinceramente, una película más sobre el claroscuro despertar de un adolescente que se siente atraído por su tía que está en paro en medio de la guerra civil en un pueblo que vive de la cría del berbercho salvaje de las montañas, no parece ser lo más atractivo para el perfil de la gente que hoy puede ir al cine.
2.- Nada tiene que ver la cada vez mayor oferta de contenidos de televisión por cable. Cada vez las compañías telefónicas ofrecen una mayor oferta de canales digitales a precios altos todavía, pero cada vez más competitivos. No sé cuánta gente tiene ONOs, Imagenios etc en sus casas, pero que los que lo tienen ya ni se plantean ir al cine. Vamos, que hay que amortizar lo que se paga al mes y las cosas no están como para no ver esos canales y gastar una pasta en el cine.
3.- Mucho menos tiene que ver los precios del cine. ¿Pero qué tontería es esa? Ir al cine, por lo bajo, parece una misión de audaces por un lado, y un suicidio económico por otro. Precios que oscilan entre los 5 (los más afortunados) y 7 euros la entrada. A lo que sumamos con frecuencia el parking del coche, pero con más frecuencia el consumo de palomitas, bebidas y otras golosinas. Fácilmente ir al cine por persona puede superar los 10-12 euros cuando no más.
4.- Nada tiene que ver la mala calidad media de las salas de proyección. Después de pagar nuestros buenos 10-12 euros nos solemos encontrar con salas de cine con el sonido entre mal configurado o muy mal configurado, por no hablar de la posibilidad de encontrarnos con vecinos de butaca molestos, sí de esos que tienen que comentar en voz alta cada cosa que ocurre en la película, o cualquier gracia que se les pasa por sus cortas mentes. Y no parece que exista nadie que les llame la atención, siendo a menudo los otros espectadores quienes tienen que intervenir, haciendo de una experiencia que debiera ser placentera algo incómodo y molesto a no repetir en mucho tiempo.
5.- Tampoco parece que tenga que ver nada el hecho relacionado con los puntos anteriores. El precio de la vida amigos va subiendo a la hora de comprar alimentos básicos. Las hipotecas suben. La gasolina sube. Creo que menos los salarios todo lo demás sube… ¡ah y en respuesta sagaz e innovadora las salas de cine suben también los precios! ¿Realmente debería la gente dejar de comer para ir al cine a ver películas de dudosa calidad… a precios desorbitados… en salas mal configuradas acústicamente y con energúmenos comentando la peli sin que el personal del cine intermedie?
6.- No se debería llamar piratería a algo que sencillamente no lo es, pero lo que sí está claro es que los usos y costumbres han cambiado. Pero eso no debe tener relación alguna con lo que está pasando. Descargarse películas de Internet no responde a un acto de ilegalidad, sino a una cosita que se llama copia privada (prueba de ello es lo que dicen fiscales, jueces y reputados abogados y la propia ley de propiedad intelectual). Pero más que al hecho del esgrimido y tergiversado de “la cultura del todo gratis” lo cierto es que a una nueva forma de consumo que se va imponiendo. Que la industria no haya sido capaz todavía de encontrar el modelo adecuado para satisfacer lo que los consumidores demandan en este punto (que no es el todo gratis, no lo olviden) no debe tener relación con el problema del cine español. Faltaría más.
7.- Nada tiene que ver tampoco que la gente prefiera ver otras películas del mercado más anglosajón. Sí, de esas que ofrecen cosas que la gente quiere ver por el simple hecho de pagar una pequeña fortuna cada vez que van al cine. Esas películas que gastan más en marketing y ser conocidas que en la propia película. Sí, esas películas que al menos suelen tener algo, aunque no sea guión en muchos casos, sino efectos especiales, efectos visuales, actores y actrices famosos, acción, diversión… entretenimiento en definitiva.
8.- Menos tiene que ver que cada vez exista más oferta de entretenimiento y menos y menos tiempo para ver y escuchar todo lo que se desearía. Nada tiene que ver, o muy poco, que los chavales vean cosas online en su ordenador en detrimento de otros medios más “tradicionales”. De hecho no ven siempre, ni mucho menos, contenidos de grandes productoras, sino cada vez más material de otros usuarios amaters.
9.- Tampoco parece que influya para nada en los espectadores la mala imagen del cine español, sus artistas, directores y asociaciones de gestión de derechos de editoriales que apoyan medidas tan impopulares como el canon digital, o la criminalización sistemática de las preferencias de consumo de los españoles. Es que la gente no debería ser tan resentida como para no querer dar su dinero a una industria y unos “artistas y autores” que les llaman piratas, ladrones y todo eso. Es con cariño hombre… Sin mala intención.
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