…que se llama «El Retorno de los Dragones», de Margaret Weis y Tracy Hickman. Es un libro que forma parte de las Crónicas de la Dragonlance, una de esas series de libros en las que aparecen elfos, enanos y dragones. Se lo leyó en un par de meses, no le gustó mucho y me ha reconocido que no se lo va a comprar.
Por otra parte este mismo amigo me dejó la película «El Último Mohicano«, que me gustó mucho. Pero no pagué nada por verla, y no pienso comprarme el DVD porque no me gustó tanto.
He de reconocer que en mi primer año de facultad me compré un juego de ordenador, llamado «Resident Evil 2«, una maravilla con la que disfruté pasando miedo. Tras pasármelo, se lo dejé a, al menos, 7 personas más. Todas se pasaron el juego, disfrutando al menos tanto como yo con él. Ninguna se lo compró tras pasárselo.
Todos estos reconocimientos vienen a cuento de conocer su doctrina según la cual el intercambio de ficheros en Internet (el sistema P2P, entre ellos el famoso E-mule) es algo perverso por permitir a mucha gente disfrutar de obras con derechos de autor no pagando por ello. Dicen ustedes que el que disfrute una película o un videojuego debe hacerlo porque ha pagado por ello, que compartir videojuegos o películas o música sin pagar hace que los artistas creadores pierdan dinero, y que en la práctica se les está robando.
Lo he pensado, y creo que, aunque los casos antes mencionados eran intercambios físicos, el efecto es el mismo que describen. He dejado muchísimos videojuegos a amigos y compañeros de estudios y trabajo, muchos con tan poco éxito que las personas a las que les había dejado no lo compraron después de jugar con ellos y pasárselos. Así mismo me han dejado muchísimos libros, comics, películas y discos que tras leerlos, verlos y escucharlos no he comprado.
Ya ven que he promocionado, junto a amigos y compañeros varios, un sistema físico de intercambio de películas, videojuegos, libros, comics y demás que les ha hecho perder mucho mucho dinero. Si me pongo a pensarlo, desde los 13 años siempre he estado inmerso en este mundo de intercambio de videojuegos y enseres culturales que yo creía míos por haber pagado su precio. Si calculo un intercambio por semana (tirando por lo bajo) da mas o menos que he estado implicado en torno a los 600 intercambios físicos.
Hay que decir que es raro que cuando nos dejen algo nos impresione tanto como para que nos lo compremos. Normalmente disfrutamos de ello y ya está. Por lo tanto la mayoría de estos 600 intercambios implican perdida de ventas, pongamos que quizás 500 compras menos (suponiendo que compramos 1 de cada 6 cosas que nos dejan).
Pensándolo bien, hasta ahora nadie a mi alrededor se escandalizaba por el hecho de que al gente intercambiara discos, videojuegos o libros y luego no los comprase. Creo no equivocarme cuando digo que la mayoría de la gente a la que le he dejado cosas tiene esta misma práctica: puede que haya al menos 30 o 40 como yo, hasta donde sé. Así pues, tirando por lo bajo, han perdido ustedes merced a esta perversa práctica de mi entorno mas o menos 20 000 ventas.
Que ya son ventas perdidas.
Si ustedes están en lo cierto con el asunto de que todo el que quiera disfrutar de una obra cultural debe pagar por ello, me temo que soy un delincuente de mucho cuidado. Así mismo creo que entre mis amigos y conocidos ha habido siempre una espontánea red de intercambios que les ha hecho perder mucho mucho dinero de modo ilícito según ustedes.
De ser coherentes con su teoría del obligatorio pago por disfrute de libro, música, videojuego o comic deben ocuparse legalmente de mí, mis compañeros de estudios, trabajo y amigos varios. Porque les hemos hecho perder mucho. Así mismo, deberán proponer al Congreso de los Diputados un sistema que garantice que todo aquel que disfrute de un libro/cd de música/videojuego que le ha prestado un amigo luego pague el importe del producto que sea. Vamos, que se acabe eso de dejar un libro a alguien y que este se lo lea y luego no lo compre. Y también que se acabe eso de que alguien pueda dejar un videojuego a otra persona, se lo acabe y no pague nada.
Habrá que acabar con la fea y destructora costumbre para el artista de dejar las cosas a la gente de gratis. Porque en las redes P2P es lo que se hace tal que así: se intercambian libros, música, videojuegos y películas como se hace de modo físico (como toda la vida anterior a Internet). Sólo cambia el medio de intercambio. Pero el hecho es el mismo: se dejan productos culturales a otras personas, que los disfrutan y no los compran.
Así pues, espero su llegada junto a la de la policía nacional en mi casa, mientras me acabo de leer «Copia este libro» de David Bravo. Y fíjense: cuanto mas lo leo, más ganas me dan de comprarlo.
Es ponerse en el lugar de los que están pasándolo mal económicamente por culpa de uno y cambiar más fácilmente tu conducta ilegal. Luego dicen que la pedagogía no vale para nada.
Atentamente suyo,
Raúl Sánchez (Lüzbel)
Fuente original del texto bajo licencia (cc) by-sa-nc de Raúl Sánchez (Lüzbel) en Socialdemocracia.org. Visita el enlace original aquí.
