Carta abierta a funcionaria SEPE: comeremos facturas.

Estimada Sra.,
Ya vimos que finalmente, tras apenas tres meses de nada desde su correcta presentación, se ha aprobado la solicitud de prestación por ERTE. Vemos que, tal y como hemos sostenido desde el principio, la cuenta que se indicó desde el minuto uno era la correcta y de un banco, con el que SEPE, obviamente, trabajaba.

Y sólo ha sido necesario llamar decenas de veces por teléfono sin que nadie respondiera en ocasión alguna, conseguir acceso por clave que se envió a otra dirección para entrar en sede electrónica, una llamada suya de apenas unos segundos para no resolver nada y varios correos informandoles por activa y por pasiva de su error de apreciación. A eso sumamos largas horas y horas de angustia y espera sin resultado alguno, sin aclaración coherente y sin posibilidad de enmienda, quedando patente que no se estaba mirando el presunto problema inexistente, pero que finalmente provocaron en SEPE, tal vez por alguna dificultad de comprensión lectora u otros factores que no nos atrevemos siquiera a imaginar.

Ya, por fin, sabemos que tal vez algún día cobremos el dinero que era una ayuda para estos meses en los que no íbamos a recibir una parte importante de los ingresos familiares. Meses con bocas que alimentar que no entienden de plazos ni mucho menos de errores ajenos. Claro que ahora, pasado el 10 de junio, vemos finalmente que parece que dicha ayuda no se va a materializar cuando más se necesita, habida cuenta de la imposibilidad práctica, al menos por ahora, de viajar ya al pasado, obviamente, sino que cualquier esperanza de ingresos apunta hacia el infinito y más allá de primeros de julio de 2020. Desde el 15 de marzo de 2020 a “teóricamente” 10 de julio. Da que pensar, pero creemos que tenemos que enfocar esto como una oportunidad, no un problema y por eso queremos darles las gracias. Sí, las gracias.

Catando los ingredientes para cena. Factura de electricidad.

Gracias por esta oportunidad de comprobar que un fallo por parte de SEPE en la estimación de una solicitud nos muestra la realidad de servicios deteriorados, colapsados y con ausencia de empatía y capacidad de reacción individual.

Gracias, supongo, que ahora que cualquier reserva de previsión de contingencia económica ha sido ya consumida en los meses anteriores, podremos evaluar comernos las facturas que no podremos pagar. No estamos seguros de que vaya a ser plato del gusto de nuestros hijos, pero con imaginación tal vez incluso lo acepten de buen grado. Al fin y al cabo ¿qué otra opción les queda? O es papel de factura sin patatas a la provenzal o nada.

O tal vez podamos posponer muchas de esas comidas, cenas y desayunos a esas fechas de julio cuando, supuestamente, cobremos lo que se nos debe por cumplir nuestra parte del contrato social. No sabemos si el hambre se puede retrasar de forma administrativa, pero todo es probarlo. Que es que algunos nos quejamos casi de puro vicio, pero sin realmente probar que la queja tiene sentido, ¿no creen?

No duden de que les enviaremos las recetas de facturas a la “eau de pluie”  que mejor acogida tengan en casa, mientras tengamos casa. Tal vez en el futuro, si se ven en esta misma situación, estas recetas y experimentos les puedan salvar el día a día, mes tras mes… hasta que algo cambie… o no.

Gracias por esta inigualable oportunidad.
Se despiden atentamente quedando a su entera disposición,

Unos ciudadanos, una familia.

Carta abierta a funcionaria SEPE: comeremos facturas.

Big corporate interests and education

“There’s a reason education sucks, it’s the same reason that it will never, ever, ever be fixed. It’s never going to get any better, don’t look for it, be happy with what you got.  Because the owners of this country don’t want that.  I’m talking about the real owners, now.  The real owners, the big wealthy business interests that control things and make all the important decisions. Forget the politicians, they’re an irrelevancy. The politicians are put there to give you the idea that you have freedom of choice. You don’t. You have no choice. You have owners. They own you. They own everything. They own all the important land. They own and control the corporations. They’ve long since bought and paid for the Senate, the Congress, the statehouses, the city halls. They’ve got the judges in their back pockets. And they own all the big media companies, so that they control just about all of the news and information you hear. They’ve got you by the balls. They spend billions of dollars every year lobbying,­ lobbying to get what they want. Well, we know what they want; they want more for themselves and less for everybody else.

But I’ll tell you what they don’t want. They don’t want a population of citizens capable of critical thinking. They don’t want well-informed, well-educated people capable of critical thinking. They’re not interested in that. That doesn’t help them. That’s against their interests. They don’t want people who are smart enough to sit around the kitchen table and figure out how badly they’re getting fucked by a system that threw them overboard 30 fucking years ago.

You know what they want? Obedient workers,­ people who are just smart enough to run the machines and do the paperwork but just dumb enough to passively accept all these increasingly shittier jobs with the lower pay, the longer hours, reduced benefits, the end of overtime and the vanishing pension that disappears the minute you go to collect it. And, now, they’re coming for your Social Security. They want your fucking retirement money. They want it back, so they can give it to their criminal friends on Wall Street.  And you know something? They’ll get it. They’ll get it all, sooner or later, because they own this fucking place. It’s a big club, and you ain’t in it. You and I are not in the big club.

This country is finished.”

 

By George Carlin

Big corporate interests and education