Arthur C. Clarke on political appointments

“For the last century, almost all top political appointments on Terra had been made by random computer selection from the pool of individuals who had the necessary qualifications. It had taken the human race several thousand years to realise that there were some jobs that should be never given to the people who volunteered for them, specially if they showed too much enthusiasm. As one shrewd political commentator had remarked: “We want a President who has to be carried screaming and kicking into the White House-but will then do the best job he possible can, so that he’ll get time off for good behaviour.”” Arthur C. Clarke – Imperial Earth.

Arthur C. Clarke on political appointments

El hombre más peligroso

“El hombre más peligroso, para cualquier gobierno, es el hombre capaz de pensar solo, sin fijarse en las supersticiones y tabús predominantes. Casi inevitablemente, llegará a la conclusión de que el gobierno bajo el cual vive es deshonesto, demente e intolerable, y entonces, si es un romántico, intentará cambiarlo. Y aunque él no sea un romántico, es muy probable que disemine el descontento entre aquellos que sí lo son.”

H.L. Mencken, Revista SMART SET Diciembre 1919. Cita encontrada en el comic de Warren Ellis y Darick Robertson “Transmetropolitan”.

El hombre más peligroso

La privatización de los fotones

Bien es sabido que el actual gobierno de España ha desencadenado una lucha abierta contra la inmensa mayoría de los ciudadanos, incluso contra aquellos que, cual cabestros, siguen votando a un partido bajo la sospecha de la corrupción. Pero el partido de las élites financieras y las élites de la superstición va siempre un paso más adelante. En este caso privatizan los fotones que la estrella Sol nos envía en favor del lobby generador de energía de “toda la vida”.

Poco más se puede añadir. Muy poco. Contra cualquier sentido común, evidencia científica, o bien hacer, la gentuza que desea permanecer en su cómoda poltrona recibiendo el cheque por algo a lo que no tiene derecho alguno, nos quita un derecho más. Pasó con el canon, lucha en la que este blog se embarcó hace ya más de un decenio y que acabó cayendo gracias al esfuerzo de tantas personas en Europa y ocurrirá lo mismo con esto. No me cabe duda. Si queda algo de decencia en un votante del PP, algo de decencia en algún gobernante de Europa, si queda algo de decencia en algún sitio, y no me cabe duda de que aún existe de eso, este ataque a la libertad más elemental será neutralizado y, espero, los culpables perseguidos y encarcelados.

Firma, una vez más, contra la gentuza: Contra la privatización del Sol en España.

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La privatización de los fotones

Sobre la palabra dada

Hace ya muchos años necesitaba urgentemente alquilar un garaje para guardar el coche y sobre todo una bicicleta que hasta el nacimiento de mi primer hijo guardaba en su cuarto/oficina/trastero.

Buscando al final encontré un garaje cerrado y quedé con el dueño para hacer los papeles en un par de semanas y que me pasara las llaves. Fue un trato hecho de palabra y por teléfono.

Cuando pasaron esas semanas sin noticias de él, le volví a llamar para quedar y empezar a usarlo y es cuando me dijo que no me lo podía alquilar, que un familiar lo necesitaba y que como perdió mi teléfono no me pudo avisar antes. Me dijo, textualmente “ya lo siento, pero es que suelo cumplir mi palabra”.

Bueno, al final, después de cabreo encontré otro garaje mejor y más barato, pero me quedo con esa frase de “suelo cumplir mi palabra”.

Veamos, la palabra dada se cumple siempre, o no se cumple. O mejor dicho, si “a veces” no cumples tu palabra, no existe ni un sólo criterio objetivo para confiar en ti jamás. Tu credibilidad cae y no se recupera. Ojo, no hablamos de causas de fuerza mayor. De hecho no es recomendable dar la palabra a la ligera, pues toda tu reputación reside en la palabra dada.

Y de ahí vamos a ciertos gobiernos y politicastros que dan sus palabras, juran y perjuran porque de hecho asumen que realmente la gente no se los cree totalmente. ¡Qué cínicos somos! O creemos a los políticos cuando dicen las cosas, o no les creemos nunca. Y si no les creemos, pues no podemos dada la experiencia con la que contamos, hemos de votar, o no hacerlo, en consecuencia. Votar a alguien que ha mentido conscientemente nos hace cómplices y no mucho mejor que el mentiroso.

Tengamos un poco de eso que nos quieren quitar a golpe de decreto: Dignidad.

Sobre la palabra dada