Y si es ya muy tarde

Round north polePensar como especie es difícil para el ser humano; criatura pensante individualista de relativa corta vida. Pero como especie pensante, consciente de si misma va reconociendo, al menos algunos de sus integrantes lo hacen, que si queremos seguir existiendo como tal, tarde o temprano tendremos que abandonar la Tierra que nos ha visto nacer.

Nuestro tiempo en la Tierra tiene caducidad. Esto es un hecho. Y no conocemos la fecha.

Y es un hecho que actualmente apenas podemos imaginar cómo sería un viaje a otro mundo en otro sistema solar. Estamos hablando de escalas de tiempo que exceden en mucho la duración de una vida humana. Debemos medir los viajes en generaciones, que pueden ser decenas e incluso centenares de ellas.

Así que una de las preguntas que me hago con mucha frecuencia últimamente es la siguiente ¿y si para el ser humano, como especie, ya ha pasado el punto de inflexión para salvarse?

La tecnología que debemos desarrollar debe empezar a desarrollarse ya. No va a aparecer de la noche a la mañana por más que queramos. Necesitamos ingentes cantidades de ciencia base, ciencia aplicada, ingeniería y necesitamos superar retos ni siquiera esbozados todavía.

Poder llevar al espacio en distintas misiones cantidades de humanos suficientes para garantizar mínimamente la persistencia de colonias humanas en otros mundos puede llevarnos cientos e incluso miles de años. ¿Somos capaces de calcular en estas escalas de tiempo? ¿Podemos permitirnos retrasos que nos expongan en el tiempo a cataclismos devastadores? Un pequeño retraso ahora, sin saber cual o por qué motivo, puede ampliarse en el tiempo como las ondas en un estanque al que tiramos una piedra.

Tal vez ya sea tarde. Y eso debería preocuparnos sin duda.

Pero, y esto es lo más importante, tal vez no sea tarde. No lo sabemos, no podemos saberlo. Así que hoy es más importante que nunca el seguir defendiendo la exploración espacial.

No olvidemos lo que Cooper dice en la película “Interstellar“:

Mankind was born on Earth. It was never meant to die here.

Y estoy de acuerdo.

Y si es ya muy tarde

Lo que hace que hagamos

Normalmente, como seres humanos, tendemos a intentar simplificar las motivaciones de otros para sus acciones. Lo cierto es que raramente lo que uno hace obedece a un único factor. Casi todo es siempre mucho más complejo. Lo peor es que al albur de nuestros prejuicios con frecuencia tendemos a descartar algunos importantes factores aunque sólo sea porque muchas de nuestras acciones, incluso las positivas, están igualmente guiadas por éstos.

Esto es relevante en el contexto de acciones que consideramos negativas o malvadas. Con demasiada frecuencia aquello que no podemos, o queremos, explicarnos lo simplificamos erradicando, si no toda, parte de la humanidad de esas personas que realizan tales acciones.

Esto es especialmente relevante en actos con base religiosa, donde la política, control social, irracionalidad, manipulación, costumbres e incluso perturbaciones mentales se entremezclan.

Si no tenemos en cuenta la mayor cantidad posible de factores que llevan a alguien comportarse de una manera determinada es difícil, cuando no imposible, combatir ese comportamiento que nos escandaliza y trastorna.

Es tentador achacar a la maldad inherente del ser humano esos actos, como si eliminando a la persona se eliminara la idea que lo llevó a cometer atrocidades. Sólo analizando esta pluralidad de factores, aceptando la corresponsabilidad de ideas vertidas por otros seres humanos en forma de creencias ciegas religiosas, ideas políticas envenenadas y otros sistemas de control resistentes al escrutinio crítico, podemos llegar a comprender qué caminos, con frecuencia dramáticos, tendremos que emprender.

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Lo que hace que hagamos

Cuando decimos que algo no existe

Muchas veces, en ciencia, cuando decimos que algo no existe no estamos realmente diciendo que algo no exista; sino que no creemos que eso concreto exista. Demostrar la no existencia de algo es posiblemente una solicitud perversa. No podemos demostrar lo que no existe porque no podemos abarcar todo el universo y el tiempo, ni todas las posibilidades, presentes o pasadas.

En realidad no podemos decir que las hadas, Thor o Alá no existen. Podemos estar bastante seguros de que no lo hacen, pero no podemos, categóricamente, decir que no. No está en nuestra mano tener que demostrar la no existencia, pero sí de lo que lo afirman hacerlo.

Nadie tendría que vivir su vida basándose en afirmaciones de personas que en realidad no saben más que cualquier otro de esas cuestiones y en todo caso es lícito exigir pruebas y evidencias tan extraordinarias e incontrovertibles como extraordinarias las afirmaciones.

Cuando decimos que algo no existe

Creencia, religión y ciencia

Cuando alguien dice que algo aparentemente sobrenatural existe, yo le suelo preguntar que cómo lo sabe, cómo ha adquirido ese conocimiento y con qué pruebas cuenta para tan extraordinaria afirmación. Y eso sin entrar en tipos de seres sobrenaturales benignos, malignos, influyentes o agnósticos.

Cuando yo digo que no crea que existan esos seres sobrenaturales, me suelen decir que los estoy negando. Existe una importante diferencia entre no creerse algo, o no aceptar algo concreto en ausencia de evidencias, con negar la existencia de algo.

Si alguien, por casualidad, intuición, infiere que algo existe, no cambia en absoluto la realidad. Puede que exista, puede que no, pero científicamente hablando no existe ningún motivo real por el cual tenga que creerme y aceptar como verdad lo que dice. Igualmente tampoco estoy obligado a tener en consideración cualquier idea que pretenda rellenar los huecos de nuestras lagunas y desconocimientos; que son muchos.

Es más; quien afirma la existencia de algo, si ese algo realmente existe, tiene todas las ventajas posibles para demostrar que tiene razón y yo estoy equivocado pues puede o podrá llegar a demostrarlo. Que yo descarte sus conclusiones, que no acepte sus premisas no tiene otro objeto que servir de acicate a demostrar con unas mínimas garantías lo que afirma.

Lo correcto es que yo no acepte sin evidencias por mucho que me pueda gustar o no una idea. No me equivoco al pedir evidencias incluso aunque luego se demuestre que eso concreto es real. E incluso en ese momento debemos admitir que esa realidad puede ser aparente.

No tiene razón quien acierta, sino quien demuestra con evidencias que lo que dice es cierto. Exigir reconocimiento por haber intuído algo que luego otros han demostrado tiene el valor de haber inspirado a quienes mediante la experimentación, en análisis, la comprobación de hipótesis y la elaboración de teorías, siempre mejorables, demuestran la afirmación en un grado razonablemente aceptable; pero no va más allá a no ser que se participe de esa investigación científica.

Y en ninguno de los casos el conocimiento adquirido o por adquirir será posiblemente definitivo, sino que tiene que suscitar más preguntas; única forma de avanzar que tiene nuestra especie.

Creencia, religión y ciencia

Que no crea que existan dioses no significa que

Que no crea que existen dioses no significa que crea al ser humano como la criatura defintiva con potencial ilimitado y capaz por si mismo de absolutamente todo. En todo caso soy capaz de reconocer, con humildad, el espacio que como ser vivo consciente ocupamos en el Universo. No tengo garantías suficientes para suponer que no vamos a ser finalmente víctimas de nuestra propia inteligencia, o que nuestra inteligencia sea suficiente para afrontar los retos de supervivencia al que nos vamos a enfrentar como especie, ya sea por desastres naturales fuera de nuestro control, ya sea por nuestra propia tendencia a ponernos en riesgo letal con la proliferación de armamento de destrucción masiva como por ejemplo las armas nucleares, biológicas, o químicas. Sin embargo sé que por ahora con lo que contamos para sobrevivir somos nosotros mismos. Sin haber nada más que podamos afirmar con mínimas garantías debemos ceñirnos a este hecho e intentar comprender la necesidad de colaborar entre todos, centrándonos en nuestras similitudes y relativizando nuestras diferencias. Nadie va a venir a salvarnos de nosotros mismos. Si queremos sobrevivir como especie, no sólo como individuos, debemos trabajar juntos. Sólo mirandonos desde la perspectiva cósmica nos podemos dar cuenta de este hecho.

Tampoco considero que dejar de creer en dioses nos pueda hacer menos apasionados al descubrir las maravillas y complejidades del Universo que apenas estamos empezando a desentrañar. Comprender que la naturaleza carece de voluntad y sin embargo da como resultado un entorno en el que la consciencia puede darse es, de por si, una de esas maravillas y misterios que nos hacen avanzar en el intento de comprensión sobre cómo funciona todo. Y cada nuevo descubrimiento lejos de volver nuestra pasión en roca fría, nos llena de maravilla y ansias de nuevos descubrimientos que permiten que nos situemos en el contexto correcto para valorar lo que tenemos y lo que debemos tratar de cabalmente conservar. Somos parte del cosmos porque estamos hechos de la misma materia que lo compone, siguiendo las mismas reglas que lo gobierna en otros rincones. Aquí estamos y debemos mirar con serenidad al futuro dentro de los parámetros del pensamiento crítico para prolongar, en la medida de lo posible, esta capacidad de mirar más allá de nuestros propios prejuicios y percepciones animales.

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Que no crea que existan dioses no significa que