Pena de muerte a las páginas web, y por supuesto a la presunción de inocencia

¿Se imaginan que se asesinara al reo antes de ser declarado culpable?

Bueno, Protect IP, la enésima medida radical de una industria moribunda apunta a hacer desaparecer todo rastro de existencia de cualquier página web que presuntamente pueda estar vulnerando derechos de propiedad intelectual. Es decir, la medida se aplicaría por ahora en territorio de EE.UU. (y bien sabemos lo que eso significa en el resto de países que hacen el coro a los lobbys de la industria de intermediación analógica), secuestrando nombres de dominio, filtrando accesos desde el territorio de influencia de los Estados Unidos, y exigiendo a los buscadores que no muestren resultados de estas páginas en sus listados.

Pero no se queda en esas páginas que a todos nos viene a la mente, sino que también puede usarse contra páginas como Wikileaks, por la presunción de estar distribuyendo contenidos con algún tipo de protección de copyright, en la práctica, cualquier contenido.

Censura en toda la extensión de la palabra pues se silenciará lo que se desee silenciar sin tener una sentencia de un juez ¿Recuerdan la ley Sinde by Joe Biden y Barak Obama? Un nuevo intento, tal vez desesperado, tal vez realmente efectivo, de controlar la información y que la gente no cuestione que lo inmaterial en su fijación digital debe poder fluir y se deben plantear modelos competitivos basados en el valor añadido.

Todo eso no importa con tal de someter a la ciudadanía al conocimiento controlado, no sea que más y más gente se plantee pensar por su cuenta.

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Pena de muerte a las páginas web, y por supuesto a la presunción de inocencia

Si criticas el cambio de modelo de Spotify te conviertes en un pirata

Parece que el meme del “todo gratis” parte de la industria de intermediación del entretenimiento ha calado fuerte en el imaginario popular. Al parecer, si se critica el cambio de política de Spotify uno se acaba convirtiendo en un pirata que lo quiere todo gratis.

Parece como si no se pudiera criticar el modelo de negocio de Spotify. Bueno, creo que es importante decir que, en ejercicio de la libertad de expresión, no sólo es posible, sino necesario criticar el modelo de negocio de Spotify, al menos de forma constructiva.

Lo primero es que yo en su día lo recomendé mucho y a raíz de aquellas recomendaciones me consta que mucha gente lo ha usado, lo sigue usando y no pocos han pasado a las versiones de pago. También he explicado con frecuencia porqué no lo sigo usando. Actualmente uso una combinación de mi música adquirida a lo largo de años, Grooveshark y alternativas libres como Jamendo.com, Magnatune.com, etc. Dicho esto quiero dejar claro que me da igual lo que hagan con sus condiciones de uso. A mi la versión gratuita no me gustaba y por eso dejé de usarla, y por otro lado suelo evitar pagar, en la medida de lo posible, por “soluciones” que apuestan por el DRM.

Pero vayamos por partes:

Lo primero es señalar algo que la gente suele olvidar y es que los que financian Spotify son los mismos que financian las industrias de la RIAA. Eso debería ser como poco llamativo, pues Spotify está en las mismas manos de unos que no dudan en demandar cantidades millonarias a ciudadanos por el simple hecho de compartir 24 canciones.

Segundo. No entiendo porqué la gente piensa que la versión “gratis” es realmente gratis. No lo es. Existen unos ingresos por publicidad, pero claro, los arbitrarios royalties que exigen las industrias que financian el propio Spotify hacen que finalmente no pueda ser rentable. Pero más importante que eso es que la gente paga con la atención y la promoción. La gente al usar Spotify gratuitamente está nutriendo de información y posibilidades de todo tipo a la empresa. Si no saben sacar partido de ello, si no ven el valor inherente, me temo que es su problema y uno de los principales motivos por los que no me gusta esa startup en su ejecución, no en su concepto.

Netflix no es lo mismo que Spotify, ni su modelo de negocio se parece e incluso Netflix no puede estar libre de crítica: Netflix no ofrece sino un programa de prueba gratuito de un mes tras el cual si quieres seguir usando tienes que pagar 8 dólares (por ahora en USA y Canadá). Ofrece vídeo en “streaming on demand” en cualquier dispositivo que pueda mostrar vídeo por Internet y por lo tanto no es comparable a un sistema que ofrece música. El vídeo no se consume igual que el audio, y es posible que para muchos el valor del vídeo “on demand” sea mayor que lo que ofrece Spotify. Ahí está la libertad de cada uno. Pero es que además Netflix tiene sus propios problemas. Por un lado las elevadas licencias que tienen que pagar, y que ciertas industrias amenazan con elevar, al ver la revolución que está suponiendo este servicio. Otra crítica que recibe es que tiene un catálogo limitado y los estrenos tardan en aparecer.

Pero lo que debemos criticar, de forma constructiva, es el modelo de suscripción ¿es sostenible? ¿Es recomendable?

Aquí un comentario que he escrito en Meneame:

Veamos, caro o barato es un término muy relativo. La cuestión no es pagar por las canciones, sino por el servicio. Si lo que ofrecen es atractivo, adelante, pero tengamos en cuenta que el modelo “suscripción” no tiene porqué ser la panacea. Al fin y al cabo ¿cuántos modelos de suscripción tendremos que pagar?

– NY Times 15 dólares al mes
– Spotify 5 euros al mes
– Netflix 6 euros (si alguna vez llega)
Filmin 10 euros al mes

Pero, ninguno tiene todos los catálogos, con lo que al final estaríamos pagando 20 ó 30 euros por unos cuantos canales para acceder a contenidos de forma más o menos puntual. Unos desplazarán a otros, pero el uso casual, accidental, seguiremos sin encontrar oferta.

Pero lo que es más, nos basamos en “el cloud”, la nube, y al incierta esperanza de que todo lo que elegimos ver, escuchar y acceder siempre estará ahí, y no es cierto. Eso no ocurrirá.

Luego tendremos que sumar más y más servicios con catálogos dispares, de juegos, de libros, etc. Al final un caos por el cual para acceder a un número finito de contenidos acabaremos pagando al mes 50 ó 60 euros.

No digo que esté mal, pero hay que pensar que Spotify es perfectamente criticable y que no hablamos de todo gratis, sino de modelos que compiten por dar el mejor servicio al mejor precio, pero hay cuestiones que no se pueden soslayar.

Porque el problema es el acceso puntual, accidental a los contenidos y la persistencia de éstos contenidos en el tiempo. Puede que a mucha gente no le importe, adelante, son mis invitados a usar los servicios premium. Pero creo que el modelo de suscripción ha de evolucionar y explorar otras vías de inclusividad. Pagamos por el valor añadido del servicio. A estas alturas queda claro que no se paga por el contenido, pero debemos, una vez constatada esta realidad, explorar otras posibilidades, como es vincular el comportamiento analógico con el digital sin forzarlo artificalmente.

 

 

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Si criticas el cambio de modelo de Spotify te conviertes en un pirata

Recordando porqué no uso Spotify

A raíz de un comentario que he escrito en Meneame:

En su día Spotify me pareció un sistema muy interesante y lo recomendé. Pasado un tiempo y tras analizarlo con detenimiento dejé de usarlo y explico el motivo de ésto:

1.- El sistema, todo hay que conocerlo, está financiado en parte por los mismos inversores que invierten en las discográficas en un complejo entramado de royalties. En pocas palabras, los mismos que requieren pagos grandes por la música son los que tienen en su mano la financiación del portal que pagar paga (¿con el mismo dinero que ellos le dan?), pero perder, pierde (¿podría ser la escusa de la industria para decir que el sistema no funciona?). techcrunch.com/2009/08/07/this-is-quite-possibly-the-spotify-cap-table/ Ojo, no digo que esta situación tenga que ser mala necesariamente, pero es al menos interesante y reveladora. Habría mucho que interpretar de qué está pasando. ¿No es curioso que la misma industria que demanda a personas por cientos de miles de dólares esté detrás de Spotify mientras sigue demandando? ¿Sabéis que en el reciente juicio contra ThePirateBay uno de los fundadores de Spotify iba a testificar contra ThePirateBay?

2.- Apuesta por el DRM y la nube
. Dejemos las cosas claras, personalmente aborrezco el DRM e intento estar lo más lejos posible de contenidos con estos sistemas pues los considero perniciosos para los contenidos. Al mismo tiempo adoro el concepto de “cloud” no en vano la empresa en la que trabajo se basa en la nube, pero seamos francos, lo que está en la “nube” es frágil y puede desaparecer. Spotify no es un napster, no es un p2p, no tienes copias de los contenidos, no puedes acceder siempre. Podrás acceder mientras pagues y el catálogo disponible estará en tanto alguien decida que esté y ese que decide, no eres tú. Si aceptamos que es un servicio, perfecto, pero que nadie se lleve a sorpresas cuando pasen cosas estilo Amazon con Rebelión en la Granja y 1984. La nube está bien, pero estará mejor cuando podamos tener todos un poco de un backup general de lo que por ahí discurre. Por otro lado creo que el DRM es aborrecible y es la principal apuesta de Spotify.

3.- Publicidad y DRM, mala combinación. Algo que revela mucho de lo que hay detrás de Spotify se puede probar con un Mac, o al menos se podía probar antes, desconozco si habrá cambiado. En la cuenta gratuita, si bajabas el volumen para no escuchar por trigesimo tercera vez el anuncio de cambiarte a la compañía telefónica que hubiera pagado (sin segmentar ni nada parecido la publicidad que te imponen escuchar), el sistema detenía la reproducción de la publicidad, para ponerla desde donde la hubieras atenuado para que escuches el anuncio sí o sí. A muchos puede que esto no le moleste, pero a mi mucho. No sólo porque hasta ahora se suponía que podíamos evitar la publicidad, por ejemplo de la TV aprovechando para ir al baño (¿os imagináis que el anuncio os espere a vuestra vuelta del baño o de sacar la basura?), sino porque dijo mucho de la nula capacidad de análisis y el efecto negativo que la publicidad no deseada, spam, tiene en la gente que se ve forzada a escucharla. Muchos dirán que bueno, es una empresa y nadie te obliga a usar sus servicios. Bien, por eso no los uso, pero creo que se valora muy poco el tiempo valioso que dedicamos a darles información de uso, preferencias y recomendación. Eso ya es otra batalla, supongo.

En fin, en realidad ocurre que casi toda la música que me gusta la compré hace años. La tengo y para descubrimientos casuales existen muchas otras herramientas en mi opinión mejores que prefiero usar.

Recordando porqué no uso Spotify

No me gusta cómo se usa la palabra “piratería”

El siguiente texto ha sido adaptado de un correo enviado a una lista de discusión sobre libros electrónicos y nuevas maneras de leer:
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No me gusta la palabra “piratería” porque prefiero reservarla para los auténticos actos de piratería, como los que ocurren en el mar cuando los piratas abordan barcos, o en los aviones que son secuestrados. Comprendo que la palabra piratería sea un término muy interesante y abre una completa discusión sobre porqué debería usarse, pero en ocasiones aquello que calificamos como piratería en los EE.UU. no es tal en la vieja Europa, donde la gente tiene derecho a realizar copias para uso privado.

A menudo ocurre pues que lo que con frecuencia llamamos como evidente casos de piratería no son en absoluto tan claros. Prefiero considerar la palabra “piratería” como un simple reduccionismo para comunicar una opinión sobre un acto determinado, una supuesta infracción del copyright sobre la cual los jueces tendrán que decidir.

Si la “piratería” es, como sospecho, una opinión, alguien podría llegar a considerar la continua extensión de los periodos de protección del copyright como una forma de piratería, pues roba presuntamente del dominio público privando a los artistas de poder crear de aquello que pertenece a la humanidad.

Así que, yendo un paso más adelante, llamar a la gente que quiere leer algo criminales es, en mi honesta opinión, un mal movimiento por parte de la industria. En lugar de explicar porqué son tan necesarios, en lugar de intentar atraer a la gente para aprender qué quieren y de qué manera lo quieren, y explorar así nuevos modelos de negocio, prefieren calificarlos como criminales. En general no lo son. Simplemente quieren leer algo. De hecho esos son los fans, un público objetivo realmente interesante sea dicho de paso. Y esos clientes potenciales, cuando son considerados criminales, se acaban enfadando.

Y si alguien crea un negocio no autorizado vendiendo copias de trabajos de otro, vayan a por él sin duda. ¡Y vayan a por los plagiadores también!

Sin embargo lo que realmente me preocupa es que sigamos viendo el DRM como una solución. El DRM hace que los contenidos sean totalmente defectuosos y eventualmente los destruirá. La tecnología se vuelve obsoleta en el sacudir de dos dedos, y las copias DRMizadas tienen una fecha de caducidad que las hará desaparecer. Esta es una forma indirecta de matar a los autores pues creo que los libros forman parte de la propia existencia del autor, especialmente cuando ya no están vivos.

Nunca compraré un libro con DRM y la razón es que no quiero comprar un contenido “muerto al llegar” (D.O.A. Dead On Arrival N. del T.). Prefiero comprar y conservar copias impresas, pero no contribuiré al negocio del DRM. Por cierto, los DRM se rompen continuamente sin que las editoriales sepan qué ocurre con esos contenidos después. Tal vez crear modelos de negocio capaces de encontrar un beneficio del propio hecho de compartir y hacer seguimiento de obras, no sería tan malo después de todo, pero bueno, algunos ya estamos trabajando en ello.

Y sólo como un ejemplo, sólo uno, en China algunas compañías han hecho un movimiento inusual para luchar contra la las presunta infracción de copyright del software (sé que es un término más largo, pero más preciso); han bajado los precios ¿y sabéis qué?  Ha funcionado bastante bien. ¡Rayos! Me cuesta imaginar que alguien se sienta sorprendido por esto.

Bien, que empiecen pues a vender libros sin DRM como algunos ejemplos que todos conocemos, que bajen los precios y que se ciñan a la realidad. Siento profunda lástima por muchos modelos de negocio basados en premisas analógicas, pero mantengamos lo analógico en su ámbito, seamos digitales con el hecho de que las copias se pueden realizar y compartir por cualquiera con un ordenador y una conexión a Internet y los nuevos modelos de negocio eventualmente surgirán. Cuanto antes aceptemos esto, antes se encontrarán nuevas, originales y disruptivas formas de obtener beneficio directo o indirecto.

Algunos intermediarios tendrán que cambiar, otros desaparecerán, nuevos surgirán y tomarán su lugar y función, exactamente tal y como ocurrió en su día cuando la electricidad apareció, o las farolas de gas sustituyeron a las luces alimentadas con grasa de ballena. Hemos vivimos 300 años es una situación de escasez de contenidos, pero ahora lo que tenemos es una peligrosa escasez de atención de la que tenemos que ocuparnos.

Mario Pena

No me gusta cómo se usa la palabra “piratería”

Una industria que no aprende sigue con un DRM ahora llamado Ultraviolet

Y es que aunque le pongas un nombre molón no deja de ser un DRM que por pura concepción es una atrocidad para el contenido. El DRM, no nos cansaremos de decirlo, condena a grandes cantidad de contenido a su segura desaparición rompiendo de facto el enlace entre creador y audiencia; matando per se el objetivo fundamental de la creación de contenidos de todo tipo y cultura.

Lo llaman Ultraviolet y según sus creadores será definitivo. Como fueron definitivos todos los anteriores que finalmente no fueron tan definitivos después de todo. Pero es que aunque encontrasen un DRM definitivo el problema es que el propio DRM es en si un fracaso, representa el fracaso por contratar y pagar a malos asesores, por no ser capaces de crear nuevos modelos de negocio basados en la realidad digital y tratar de convertir a los contenidos digitales, en un ejercicio de incompetencia, en contenidos analógicos de forma engañosa, fraudulenta.

El DRM como Ultraviolet o el p1817 son muestras de desesperación de gente que cree que podrá controlar a los nuevos nativos digitales. Las consecuencias, por otro lado, son dramáticas. Miles de contenidos que se venderán con fecha de caducidad. Poner fecha de caducidad a un contenido que tarde o temprano debería devolverse a quien acabará perteneciendo, a la humanidad, es un acto de piratería.

Pero lo peor es que esas industrias no dejan de embarrar sus cimientos gastando dinero en tecnología que en si supone su propio tendón de Aquiles en lugar de explorar nuevos escenarios, que podrían potenciar gracias a los medios de los que disponen. El error lo pagarán caro porque además de la competencia entre ellas mismas, cada vez con más frecuencia tendrán que competir con contenidos que los propios usuarios a los que llaman directamente criminales en potencia acabarán creando con mayor calidad y frecuencia. La lucha promete. Veremos quien gana. Yo apuesto por el sentido común y la ciudadanía. ¿Vosotros por quién apostáis?

Una industria que no aprende sigue con un DRM ahora llamado Ultraviolet

Libranda o cómo no vender ebooks para mantener una industria caduca

La cultura y su difusión debería ser un objetivo primordial de los gobiernos. Que lo que hagan sea justo todo lo contrario debería ser sujeto de análisis profundo. De hecho se está analizando y es preocupante observar las conclusiones a las que estamos llegando.

Libranda es un ejemplo de lo que no hay que hacer si quieres adaptarte a los tiempos que corren, y lo que es más, si quieres estar en buena posición para lo que tenga que venir.

Libranda es un artefacto nefasto no sólo desde el punto de vista de la “usabilidad” sino del propio concepto en sí pues destruye sin remisión copias de libros al incluir DRM en el contenido. El empleo del DRM en contenidos que lógicamente algún día, dentro de un siglo aproximadamente, deberían llegar al dominio público, es la forma tecnológica de piratear a la sociedad aquello que si bien no le pertenece ahora, por derecho propio le tendrá que pertenecer tan pronto el monopolio estatal otorgado al autor y sus derechohabientes venza.

Como bien dicen un contenido con DRM es un contenido que no se posee ni se poseerá nunca. Se tiene, en todo caso, un permiso tácito bajo calificación de potencial criminal de quien lo adquiere, para acceder a un contenido de alguna determinada manera. El problema es que Libranda lo hace ofreciendo un servicio atroz y sin explicar nada.

Lo admito, no me he molestado en usar Libranda, tengo el privilegio de conocer a muchos de los que ya la ha probado y confío mucho en su palabra. No tengo mucho tiempo que perder en soluciones perdedoras. Soy de esas personas un poco chapadas a la antigua que prueba, lee y compra libros en papel, aunque ahora, lo admito, me da cada vez más rabia pagar a esos editores del siglo pasado (o el anterior). Tengo muchos libros, me encantan y me gusta pensar que los escritores pueden en ocasiones llegar vivir de escribir.

El libro es la forma que tienen los grandes creadores de vivir para siempre, de comunicarse con nosotros superando todas las barreras, incluso las de la muerte. Si el libro caduca por llevar DRM, también el autor caduca. El DRM asesinaría definitivamente al escritor si no fuera por todos aquellos que se proponen que no sea así y liberan los contenidos de esas restricciones artificiales arriesgándose a que los gobiernos los penalicen. Así pues me bajo de forma gratuita y sin DRM libros de Internet, pero libros que tengo en papel, por los que ya he pagado. Porque pago por poder leer el corpus misticum siempre que quiera, sin incompetentes que me llamen ladrón potencial a la cara. El corpus mecanicum no me importa, no es relevante. Es el poder acceder siempre, es el tener las copias y poder usarlas aunque la tecnología y los gustos cambien.

Así pues tenemos por un lado Libranda, una herramienta excepcionalmente negativa para la sociedad y los creadores que recibe las alabanzas de ciertos politicastros y por otro lado tenemos a gente que libera esos contenidos subiendo a Internet versiones sin limitaciones que ayudan a garantizar el futuro acceso a dichas obras. ¿Porqué los primeros son los “legales” y los otros son considerados los “ilegales”? Si vivimos en un mundo al revés es porque consentimos.

Hay mucho que podemos hacer, pero sobre todo hemos de recordar que lo que está en juego es mucho más que la supervivencia o no de unos cuantos editores apolillados. Está en juego el derecho de acceso a la cultura. El uso de DRM debería estar simplemente proscrito o penalizado de tal manera que con las multas o licencias para usar dicha tecnología se pudiera acercar el dominio público a la sociedad.

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Libranda o cómo no vender ebooks para mantener una industria caduca

Brasil legisla contra el DRM

Según leo en Meneame nos llegan buenas noticias desde el otro lado del Atlántico. Brasil empieza a limitar el impacto del nocivo DRM en los contenidos.

No obstante observo que hay gente que cree que el DRM es un derecho de los autores para “proteger” su obra. El DRM de hecho es justo lo opuesto a proteger el contenido, es una forma de destruir a medio y largo plazo el acceso al contenido, por lo tanto el acceso a lo que el autor vivo o muerto quisiera expresar, y una forma de mantener vigente un modelo de negocio analógico en plena era digital en lugar de aprovechar la realidad y potencia de lo digital. En pocas palabras, el DRM afecta directamente al derecho humando de acceso a la cultura en aras de proteger el negocio obsoleto de unos cuantos distribuidores, nada más.

El DRM es lo peor que le puede ocurrir al contenido y por extensión al autor original que se expresa a través de éste. El DRM debe ser proscrito porque significa la caducidad y obsolescencia del acceso al contenido, por lo tanto mata al contenido, simbólicamente al creador y viola el derecho humano de acceso a los contenidos que pertenecen, a la larga, a toda la humanidad.

Por otro lado el objeto del DRM es luchar contra la realidad imponiendo de manera ficticia la escasez en lo digital. Nos hace ver lo defectuoso como normal y subvierte lo digital para emular modelos de negocio analógicos. Apostar por el DRM equivale a apostar por la involución y la destrucción del conocimiento humano y de ahí que no sea sino un ataque al derecho fundamental de acceder al contenido.

Recordemos que cuando finaliza el término de monopolio del contenido por el autor concedido por los estados en forma de leyes de derecho de autor, el contenido tiene que volver al dominio público; es la función fundamental de éste. Con DRM jamás sería posible, sería como tener unos libros de un tal Shakespeare encerrados en una vitrina sin la llave que nos permita abrirla para ver qué es eso de Hamlet. Nadie podría leer los libros y en el futuro los contenidos con DRM serán inacesibles y no serán devueltos a la humanidad. El DRM es la segunda quema de la biblioteca de Alejandría por los nuevos fanáticos de una religión que sobrepasa el esperpento, la religión de “todos los derechos reservados” y que se permite reservarse, ya de paso, los derechos de los demás.

Luchar contra el DRM es un acto de responsabilidad social.

Safe Creative #1007116798042

Brasil legisla contra el DRM