Surf, uso y abuso en la Zurriola de Donostia

No ha sido hasta leer la normativa del propio Ayuntamiento de San Sebastián que me he decidido a escribir esto: Se está abusando de la paciencia de la mucha gente que vamos a la playa a bañarnos cuando la climatología nos da un respiro.

Y es que la cosa viene de hace ya varias semanas cuando un día sí y otro no nos encontramos con la zona de baño libre reducida al absurdo, en plena tarde, con criterios absolutamente arbitrarios por parte de miembros de La Cruz Roja de Salvamento Marítimo.

Pero resulta que muchas de esas tardes en la que hemos estado en la playa, parte de la zona reservada a las escuelas de surf iba directamente en contra de la normativa ¿no la sabe la Cruz Roja? ¿Y la policía municipal que está vigilando la playa… tampoco?

Pues se la paso aquí, y si obtengo pruebas gráficas de la infracción, lo añadiré:

Los espacios que, por regla general, las escuelas podrán usan dentro del horario de presencia de los Servicios de Salvamento y Socorrismo son:
– Un espacio de 300 metros en la parte derecha de la playa a compartir con practicantes de surf y demás deportes similares. Horario de 10:00 a 20:00.
– Un espacio de 100-150 metros al par del Kursaal, entre dos zonas de baño, a unos 75 metros de la escollera, que se destinará principalmente a principiantes y escuelas y donde sólo se podrán emplear tablas blandas. Horario de 10:00 a 15:00 de lunes a viernes y de 10:00 a 12:00 los sábados, domingos y festivos.

He de añadir que me parece estupendo que la gente haga surf y aprenda, pero no a costa de abusar de un bien público que hemos pagado y pagamos entre todos.

Si como bañista te has encontrado que a partir de las 15 horas había surfistas en la zona señalada, no dudes en comentar.

Seguiremos informando

Surf, uso y abuso en la Zurriola de Donostia

Lo del Convenio de Berna

Al final, con el Convenio de Berna para la Protección de Obras Creativas pasa como con casi todo lo que se relaciona con la propiedad intelectual en general; está tan roto nos lo tendríamos que hacer mirar muy seriamente.

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El Convenio y los acuerdo internacionales en general en esta materia reconocen que el autor es titular de todos los derechos por el hecho de crear la obra y que no es necesario formalismo alguno, haciendo así irrelevante el hecho de usar registros estatales de propiedad intelectual. O así al menos debería ser.

Porque luego viene EEUU, uno de los que más tardaron en firmar el convenio,  y decide que vale, que sí, que muy bien, pero que como “ellos lo valen” si no registras en su moderna oficina del siglo XIX con ideas y procedimientos incluso anteriores no puedes usar en toda su amplitud su eficiente y lucrativo sistema penal en caso de infracción. Eso sí, cobrando por delante la irrisoria cantidad de entre 35 a 55 dólares en los más básicos registros. Una minucia para las grandes corporaciones que han guiado la economía de la nación, locura irresponsable para el común de los mortales todavía más evidente en el comienzo de la era de Internet donde modelos de negocio y explotación, así como barreras nacionales son traspasadas continuamente.

Supongo que son cosas de estar por encima del bien y del mal.

Pero EEUU no es la única nación. Encontramos prácticas similares, con el mismo tipo de justificación propio de empresas cosméticas, en otras naciones como la Argentina, etc.

Todos somos iguales en materia  de copyright, pero algunos somos más iguales que otros. Esto se cumple en su más pura esencia en el anacrónico, absurdo, caro y discriminatorio sistema de registro de la Biblioteca del Congreso de los EEUU y otros países.

O tengo todos los derechos que el Estado brinda o no los tengo. O una cosa u otra, pero las dos al mismo tiempo no, por favor.

Lo del Convenio de Berna

Cómo les afectan nuestras desgracios a otros

En medio de una insurgencia yihadista que afecta al planeta, la proximidad geográfica y social afecta cómo vivimos los acontecimientos.

De hecho voy a a hacer una suposición loca: Imagino que en Pakistán estarán más volcados con esta horripilante desgracia que con lo que ha pasado en Bélgica o en París o lo que pueda a pasar en Roma, Barcelona u Oslo… y yo sería el último en reprocharles que no se sientan obligatoriamente igual que con los europeos masacrados. Creo que es momento de dejar de presuponer cómo se siente la gente sólo porque se sienta más afectada por lo que les toca más cerca tanto geográfica como socialmente.

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Por qué algunas noticias nos afectan más que otras

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Las consecuencas de echar a los refugiados

El mensaje que se envía cuando desde la Unión Europea se rechaza a los refugiados de la guerra de Siria es más poderoso de lo que pensamos, y sirve, lo queramos o no, a fines que empeorarán la ya de por si horrible situación de guerra y terrorismo que sufren millones de personas y que nosotros contemplamos desde nuestra ilusoria burbuja de protección.

Uno de los mensajes que más profundo calan del discurso fanático de ISIS es, precisamente, que occidente desprecia a casi todos los musulmanes por igual, independientemente de si son musulmanes en general, islamistas o yihadistas, por lo tanto es mejor unirse a ellos para acabar con occidente. Es este el mensaje, que rechazando a todos los refugiados sirios, estamos potenciando, independientemente de si es o no la auténtica intención real o declarada.

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por Moni, para Fotomovimento CC by-nc-nd

Como sociedad debemos comprender que no existe equivalencia necesaria entre los términos musulmán, islamista y yihadista

El rechazo en general a cualquiera que sea musulmán sólo alimenta la retórica por la cual, ante la ausencia de opción mejor, personas perfectamente normales y que se toman su religión con relativa menor importancia, acaben siendo vulnerables a la dialéctica radical de grupos como ISIS. Con el tiempo cualquier argumento de occidente acaba teniendo la consistencia moral de palabras que se lleva el viento.

¿Significa esto que debemos aceptar a cualquiera sin control alguno? No, esta opción es también indeseable y profundamente peligrosa. Dejar pasar a yihadistas es absolutamente peligroso, y tan peligroso como asumir que los yihadistas no son capaces de infiltrarse en peligrosas pateras en su obsesión por atacar occidente a costa de sus propias vidas. Es necesario crear herramientas y sistemas que permitan detectar a la mayor parte de éstos, asumiendo que un sistema tal es imperfecto y, en consecuencia, alguno podrá pasar los filtros. No implementar filtros y recursos es, en cualquier caso, un error que debemos evitar. Que esos filtros no sean perfectos es motivación suficiente para ponerlos a prueba y perfeccionarlos cuanto antes ante una insurgencia yihadista global y lo que ésta representará durante las próximas décadas en cuando a muerte, sufrimiento y destrucción por todo el planeta. Además estos filtros y experiencia real de “campo” ayudará a identificar aquellos yihadistas que no sólo no vienen de otros países, sino que son nativos de occidente e incluso son de ascendencia occidental desde hace ya generaciones.

Una clave, por lo tanto, puede ser aprender a tolerar a las personas y someter todas las ideas, incluso las nuestras, a un profundo y crítico escrutinio

Porque parte del problema es confundir yihadistas e islamistas, que tratan de imponer sus ideas los primeros por la fuerza y los segundos políticamente, con todos los musulmanes en general y en última instancia con el Islam que es, una religión, no un colectivo étnico concreto por más que esté más concentrado en unas regiones del globo. Tampoco debemos confundir la crítica a la religión del Islam, u otras religiones, con la crítica a las personas por profesarlas, o el rechazo a los islamistas y yihadistas. Comprender estos matices, darse cuenta de las implicaciones que tienen, es la única forma posible de tratar de iniciar unos protocolos que permitan, precisamente, ayudar a todos los que huyen de la violencia de los radicales del Islam, y de la violencia en general. Una clave, por lo tanto, puede ser aprender a tolerar a las personas y someter todas las ideas, incluso las nuestras, a un profundo y crítico escrutinio.

No podemos dejar de lado cómo los motivos religiosos se mezclan con objetivos políticos de tal compleja forma que no es posible hablar de unos sin tener en cuenta los otros. La cerrazón a cualquiera que profese una religión por el hecho de profesarla, no considerando la medida o intención, sólo alimenta al monstruo al que pretendemos derrotar y más cuando no sabemos cómo derrotarle, si acaso cómo combatirle en algunos aspectos; no en todos.

Una de las principales armas que tenemos es, precisamente, la tolerancia religiosa, y la otra la libertad de expresión para criticar cualquier religión como idea. Ambas nociones, aunque parezcan contradictorias de hecho no lo son. La una no sirve sin la otra. Y a la hora de criticar a las personas por sus ideas, actos e intenciones, no debemos olvidar el peligro de la generalización. No podemos poner en el mismo lado el islamista que condena y encarcela al, según su interpretación, hereje, con el yihadista que lo mata, con ciertos grupos de musulmanes que sufren esa opresión en un país teocrático; por no hablar de mujeres, homosexuales, etc. que a menudo son objeto de abusos y torturas por el hecho de haber nacido en un país teocrático y sin embargo, sí, muchos también son musulmanes. Dicho esto, capítulo a parte merecería considerar a personas que son ateas, agnósticas o profesan otras religiones, o piensan de cualquier otro modo, no beligerante, pero distinto de la interpretación concreta de turno.

Ninguna de estas cuestiones puede sernos completamente ajenas ni pueden ser ignoradas por occidente como si no fueran con nosotros, como si fueran cosas que no ocurren en nuestros territorios de influencia

Mirar el problema como una compleja maraña de creencias religiosas, políticas, nacionalistas, filosóficas, sociales y económicas debe ser suficiente para comprender que una pretendida solución simple no puede arreglar nada en el medio o largo plazo. Si acaso agravar la situación futura aún más. Ninguna de estas cuestiones puede sernos completamente ajenas ni pueden ser ignoradas por occidente como si no fueran con nosotros, como si fueran cosas que no ocurren en nuestros territorios de influencia. Si en algo debemos destacar es hacer valer los valores que desde la ilustración y la tradición humanista hemos ido fomentando para desarrollar herramientas que nos permiten reducir el sufrimiento de la mayor cantidad de gente por la mayor cantidad de tiempo posible al tiempo que se permite a cada individuo tratar de explotar su todo su potencial según su preferencia y como único límite el de las libertades de los demás. Estas herramientas son las que los fanáticos más aborrecen. No usarlas hace que las perdamos definitivamente para desgracia de la humanidad en su totalidad, pero usarlas nos dan, al menos, una oportunidad de luchar contra la barbarie y sí, la sinrazón.

Las consecuencas de echar a los refugiados

Crisis refugiados

Europa debería haber aprendido a que es necesario tener mecanismos eficientes para ayudar a los refugiados. Un grupo de naciones avanzadas deberían tener políticas claras de forma que

1) se pueda acoger a los refugiados,

2) se pueda detectar a aquellos que se quieren hacer pasar por refugiados sin serlo y son peligros potenciales, que los hay,

3) y que se vele por proteger y defender los derechos sociales y humanos de los que nos jactamos, aprendiendo que debemos defender esos valores ante otros que sin duda los cuestionarán y pondrán en riesgo.

No podemos seguir viviendo en una burbuja, la realidad es más compleja y nuestra ilusión es eso, ilusión. Dejar afuera la realidad sólo hará que estalle en nuestras caras sin mecanismos para defendernos. En esta crisis, como en otras situaciones parecidas, no todo es blanco o negro. Nos jugamos mucho y las cosas hay que hacerlas bien, sí, pero hacerlas.

El punto 3 me parece clave cuando hablamos de  una Europa en la que los derechos humanos han cobrado especial relevancia y promoción. El pensamiento crítico, la ilustración, la igualdad de oportunidades, la libertad de expresión son pilares clave que se enfrentarán a desafíos cuando diversas formas de pensamiento acabarán chocando nos guste o no.

Vivimos en una encrucijada en la que intereses estratégicos, políticos y religiosos se mezclan de forma que puede llegar a ser letales. En este proceso debemos afianzar nuestro discurso en una defensa sin precedentes de los valores humanistas que nos han hecho crear una de las sociedades con mayores y mejores garantías para la mayoría. Si bien nuestra sociedad es altamente imperfecta, no es menos cierto que sólo gracias al sistema que nos hemos otorgado podemos mejorarla. Centrarnos en los defectos para cualificar como fracaso la totalidad del sistema es, de hecho, un enorme error que de seguir cometiendo acabará comprometiendo toda nuestra cultura occidental. Sí debemos centrarnos en los errores para aprender y mejorar, pero no para castigarnos incluso por aquello que hemos hecho y hacemos correctamente.

 

Crisis refugiados

Debates de antaño

Con demasiada frecuencia últimamente estoy viendo como viejas posturas hace tiempo superadas y rebatidas vuelven a salir a la palestra, cual soporífera letanía que cansa en demasía siquiera para contestar.

Dice el principio de Heinlein (o de Hanlon) que «Has atribuido a la villanía condiciones que resultan simplemente de la estupidez» por lo que siempre me queda la duda cuando son personas aparentemente inteligentes las que hablan. O al menos personas que deberían saber mejor.

Así que estamos ante estúpidos o, con menor probabilidad, ante malvados. A demasiada gente con poder de decisión y de influencia le falta capacidad de autocrítica. Y es urgente que realicen esa dolorosa crítica a sus posturas, opiniones y, en cierto modo forma de vida, si no quieren arrastrar a demasiados en su segura caída.

Porque a pesar de su firme oposición a cualquier cambio el mundo avanza pasándoles por alto, haciendo que sus voces sean irrelevantes, ridículas, absurdas, … y objeto de mofa.

Y al final se quedarán en un punto estático en el espacio y el tiempo preguntándose perplejos ¿quién se ha llevado mi queso?

Debates de antaño

Despotricando en la nieve

Estoy convencido de que en caso de algún tipo de cataclismo mundial el 80% de la humanidad morirá en las siguientes 48 horas como consecuencia directa o indirecta de estupidez de muchos de sus congéneres; sí, esos que se ponen en medio, de la peor manera, y en el peor momento, en lugar de quedarse quietos en su casa a esperar una agónica y liberadora muerte.

Ayer viví, una vez  más, unos momentos surrealistas cuando decidí acercarme con mis hijos a ver un poco de nieve. Ya debería estar acostumbrado, pero si bien a la ida todo estaba bastante normal, una vez por la zona vimos que las condiciones eran peor de lo que cabía esperar y nos encontramos con una tempestad de nieve. Cómo iba con un Kuga con tracción a la cuatro ruedas decidí seguir adelante con la idea de dar la vuelta en algún lugar seguro.

Y entonces me encontré con lo de siempre: Gente con coches no adecuados para la nieve poniendo cadenas en mitad de la carretera; eso sí, al menos tenían cadenas, y detrás un todo terreno de los de verdad, un Montero, que ni se dignó a bajar para ver si podía ayudar a alguien, cosa que yo hice en varias ocasiones.

Luego descubrí que el del todo terreno o era imbécil profundo o se lo hacía, porque a la vuelta me martirizó, quiero pensar que por pura inutilidad, conduciendo como si fuera con un Ferrari sobre hielo, hasta el punto de estar a punto de colisionar al decidir, el muy escaso de luces impresentable, poner la reductora primera bajando una cuesta empinada.

Y eso por no hablar de las hordas de niñatos con Seat Ibiza (¿qué tiene ese modelo que atrae tanto a esos seres?) que sin cadenas se adentraban a hacer el idiota por todo el camino. Primero parados en el arcén estorbando a todo bicho viviente y tirando bolas de nieve a otros coches (hasta uno hizo amago de tirarme un gran bloque de nieve pero ante mi mirada y gesto, bastante expresivo, se lo pensó mejor y se salvó uno de los momentos más bochornos de su vida), rompiendo los palos de señalización de conducción en nieve y luego quedando totalmente atascados con uno de los coches en una pequeña pendiente. Ahí se quedaron unos diez tipos tratando de juntar varias de sus escasas neuronas funcionales para idear cómo sacar el coche, cuando ya oscurecía y el nivel de la nieve, y el frío, iba aumentando. Supongo que sus cuerpos ateridos seguirán ahí, porque de esa no salían sin llamar a un tractor,… o esperar a la primavera.

No podían faltar otros, supongo, cretinos, con sus BMWs viejunos ya (vehículos de tracción trasera) bad-ass design, haciendo trompos por la nieve, subiendo hacia la zona de peores condiciones en pleno apogeo de la tormenta ¿vivirán? ¿habrán muerto? A veces no sé qué es peor, la verdad.

Pero los dueños de todo terrenos puros se llevaron la palma ayer. Uno con un Grand Cherokee tirado en el arcén tras haberse dado una leve torta, sin poder o saber sacarlo, hablando con el del Montero delante mío supongo que pensando que el cretino tendría alguna eslinga o conocimiento para sacarle del aprieto. ¡Ah, qué bendita inocencia! Supongo que los balbuceos inconexos de excelso conductor que me precedía fueron lo que le hizo al otro desistir de insistir más. Ser dueño de un flamante todo terreno no sólo no garantiza saber llevarlo en nieve, o en cualquier otra condición complicada, sino que hace más patética y ridícula la situación de los que harían mejor en donar sus cerebros en vida a la ciencia (por comprar un cerebro normal con uno incapaz de coordinar un pensamiento lúcido y que aún y todo han logrado conseguir carné de conducir).

Yo he llevado muchos vehículos, he tenido varios todo terrenos puros (Land Cruiser, Discovery) y otros que no lo eran (Uno, CIVIC, 405, 307, 308) o mixtos (CR-V, Kuga). En todos los casos he sabido llevarlos en la nieve porque conocía sus límites, los míos, y hasta donde podía llegar y he descubierto que siempre, en la nieve, en momentos peligrosos, lo peor son los palurdos humanos que por tal vez maldad, aunque quiero pensar que por pura estupidez, se te pondrán en medio y acabarán haciendo que te estrelles.

Pero en todo momento malo hay que destacar también lo bueno y ahí un diez con matrícula al Ford Kuga AWD, que andaba por la nieve como si fuera por su propia casa. Impresionante, sin más. Nos salvó de todos los demás de una manera impecable. La tracción inteligente de este modelo a las cuatro ruedas vale la pena.

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Despotricando en la nieve