Porqué la gente quiere registrar sus contenidos parte 2

(ver parte 1ª)

Otra interesante cuestión va sobre el hecho de copiar contenidos, problema de la industria discográfica en relación a de qué estamos hablando que se protege con los registros, que es más la identidad de autor en relación al contenido, algo valioso para cualquier persona:

Porque debemos diferenciar entre “copiar” y “plagiar”. El copiar muchas veces es simple y llana legal copia privada. No tiene que ver con la autoría ni es ilegal. Que tú me pases una canción de Pink Floyd no implica que te otorgues la autoría de la canción. Es y será de Pink Floyd. Ahora bien, si una compañía discográfica toma una canción de un autor amater, la plagia sin permiso y las explota, estamos ante un caso de piratería evidente. Pero la copia seguirá siendo una copia que puede o no ser legal. Son cuestiones muy distintas en el fondo. Por eso la gente registra, para establecer la autoría (de la canción) en primer lugar. Sobre el control de copias habría mucho que hablar y en efecto es imposible de evitar en Internet.

Igualmente el problema de las discográficas merece análisis a parte.

Entonces ¿Hasta qué punto pues poner un sello o texto diciendo que copiar algo es ilegal es efectivo?

Como te decía, es que no hace falta ni poner tal sello o texto indicando la presunta ilicitud de las copias, cosa no obstante, que no impide la copia privada. En todo caso prohibe que la gente lo baje y lo venda y se lucre. Eso es otro tema y sí es probablemente ilícito (civil e incluso penal puede). Lo que es ilegal es que otra persona se haga pasar por el autor de esa obra concreta, pero lo es se ponga o no el texto o sello que comentas. Lo difícil será probar que se es el autor si no se cuentan con pruebas sólidas como la que creamos en Safe Creative. Ojo, no digo que no se pueda, sino que es más difícil, sin más.

Así pues que la utilidad del registro se basa en la facilidad que ofrece para mostrar la paternidad y derechos conectados de cada obra.

Seguimos dudando pues de la utilidad de usar un servicio de registro obra a obra que para muchos creadores puede ser bastante complejo y poco útil pues cualquiera se baja algo de Internet con la escusa de que ahí todo está gratis y para usar libremente:

Que alguien se apoye en que lo ha bajado de Internet y todo lo que está ahí es gratis, o directamente de una web que no decía que hubiera derechos asociados, no significa que no pueda estar incumpliendo la ley. Que alguien además de bajar algo se haga pasar por el legítimo autor sin serlo, pues tiene incluso peor defensa. He visto, leído y escuchado muchas veces el discurso de “estaba en Internet y por lo tanto se puede hacer lo que se quiera”. Lo cierto es que no y cada vez más autores se están dando cuenta. Existen unos derechos morales irrenunciables y otros patrimoniales más o menos cuestionables, pero el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento como dolorosamente se están dando cuenta muchos y sobre todo con el tema del plagio. Es cierto que es difícil saber qué se puede o no hacer, pero hacerse pasar por autor sin serlo es claramente algo que no está demasiado bien que digamos.

Por otro lado el registro obra a obra es bastante complejo y caro en los registros nacionales. Creo que en Safe Creative, que se prima la automatización en realidad no es tan complejo, o está dejando de serlo. Esto es un proceso e intentamos mejorar para facilitar cada vez más el registro pero seguro que podemos mejorar y estamos abiertos a sugerencias. A través del API abierto y gratuito de Safe Creative y en conexión con vuestra BB.DD. seguramente se podría hacer algo.

Es importante que cada obra quede registrada de forma independiente pues normalmente las obras, y más en Internet, tienen la tendencia de “vivir” de forma independiente del entorno original de publicación. Así, antologías poéticas, pueden encontrar reproducciones de poemas individuales en multitud de sitios y Safe Creative, con la tecnología de Attributor, puede detectar dichas copias y avisar al autor.

Para acabar se establece la comparación de que un contenido digital en Internet con una notificación de prohibido copiar es como poner un billete en la calle y poner que no se lo lleve nadie. Es la comparación analógico-digital:

No es  así exactamente, como he explicado. Además los contenidos inmateriales lo que tienen es eso, la infinitud de replicación y que es distinta la explotación y la autoría (paternidad ¿maternidad?) de la obra. Son factores a tener en cuenta. Imagina que hubiera en efecto un billete y al cogerlo apareciera automáticamente otro billete y así sucesivamente (sería un problema para la inflación, eso seguro ;P) Por otro lado la comparación más acorde con la misión del registro puro y duro sería que alguien copiara tu contenido, creado por ti y pusiera su firma como si lo hubiera hecho él. Eso, por lo general, molesta a cualquiera.

(ver parte 1ª)

Porqué la gente quiere registrar sus contenidos parte 2

Porqué la gente quiere registrar sus contenidos parte 1

A raíz de un correo que he recibido en Safe Creative planteando varias cuestiones sobre los motivos o la utilidad para registrar contenidos, apunto aquí algunos de los párrafos de mi respuesta por si son de utilidad para alguien:

La primera cuestión va sobre la utilidad de registrar si simplemente poniendo junto al contenido o en la web que algo tiene “todos los derechos reservados” es suficiente:

Mmmm, vamos por partes. De hecho el registro no es obligatorio. Es totalmente opcional. Desde hace muchos años ya no hace falta registrar. Una persona por el hecho de crear algo original ya tiene todos los derechos de monopolio que la ley otorga. Insisto, por el mero hecho de crear una obra. No hace falta ni poner en sitio sello o texto alguno con la mención del copyright. No al menos en las jurisdicciones que nos atañen. Así pues, aunque no pongas nada y publiques, tienes todos los derechos sobre esa obra y te asisten todas las leyes y tratados internacionales sobre el tema.

Entonces tu pregunta tiene más fuerza si cabe ¿para qué registrar? Bueno, que no sea obligatorio no hace que no sea en cierta medida necesario o cuando menos interesante y es debido, en gran parte, a precisamente la enorme proliferación de obras en Internet y los riesgos asociados que citas más abajo.

Porque si bien el registro no es obligatorio, sí que es conveniente por varios motivos:

Lo primero es que se crea una prueba de autoría y se sienta la presunción de autoría (que no autoría confirmada). Es decir, si el autor registra y alguien viene después diciendo que es el autor, se presupone que el primero está en lo cierto y es el segundo el que tiene que demostrar que no es así. Ahora imagina que estamos a la inversa. El plagiador registra y el autor real se da cuenta, pues es el autor quien tendrá que demostrar que él es el autor y el otro es un plagiador. La carga de la prueba la lleva quien no ha registrado.

Lo segundo es el efecto obra huérfana contra lo que luchamos activamente los defensores de la cultura y el conocimiento. El registro normalizado y estandarizado, hacia donde apuntamos, busca crear una enorme base de datos, cosa que recomienda la Comisión Europea, con los contenidos en relación a los autores. En este sentido un registro es un sitio al que acudir para verificar la conexión entre obra y creador. De no existir, este vínculo se debilita con el tiempo hasta ser imposible relacionar obra con autoría. Eso crea las obras huérfanas como los miles de millones que existen ya. Este problema con Internet se agrava a límites que si no se pone coto ahora, será difícil, por no decir imposible, de solucionar en el futuro. Así pues, informar de la autoría no es cuestión baladí o poco importante. Saber quién ha hecho qué es esencial, y no podemos esperar que sean los usuarios los que se esfuercen por establecer el vínculo, deben ser las instituciones, pero sobre todo los autores, quienes hagan el esfuerzo de registrar si quieren preservar su obra y existencia en Internet. La vinculación entre obra y autor es muy importante porque permite que el usuario de la obra pueda interactuar con el autor a través de la obra que admira y viceversa.

Lo tercero no tiene que ver con la limitación de copia, sino la preservación del derecho del dominio público a la copia. No todos los creadores optan por “todos los derechos reservados”, pues los hay que optan permitir por defecto algunos usos de sus obras en lo que comúnmente se llama “licencias libres” como Creative Commons por poner un ejemplo. Y lo comento porque de hecho es mi propia motivación principal para registrar y cómo me involucré en este proyecto. Tan malo es que una obra que tiene “todos los derechos reservados” aparezca incorrectamente catalogada como con “creative commons” como lo contrario. Cuando yo registro en Safe Creative mis obras con licencias Creative Commons (CC by-sa principalmente) es precisamente para que exista un sitio que certifique esas obras forman parte activa del “dominio público”, siempre hablando en la acepción más amplia del término. Es decir, lo que creo libre, quiero que siga siendo libre y que la gente lo pueda verificar y saber simplemente poniendo el enlace del registro, consultado la BB.DD., etc. El registro siempre permitirá verificar la licencia abierta ante una aparición de una obra mía derivada o literal con una licencia distinta incompatible. Por cierto que para lo opuesto también vale: si alguien crea obras y las publica con todos los derechos reservados y alguien la pone con CC, podrá igualmente combatirlo.

La segunda cuestión va sobre la constatación o percepción de que Internet es un lugar de ilegalidades y trapicheo de contenidos:

No creo que la definición correcta sea esa, ni el problema. De hecho gran parte de los problemas vienen precisamente por no existir sistemas transparentes y amigables que permitan a las personas conocer la autoría y los mecanismos para acreditar las obras e interactuar de forma sencilla. Como todo, y como parte de la realidad cotidiana, Internet sólo potencia digitalmente las virtudes y defectos del mundo analógico. Nada más. Más que “ilegalidades” muchas veces nos vemos ante equivocaciones, errores u omisiones conscientes e inconscientes.

(ver parte 2ª)

Porqué la gente quiere registrar sus contenidos parte 1

“Gente de la cultura versus gente de la tecnología” González-Sinde

La Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde escribe un artículo en el País para defender la Ley Biden-Sinde, la disposición final segunda de la Ley de Economía Sostenible, forzada por el gobierno de EEUU y el vicepresidente Biden, que busca cerrar administrativamente webs por la mera sospecha de infracción de derechos de propiedad intelectual sin resolución judicial alguna que lo sustente. Recordamos en este punto que el tipo de webs que se quieren cerrar por ahora han sido declaradas legales en los juicios que se han celebrado. Parece que molestan dichas resoluciones.

Llama la atención que comience el artículo con un texto, El Quijote, que está en el dominio público. Recordemos que de no ser así tendrían que pedir permiso expreso de los titulares de los derechos (no necesariamente el autor), para reproducir las líneas. El Quijote está en el dominio público, pero amplios sectores de la autodenominada “industria de la cultura” o mejor dicho, “intermediarios de la industria del entretenimiento”, piden que los términos de “protección” de los derechos de autor/intermediarios sobre las obras se amplíen más y más. Tal vez un día no podamos citar El Quijote por más tiempo sin pasar por caja.

Vamos a comentar algunos puntos que creo deben destacarse del artículo:

“El Quijote es Miguel de Cervantes, sino que la obra es fruto de su trabajo. También indica que solo el autor tiene capacidad para ceder esos derechos exclusivos de reproducción y comercialización de su obra a terceros y, lo que es más importante, expresamente advierte sobre una multa cuantiosa para quien imprima o copie la obra sin permiso.”

Sin embargo El Quijote es del dominio público. El Quijote fue escrito por Miguel de Cervantes, pero no es de él unicamente. Es su autor. Ahora es del conjunto de los ciudadanos, sin cuya existencia pasada el libro, lleno de citas de otros libros por cierto, jamás hubiera podido existir. Es más, es muy probable que con la actual reacción de las leyes de propiedad intelectual a nivel de derecho a cita, por ejemplo, jamás se hubiera podido escribir. En cualquier caso, al comienzo de las actuales leyes del copyright, de unos 300 años de antigúedad, era defender a los autores de los que tenían las imprentas y se lucraban con ellas sin pagar nada al autor, los editores y distribuidores. No es comparable a la copia privada, legal en nuestra legislación.

Hoy sin embargo la piratería, la realmente dañina, es la de las grandes corporaciones, no lo que pueda hacer el individuo, el ciudadano. La piratería es por ejemplo la del plagio, o la del aprovechamiento del trabajo del autor merced a contratos leoninos, o los siempre crecientes periodos de “protección” del “copyright”.

“También contra la piratería y a favor del respeto a los derechos de autor lucharon desde Beaumarchais a Immanuel Kant”

Creo que contra la piratería, como he comentado, estamos todos. Otra cosa es que la piratería sea en realidad una palabra comodín para expresar una opinión sin argumentar. Si definimos piratería en el contexto de los autores que se esgrimen ad-populum, seguramente igualmente estaremos de acuerdo. Sin embargo que unos pocos, o muchos, estén a favor del monopolio que representa la “propiedad” intelectual, no la valida como la única opción o postura posible. También existen ejemplos de personas que no están a favor de los derechos de autor o de la concepción o deriva actual del tema. La reputación no cuenta, lo que cuenta son los argumentos y los hay en ambos sentidos y hoy más que nunca para limitar lo que se ha convertido en abuso y chanza.

“Internet nos ofrece alternativas a la realidad que podemos construir con nuestras manos. Durante el rato que estamos conectados, dejamos de ser meros consumidores para volver a ser, como antaño, productores de algo con lo que identificarnos.”

Internet es una extensión de la realidad. No es virtual. Virtual es una partida de rol, que puede jugarse o no online, lo que los personajes hacen puede ser virtual, pero no el hecho de jugar. Internet es tan real como cruzar la calle, sólo que en lugar de cruzar una calle analógica, verificamos nuestra identidad en una red social o servicio de microbloggin. Hablamos, nos comunicamos, discutimos porque es parte de la naturaleza hacerlo. Decir que Internet es virtual equivale a decir que una conversación telefónica es virtual, como si en realidad no se hubiera hablado algo que tiene su impacto en lo físico. Y lo que hacemos también permanece y tiene su efecto cuando nos desconectamos, como este humilde artículo. Así que sí, somos productores, somos creadores, interactuamos y cambiamos la realidad a través de la extensión digital de los anhelos analógicos que es Internet.

Pero vamos a la frase que más duele al que la lea, sea creador, ciudadano, internauta o todo junto. Según González-Sinde, el debate se reduce a un:

“gente de la cultura versus gente de la tecnología”

Y voy a citar a Rosa María Artal sobre este tema en concreto:

“me gusta la gastronomía pero rechazo los utensilios de cocina”. Disociar la cultura y sus instrumentos es no tener ni repajolera idea de lo que se habla. Y es reponsable de su gestión, precisamente.

Lo que dice la Ministra de Cultura demuestra falta de ésta última, al menos cultura sobre la realidad social que vivimos y vemos cambiar. Es el peligro de intentar resumir capciosamente el desafío ante el que nos encontramos. En realidad, si hablamos de bandos encontrados más bien se trata de gente de un modelo de negocio analógico que controlaba todos los canales de producción y distribución en 1985 vs. gente que quiere que los jueces resuelvan sobre la legalidad o no de las webs que se quieren cerrar por la mera sospecha y desean al mismo tiempo ver aparecer nuevos modelos de negocio para los servicios relacionados con los contenidos digitales. Nunca dejes que una explicación más completa estropee una simplificación absurda.

“Los derechos de autor son vistos como palos en las ruedas que solo detienen el avance del progreso”

No, no los derechos de autor, sino algunos lobbys de intermediarios de ciertos modelos de negocio, que no es que sean vistos de esa manera, es que son precisamente eso. Décadas de complejos sistemas de licenciamiento e intermediación han creado un monstruo con pies de barro que se mueve torpemente amenazando caer y arrastrar todo lo que pueda a su paso. Los derechos, prebendas, de algunos modelos de negocio ofuscan posibles soluciones para esas mismas industrias y sus trabajadores. Los derechos de autor se deben mejorar para que sean más acorde a la realidad en todo caso. Pero no todo vale para mantener la antigua situación en pleno comienzo de la era digital.

“Mientras el héroe (los usuarios de la Red, el mítico internauta) pierde tiempo y energía con el que considera su enemigo (la gente de la cultura), el verdadero adversario está en otro lado haciéndose más y más fuerte.”

¿No pierde más el tiempo cierto sector de la industria del entretenimiento que es quien llama piratas (criminales) a los ciudadanos por copiar contenidos y enlazar? El internauta medio no sé, pero yo, como ciudadano y como yo imagino que muchos otros ciudadanos e internautas, no estamos contra “la gente de la cultura” porque nos incluiría a muchos de nosotros, amigos, conocidos o admirados. Contra los que estamos son contra algunos representantes, intermediarios que se niegan a cambiar, principalmente discográficas obsoletas y distribuidores innecesarios en volumen o naturaleza. No utilice la falacia del hombre de paja y nos ponga palabras que no hemos dicho.

“Vaticino que en ellos ese falso antagonista -los de la cultura- se revelará como el aliado natural y verdadero del héroe -el anónimo y desinteresado internauta-, “

Mira, en esto estoy de acuerdo, pero más bien creo que serán los creadores los que se darán cuenta, pues muchos se están dando cuenta ya, de que los internautas, ciudadanos que quieren sus contenidos, los copias y comparten son en verdad sus aliados y no como muchos otros alientan, el enemigo que quiere su aniquilación ¿la aniquilación de quién?

“Esa ley que popularmente se conoce con el apellido de mi abuela no tiene por objeto ni controlar ni detener el progreso en la Red. De la misma manera que el propósito de las leyes de propiedad intelectual no fue nunca enriquecer a los autores, sino velar por las necesidades e intereses de toda la sociedad: proteger las ideas para que crezcan las ideas. “

La ley está mejor llamada Biden-Sinde, sin duda. Pero digamos la verdad, es una ley por orden de USA, según revelan los cables de Wikileaks, para cerrar webs administrativamente, webs que si los jueces pudieran entrar en el asunto resultarían ser legales. Sólo que las cerramos primero y preguntamos después. Si algún webmaster va a juicio, para cuando le den la razón y la indemnización (de nuestros impuestos), la web ya no tendrá posibilidad de volver a existir en un entorno tan cambiante como es Internet. Esta ley forzada por EEUU, con legislación tan distinta en materia de “derechos de autor” que se le llama de “copyright”, sin derecho a copia privada, crea una herramienta tan poderosa y peligrosa que hace de quien enlaza sospechoso, juzgado y culpable por la misma Sección Segunda del Ministerio de Cultura, el Gobierno. Algo así es demasiado para una sociedad sana y democrática. El propio enlace, de los últimos recursos que los políticos han dejado a la sociedad para la libertad de expresión, está en evidente peligro.

“Lo lamentable sería que los Méliès de hoy fueran erradicados de la Tierra como lo fue el gran cineasta francés cuando gigantes como Edison lo llevaron a la ruina imponiendo un modelo de negocio que llevaba anejo un modelo narrativo, estético e ideológico único.”

Es exactamente lo que está ocurriendo. Los autores viven bajo la imposición de modelos de negocio añejos, analógicos y únicos forzados por los lobbys de las discográficas y los distribuidores. Ahí está el problema.

“Cada vez menos gente podrá dedicarse profesionalmente a ella y nos veremos abocados a un menú monofágico de apenas unos pocos platos que gusten a muchos y que decidan por nosotros grandes intereses económicos (los verdaderos dueños de la Red).”

Sin embargo la evidencia le contradice de forma tajante. Cada vez hay más variedad, más creadores no necesariamente profesionales, sino semi-profesionales, que sacan algo en detrimento de los que antes eran los únicos en sacar algo de dinero. Así que no hay riesgo, el menú se amplía gracias a los nuevos modelos de negocio, a las licencias libres, al hecho de compartir. Y si protegemos la neutralidad en la Red, los dueños de ésta serán ellos, los autores, nosotros y todos los ciudadanos. Nunca se ha generado y consumido más contenidos que en esta época, por lo que es poco probable que Gonzalez-Sinde pueda demostrar lo opuesto.

La piratería es la de los lobbys que quieren ampliar una y otra vez el secuestro de lo que debería estar en el dominio público, como por ahora está “El Quijote”.

Y no olvidemos que antes los creadores podían crear a partir de lo contemporáneo porque las obras se devolvían al dominio público a los pocos años de su publicación, no como ahora, que tienen que pasar 70+1 años de la muerte del autor (no de la publicación de la obra) para que puedan ser usadas. De eso también habría que hablar en términos de piratería pues afecta de forma grave a autores y ciudadanos en general.

Safe Creative #1101188281546

Update Miércoles 19 de Enero a las 8:44. Acabo de leer este artículo de Galli que confirma mis sospechas y pone en su sitio a la Ministra en cuanto a conocimiento de la historia del cine y el término de piratería se refiere.

Update Miércoles 19 de Enero a las 10:23. Otro interesante artículo sobre lo que pasó con El Quijote y la “piratería”.

“Gente de la cultura versus gente de la tecnología” González-Sinde

Lavado de cara de la SGAE

La SGAE (con “E” de Editores) es una de las entidades de gestión más odiadas por los ciudadanos. Su pésima gestión ante la realidad digital ha chocado de tal manera con la sociedad que es muy difícil que su reputación y funcionamiento mejore. Aquí comento algunos de los puntos más interesantes que sugiere Eduardo Bautista para su lavado de cara:

” … se comprometió a adecuar el sistema de remuneración compensatoria (el célebre canon digital) a “la nueva del Tribunal de Luxemburgo”, con el compromiso de que no se iniciarán actividades contra las “personas físicas, los individuos”. “Solo se perseguirán los fraudes masivos”, añadió Bautista.”

El Sr. Bautista mezcla dos conceptos. Si se ha cometido algún fraude relacionado con el canon digital, y tal y como demuestra el Tribunal de Luxemburgo, habrá sido por parte de las entidades de gestión y el gobierno al no respetar la norma y cobrar, a sabiendas, a quien no había que cobrar, a hospitales, universidades, juzgados, empresas, etc, que son entidades jurídicas que no tienen derecho a realizar copia privada por lo que debían estar exentas de pagar dicha remuneración. Además sabían perfectamente lo que estaban haciendo.

Recordemos en este punto que el “canon digital” no se cobra por actividades ilegales, sino por el derecho de los ciudadanos a hacer copias privadas.

Lo segundo que menciona de no ir a por personas físicas y que se perseguirán fraudes masivos nos gustaría saber a qué se refiere, pero voy a suponer a que está hablando de la llamada Ley Biden-Sinde. La cuestión es que la Coalición de Creadores, un lobby de parte de la industria de intermediarios del entretenimiento, ya declaró que la Ley Biden-Sinde es únicamente un paso previo a ir a por los usuarios finales y cortarles la conexión a Internet. En cualquier caso si hablamos de fraudes masivos ¿cómo es que las sentencias sobre las webs similares a las que ahora quieren cerrar administrativamente sin resolución judicial sobre su legalidad, han sido declaradas una y otra vez legales por los jueces que aplican la ley de propiedad intelectual? Esa es la cuestión. Quieren cerrar webs porque les molestan, no porque esté cometiendo fraude alguno. Si esas webs estuvieran incumpliendo la ley ya habrían sido cerradas y en ningún caso habrían ganado los juicios a los que la SGAE y otras entidades y empresas les ha llevado.

” Además, se reforzarán las “labores de educación del consumidor”, se ayudará a “los socios a que distribuyan las obras correctamente en Internet” …”

Cuando una entidad como la SGAE habla de educar, no dejo de mentalmente cambiar la palabra “educar” por “adoctrinar” porque es de eso de lo que estamos hablando. Las leyes de monopolio de derecho de autor se basan en una ideología, en una opinión y por lo tanto son muy discutibles. Además para poder educar no sólo hay que conocer, no sólo hay que hablar de un tema concreto, o incluso de Internet como parece que quieren hacer ahora. Hay que comprenderlo, interiorizarlo y razonarlo. Creo que los directivos de estas entidades de gestión y otras corporaciones de intermediarios harían bien dejándose educar por sus hijos e hijas, que sin duda les pueden dar auténticas lecciones de humildad sobre qué es y cómo funciona Internet y la era digital en la que los contenidos, guste o no, se copian y distribuyen a coste cercano a cero.

Sobre “educar” a los autores ¿se refieren a todos esos autores que por ejemplo quieren auto-publicar sus obras y no pueden sin permiso de la SGAE; esto es, previo pago a la SGAE? ¿O aquellos que optan por licencias Creative Commons que la SGAE no acepta por obligar a firmar a casi todos los socios acuerdos de exclusividad? Tal vez la SGAE deba ser educada para respetar la decisión de los autores y para gestionar, en todo caso, aquello que los autores quieran y como ellos quieran.

“Con este decálogo, ha afirmado Bautista, “la SGAE entra a sus 111 años de vida en una nueva fase decisiva para el futuro del ecosistema cultural en España”.”

¿Ecosistema cultural? No hablamos únicamente de cultura. Cuando algunos dicen cultura principalmente están pensando “entretenimiento” e “intermediarios”. La cultura, me temo, es una víctima colateral de una guerra en la que no se hacen prisioneros.

Esperemos que la SGAE realmente cambie, así que estaremos atentos. Mientras tanto creemos que un buen gesto sería retirar su apoyo a la ley Biden-Sinde y pedir perdón a los millones de ciudadanos a los que llaman criminales por el simple hecho de realizar copias privadas.

Safe Creative #1101178274619

Lavado de cara de la SGAE

Sony Music y Universal venderán los singles nada más salir

Una de los principales, pero desde luego no el único, problema de parte de la industria de los contenidos digitales de entretenimiento es el tratar de emular el comportamiento analógico en un entorno digital.

Como ya hemos propuesto en alguna ocasión, y desde hace años, el publicar algo y no ponerlo accesible a la venta de forma inmediata es un error logístico de dicha industria. En lo que los directivos de Sony Music y Universal se arogan como gran idea, abrazan ahora algo que muchos hemos defendido desde hace mucho, y no sólo para música, sino para cine, que es la industria que más debería aprender de los errores de los intermediarios de la música; pondrán la música que programan como éxitos al mismo tiempo que salen en las radios, para evitar que sean las copias creadas a partir de estas emisiones las que se distribuyan sin su autorización.

¿Qué vamos a decir? Es buena idea, pero ¿no es ya un poco tarde? Sólo es especular, el tiempo lo dirá, pero ¿no se ha acostumbrado ya la gente a enviarse copias mutuamente sin desembolsar dinero? Tal vez sí la gente vea más accesible esta posibilidad, siempre y cuando, claro está, las canciones no lleven un DRM asociado y el precio es razonable.

Veremos qué pasa.

Safe Creative #1101178274381

Sony Music y Universal venderán los singles nada más salir

Arcadi Espada entre el miedo y el desprecio

Hoy voy a hablar brevemente de la entrevista que en RNE1 hicieron a Arcadi Espada en un programa sobre cultura no sin antes comentar que sería deseable que entrevistaran también a personas críticas con la ley Biden-sinde.

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Hay cuatro puntos que quiero señalar sobre su intervención:

Ad-hominem: El populacho

Es rasgo común ya en el discurso de los defensores de parte de la industria de intermediarios del entretenimiento de usar la falacia ad-hominem para criticar las opiniones opuestas. En este caso el Sr. Arcadi Espada recurre con frecuencia al despectivo término “populacho” que parece englobar a todos los que rechazamos la ley Biden-sinde y abogamos por una reconversión de la industria del entretenimiento. El hecho de llamar populacho a los que esgrimen argumentos más o menos razonados contra unas leyes, es una falacia ad-hominem. De igual modo podría llamar populacho a aquellos que la apoyan cuando más bien lo que ocurre es que no comprenden lo que dichas leyes implican. El calificar a la persona de una u otra manera no invalida por si mismo el argumento de esa persona. En todo caso podemos estar ante hipocresías, incoherencias, etc, y lo que tendrán que hacer es rebatir los argumentos legales esgrimidos por muchos abogados detractores o no de las webs de enlaces, contra una ley que elimina a los jueces de entrar en el fondo del asunto de si una página de enlaces vulnera o no la ley de propiedad intelectual. Por ahora los jueces concluyen una y otra vez que ese tipo de páginas que ahora quieren cerrar administrativamente son legales. Creo que cualquiera que conozca los argumentos contra esta ley, le gusten o no este tipo de páginas, debe concluir que la ley Biden-sinde es perniciosa, inútil para la escusa oficialmente esgrimida y muy peligrosa para la cada vez más reducida libertad de expresión.

Robar:

Tal vez uno de las mentiras más ampliamente repetidas por los defensores de la visión más extremista del copyright es la de que realizar una copia de un contenido bajado por Internet equivale a robar. Al mismo tiempo es tal vez la más fácilmente rebatible y rebatida por activa y por pasiva. Lo que hacen es repetir el meme como un mantra hipnótico con la vana esperanza de convencer a alguien que no sean ellos mismos. Pero los académicos lo tienen muy claro, una copia descargada no tiene porqué equivaler a una copia menos vendida.

Es más, en muchos casos el efecto es mínimo, nulo e incluso positivo para las ventas. No en vano la industria del entretenimiento, en su conjunto, vende cada vez más. ¿Puede que en realidad muchos músicos estén ganando más pero algunos intermediarios menos? ¿Quién roba a quién entonces? Parece evidente que algo falla en el análisis de la situación que sus informes revelan.

Por cierto que copiar no es robar. Aquí un divertido vídeo que espero el Sr. Arcadi Espada comprenda:

Sancionar, miedo, terror:

Tengo la sensación de que la crítica que el Sr. Arcadi Espada hace a la ley Biden-sinde es por “suave” más que por ser una herramienta que ningunea al poder jurídico al apartar a los jueces de resolver sobre posibles infracciones. Al escucharle decir en la entrevista, que hay que “educar” a las personas y sancionarlas también, no pude dejar de sentir un escalofrío, acordarme del excelente artículo “La cena del miedo (mi reunión con la minisra González Sinde)” en la que la propuesta fundamental de parte de la industria es meter miedo y nada más que miedo a los ciudadanos. Ciudadanos, clientes y potenciales clientes, dicho sea de paso.

Recordemos que el objetivo declarado de la “Coalición de Creadores” (algunos creadores, y más bien coalición de algunos intermediarios), es cortar la conexión de los internautas (ciudadanos) a no ser que la Ley Biden-sinde reduzca la “piratería” en un 70%. En otras palabras, la ley Biden-sinde es un paso previo en su objetivo último que es sancionar, multar, eliminar de la sociedad digitalizada a familias enteras al estilo HADOPI en Francia. Saben que es difícil que pase, pero eso nunca les ha frenado porque hasta ahora todo lo que han pedido lo han conseguido. Creo que es evidente que eso de reducir su pretendido problema en un 70% no  ocurrirá jamás porque realmente es todo un espejismo. Su problema es la competencia que hay por ahí a la hora de ofrecer entretenimiento.

Pero más allá de eso ¿sancionar? ¿educar? ¿Estamos hablando tal vez de “adoctrinar”? ¿Que la gente no cuestione ley monopolio de explotación de contenidos conocida como de “propiedad” intelectual y los modelos de negocio analógicos en un entorno digital?

Cuando alguien aboga por causar miedo, por sancionar, por, en definitivamente, usar el terror para sus fines económicos, creo que revela el tipo de propuestas de negocio que son capaces de realizar.

De modelos de negocio nuevos ni hablar. Ni están, ni se les espera.

Intermediarios:

Se queja de los desalmados que abogan por eliminar a los intermediarios y pone ejemplos personales que a todos nos emocionan. La realidad es que muchos no decimos que todos los intermediarios tienen que desaparecer. Esas palabras las ponen ellos en nuestra boca, es su falacia de hombre de paja. Nosotros decimos que algunos tendrán que desparecer, otros reducirse y otros cambiar (y ajustar precios en consecuencia). Ocurrió con los vendedores de grasa de ballena para las lámparas que iluminaban las calles antes de la aparición del gas, los cocheros de Madrid que llevaban mensajes antes de la aparición del teléfono, los fabricantes de hielo antes del frigorífico y tantos otros más presentes y futuros. Otros muchos intermediarios permanecerán, otros serán incluso más importantes que antes.

Pero que alguien pierda el trabajo porque su fábrica, empresa o negocio, ya no sea necesario y ya no se demande, no convierte a quien defiende la desaparición o más bien reconversión en una mala persona. Esa misma persona puede sentir lástima, pena, tristeza, o compasión. Sin embargo aquí hablamos de otros intermediarios muy importantes en la era pre-digital pero que ya no se puede sostener de la misma manera. Existen precios que no se pueden justificar. Hablamos de complejas estructuras que ya no son sostenibles y que la industria y sólo la industria creó cuando los medios de producción y distribución estaban únicamente al alcance de su oligopolio. Cuando cada ciudadano puede copiar, distribuir y promocionar, los modelos de negocio tienen que cambiar, adaptarse y buscar beneficio en la realidad, no al revés.

La inmoralidad:

Hay algo que le tengo que conceder: me ha hecho reflexionar sobre la cuestión moral. Comenta que el hecho de que no tengan ya previsto y en marcha modelos de negocio alternativos que se adapten a lo digital no concede el derecho moral a la gente que se descarga las cosas sin pagar lo que los autores quieren.

Pero el precio no lo suelen poner los autores, claro está. Seguramente sí pagaríamos lo que los autores quieren…

Pero con cuestiones morales me gustaría puntualizar que: 1) Existen modelos de negocio, y estaban avisados hace años de lo necesario de cambiar. Pero no lo han hecho o lo han hecho mal. No sé a qué esperan para esforzarse un poco más. 2) En realidad se demuestra que las supuestas fatales descargas no lo son tanto, luego realmente no sólo no suele haber daño, sino que incluso los autores salen beneficiados al recibir más de ellos algo más de dinero, en detrimento de algunas super stars que ahora reciben menos, pero eso es cosa de la competencia. 3) A casi cualquier cuestión moral se le puede dar la vuelta ¿es moral saber que tienes que cambiar tu modelo de negocio rápidamente y no hacer nada poniendo en riesgo a muchos trabajadores de parte de la industria de intermediación?

No creo que nadie que descargue contenidos desee que el autor desaparezca. Y si algún autor desaparece por no existir un sustrato de modelo de negocio sobre el cual crecer, aparecerá otro que no ponga tantas trabas y con quien el ciudadano pueda interactuar mejor, pagando tal vez por un servicio personalizado y no por el contenido en si. El problema de la moralidad es que es subjetivo. Éticamente la copia privada es correcta y perfectamente legal. Que no les guste ya es otra cosa. Lo preoupante, e inmoral desde mi perspectiva, es que por inacción pongan ellos en riesgo sus propios empleados y echen la culpa a todos los ciudadanos pero no sean capaz de asumir su trascendental responsabilidad. Que echen balones fuera no cambia el hecho de que sea su problema y deban resolverlo.

Conclusión:

Miedo y desprecio. Eso se respira en sus declaraciones. Como única defensa principalmente falacias. Como datos los suyos sesgados y como moral la de una vieja religión del copyright cuyos ídolos han sido destruidos. Eso es todo lo que hay y no parece que se pueda sacar nada más. Pero sobre todo que no esperen que les recibamos con los brazos abiertos cuando den con alguna idea peregrina para vendernos algo.

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Arcadi Espada entre el miedo y el desprecio

Internautas y terrorismo

“Hay que luchar por la propiedad intelectual y no dar ninguna tregua a los internautas, porque es como pactar con los terroristas” Manuel Gutierrez Aragón

Primero quiero aclarar que nunca he copiado y/o compartido película alguna de este señor.

También quiero declarar que soy ciudadano internauta.

Honestamente, me cuesta creer que alguien diga algo así, pero si bien pongo en duda dichas declaraciones, me consta que hay quien lo piensa en una especie de delirio frenético consecuencia del miedo y el desprecio más absoluto hacia la ciudadanía.

Voy a comentar un par de cosas únicamente:

– Internautas en efecto hay muchos y creo que calificarnos a todos como terroristas es cuando menos desproporcionado. Pero estoy dispuesto a hablar con este señor, presentarme ante él con internauta y que me llame terrorista. Con sumo gusto le demandaré. Ocurre que con frecuencia es fácil acusar a la “generalidad” evitando personalizar y así esquivar una justa demanda, lo cual sitúa el honor del que lo comenta más o menos en el correcto plano que le corresponde. Por cierto que Alex de la Iglesia, Alejandro Sanz o Arcadi Espada se consideran a si mismos internautas ¿Son como terroristas por ello? ¿No querrá más bien considerar terroristas a los ciudadanos que simplemente se permite la osadía de discrepar de su, recordemos, mera opinión? Se deben rebatir las ideas, me parece bien y justo siempre que sea con argumentos, pero respetemos a las personas. Algunos tienen miedo atroz a la libertad de expresión, que por cierto, es la que está en riesgo con leyes como la Biden-Sinde.

– El terrorismo, lo sé de muy buena tinta, es un tema que tiene difícil trivialización. Personalmente que me llamen terrorista por apoyar a Wikileaks o a la Constitución Española por criticar la ley Biden-Sinde que quita a los jueces del fondo del asunto ante simples sospechas de presuntas infracciones de copyright, sólo merece mi más profunda repudia. Es una muestra de totalitarismo, de descalificación ad-honorem, de falacia ante la imposibilidad de rebatir nuestros, por otro lado sólidos, argumentos. Que me comparen con etarras, o talibanes me produce una inmensa repugnancia y sólo me habla de la catadura moral de quien lo hace. Ahora se ha puesto de moda ya que los EEUU han popularizado el concepto, que todo aquel que esté en mi contra, que ponga de relieve mis atrocidades, etc, ha de ser incluido en la lista de terroristas.

Pero a gentes como este Manuel les quiero decir una cosa simple: si tan seguros están, si tan convencidos están de lo que dicen, que me comparen con un terrorista, que secuestra y mata a industriales o mata niños, a la cara. Veremos de qué pasta están hechos en realidad.

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Internautas y terrorismo