Cuando decimos que algo no existe

Muchas veces, en ciencia, cuando decimos que algo no existe no estamos realmente diciendo que algo no exista; sino que no creemos que eso concreto exista. Demostrar la no existencia de algo es posiblemente una solicitud perversa. No podemos demostrar lo que no existe porque no podemos abarcar todo el universo y el tiempo, ni todas las posibilidades, presentes o pasadas.

En realidad no podemos decir que las hadas, Thor o Alá no existen. Podemos estar bastante seguros de que no lo hacen, pero no podemos, categóricamente, decir que no. No está en nuestra mano tener que demostrar la no existencia, pero sí de lo que lo afirman hacerlo.

Nadie tendría que vivir su vida basándose en afirmaciones de personas que en realidad no saben más que cualquier otro de esas cuestiones y en todo caso es lícito exigir pruebas y evidencias tan extraordinarias e incontrovertibles como extraordinarias las afirmaciones.

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Cuando decimos que algo no existe

Creencia, religión y ciencia

Cuando alguien dice que algo aparentemente sobrenatural existe, yo le suelo preguntar que cómo lo sabe, cómo ha adquirido ese conocimiento y con qué pruebas cuenta para tan extraordinaria afirmación. Y eso sin entrar en tipos de seres sobrenaturales benignos, malignos, influyentes o agnósticos.

Cuando yo digo que no crea que existan esos seres sobrenaturales, me suelen decir que los estoy negando. Existe una importante diferencia entre no creerse algo, o no aceptar algo concreto en ausencia de evidencias, con negar la existencia de algo.

Si alguien, por casualidad, intuición, infiere que algo existe, no cambia en absoluto la realidad. Puede que exista, puede que no, pero científicamente hablando no existe ningún motivo real por el cual tenga que creerme y aceptar como verdad lo que dice. Igualmente tampoco estoy obligado a tener en consideración cualquier idea que pretenda rellenar los huecos de nuestras lagunas y desconocimientos; que son muchos.

Es más; quien afirma la existencia de algo, si ese algo realmente existe, tiene todas las ventajas posibles para demostrar que tiene razón y yo estoy equivocado pues puede o podrá llegar a demostrarlo. Que yo descarte sus conclusiones, que no acepte sus premisas no tiene otro objeto que servir de acicate a demostrar con unas mínimas garantías lo que afirma.

Lo correcto es que yo no acepte sin evidencias por mucho que me pueda gustar o no una idea. No me equivoco al pedir evidencias incluso aunque luego se demuestre que eso concreto es real. E incluso en ese momento debemos admitir que esa realidad puede ser aparente.

No tiene razón quien acierta, sino quien demuestra con evidencias que lo que dice es cierto. Exigir reconocimiento por haber intuído algo que luego otros han demostrado tiene el valor de haber inspirado a quienes mediante la experimentación, en análisis, la comprobación de hipótesis y la elaboración de teorías, siempre mejorables, demuestran la afirmación en un grado razonablemente aceptable; pero no va más allá a no ser que se participe de esa investigación científica.

Y en ninguno de los casos el conocimiento adquirido o por adquirir será posiblemente definitivo, sino que tiene que suscitar más preguntas; única forma de avanzar que tiene nuestra especie.

Creencia, religión y ciencia

Carl Sagan sobre Dios

Texto de Carl Sagan encontrado en Historias de la ciencia. El texto es del libro “La Diversidad de la Ciencia” de Carl Sagan:

Si vamos a hablar de la idea de Dios y limitarnos a argumentos racionales, probablemente sea útil saber a qué nos referimos al decir “Dios”. No es tarea fácil. Los romanos llamaban ateos a los cristianos. ¿Por qué? Bien, los cristianos tenían una especie de dios, pero no era un dios real. No creían en la divinidad de los emperadores glorificados o de los dioses del Olimpo. Tenían una especie de dios peculiar, diferente. Por tanto, lo fácil era llamar ateo a los que creían en un dios diferente. Y esa tendencia general a considerar ateo al que no cree exactamente lo mismo que yo prevalece en nuestro tiempo. Hay toda una constelación de características en las que pensamos generalmente en occidente, o más bien en la tradición judeo-cristiano-islámica, cuando pensamos en Dios. Las diferencias fundamentales entre el judaísmo, el cristianismo y el islam son triviales comparadas con las similitudes. Pensamos en un ser omnipotente, omnisciente, compasivo, que creó el Universo, que responde a las plegarias, que interviene en asuntos humanos, etc.

Pero supongamos que hubiera pruebas concluyentes de la existencia de un ser que tuviera algunas pero no todas esas propiedades. Supongamos que, de algún modo, se demostrase que hubo un ser que creó el Universo pero que es indiferente a las plegarias. O, peor, un dios que se desentiende totalmente de la existencia humana. Es un dios muy parecido al de Aristóteles. ¿Sería Dios o no? Supongamos que fuera alguien omnipotente pero no omnisciente o viceversa. Supongamos que este dios entendiera las consecuencias de sus acciones pero que fuera incapaz de influir en toda una serie de cosas, por lo que estaría condenado a un universo en el que sus fines últimos no podrían cumplirse. Casi nunca se piensa o se habla de este tipo de dioses alternativos. A priori no hay razón alguna por la que no puedan ser tan probables como los dioses más convencionales.

Y el tema se vuelve más confuso todavía porque teólogos destacados como Paul Tillich, por ejemplo, negó explícitamente la existencia de Dios, al menos, como potencia sobrenatural. Bueno, si un teólogo valorado (y sin duda no es el único) niega que Dios sea un ser sobrenatural, a mí el asunto se me antoja más bien confuso.

La serie de hipótesis que subyace bajo la palabra “Dios” es inmensa. Una ingenua visión occidental de Dios es la de un hombre inmenso, de piel clara, con una larga barba blanca, que se sienta en un gran trono y lleva la cuenta hasta de cada gorrión muerto.

Comparemos esta visión con una bastante diferente de Dios, propuesta por Baruch Spinoza y Albert Einstein, en una segunda clase de dios al que ellos consideraban Dios. Einstein interpretaba constantemente el mundo en función de lo que Dios haría o dejaría de hacer, pero por Dios entendía algo no muy diferente a la suma total de las leyes físicas del Universo; es decir, la gravitación más la mecánica cuántica, más la teoría del campo unificado, mas unas cuantas cosas más, para él, equivalían a Dios. Y lo que querían decir con todo eso es que había una serie de principios físicos, extraordinariamente poderosos, que parecían explicar mucho sobre un Universo que de otro modo era inexplicable.

Sería insensato negar la existencia de leyes de la naturaleza y, si de esto es de lo que hablamos cuando decimos Dios, no hay posibilidad alguna de ser ateo, o al menos alguien que profesase el ateísmo tendría que dar un argumento consistente de por qué las leyes de la Naturaleza son inaplicables. Y creo que se vería en apuros para lograrlo.

Así pues, según esta segunda definición de Dios, todos creemos en Dios. La primera definición es mucho más dudosa y hay una amplia gama de otros tipos de dioses. Y, en todo caso, debemos preguntarnos: “¿De qué tipo de dios hablamos y qué prueba hay de que Dios existe?”

Pensemos en las posibilidades: mundos sin dioses, dioses sin mundos, dioses creados por dioses preexistentes, dioses que siempre han estado aquí, dioses que nunca mueren, dioses que mueren más de una vez, diferentes grados de intervención divina en los asuntos humanos; ningún profeta, uno o muchos; ningún salvador, uno o muchos; ninguna resurrección, una o muchas; ningún dios, uno o muchos. Y cuestiones relacionadas con los sacramentos, la mutilación religiosa y la escarificación, el bautismo, las órdenes monásticas, las expectativas ascéticas, la presencia o ausencia de vida después de la muerte, días para comer pescado, días para no comer en absoluto, justicia en este mundo, el próximo o en ninguno en absoluto, reencarnación, sacrificio humano, prostitución en el templo, yihads y así sucesivamente. Hay una inmensa variedad de cosas en que la gente cree. Las diferentes religiones creen diferentes cosas.

Considerando esta serie de alternativas, algo que se me ocurre y que me asombra es que, cuando alguien tiene una experiencia de conversión religiosa, casi siempre es a la religión o a una de las religiones en las que se cree principalmente en su comunidad. ¡Sin embargo, hay tantas posibilidades! Por ejemplo, es muy raro en Occidente que alguien tenga una experiencia de conversión a una religión en la que la deidad principal tenga cabeza de elefante de color azul. Es bastante raro. Pero en la India hay un dios azul con cabeza de elefante que tiene muchos devotos, y no es tan raro ver pinturas de este dios. ¿Cómo es que la aparición de dioses elefantes está limitada a la India o a sitios donde hay una fuerte tradición hindú? ¿Cómo es que las apariciones de la Virgen María son comunes en Occidente pero raramente se producen en lugares de Oriente en los que no hay una importante tradición cristiana? ¿Por qué los detalles de las creencias religiosas no cruzan barreras culturales? Es difícil de explicar a no ser que los detalles estén totalmente determinados por la cultura local y no tengan nada que ver con algo externamente válido.

Dicho de otro modo, cualquier predisposición a la creencia religiosa puede verse poderosamente influida por la cultura indígena, viva uno donde viva. Especialmente si los niños están expuestos desde muy pequeños a una serie de doctrinas, música, arte y ritual, es algo tan natural para ellos como respirar, motivo por el cual las religiones hacen tantos esfuerzos para atraer a los más jóvenes.

Creo que si alguna vez llegamos a creer que entendemos plenamente quiénes somos y de dónde venimos, habremos fracasado. Pienso que esta búsqueda no lleva a la satisfacción complaciente de saber la respuesta, no produce el arrogante sentimiento de que tenemos la respuesta delante de nosotros y sólo necesitamos un poco más de experimentación para descubrirla. Por el contrario se trata de llevar a cabo un decidido intento de saludar al Universo como es realmente, no para endosarle nuestras predisposiciones emocionales, sino para aceptar con valentía lo que nuestra exploración nos muestre.

Miremos abiertamente el Universo y veamos cómo es. ¿Y cómo es? Posee un orden. Hay una cantidad asombrosa de orden, no es que lo hayamos introducido nosotros, pero ahí está. Ahora bien, a partir de este hecho, podemos decidir llegar a la conclusión de que Dios existe, y entonces volvemos a todas las demás cuestiones: ¿de dónde viene el principio rector? ¿De dónde viene Dios? Si me dicen que no debo formular la pregunta de dónde viene Dios, entonces, ¿por qué tengo que preguntarme de dónde viene el Universo? Y así sucesivamente.

En Occidente tenemos Diez Mandamientos. ¿Por qué ninguno de ellos nos exhorta a aprender? “Entenderás el mundo. Comprenderás las cosas.” No hay ningún mandamiento así y muy pocas religiones nos empujan a potenciar nuestra comprensión del mundo. Me parece asombroso que las religiones, en general, se hayan acomodado tan mal a las sorprendentes verdades que se han descubierto en los últimos siglos.

Un creador inmortal es, por definición, un dios cruel, porque Él, que nunca tiene que enfrentarse al temor de la muerte, crea en cambio, innumerables criaturas que sí tienen que hacerlo. ¿Por qué hace algo así? Si Él es omnisciente, podría ser más amable y crear seres inmortales, protegidos del peligro de muerte. Sin embargo, crea un Universo en el que muchas partes, y quizá la totalidad del mismo, mueren. En muchos mitos, la posibilidad que más preocupa a los dioses es que los humanos descubran algún secreto de inmortalidad o incluso, como en el mito de la Torre de Babel, por ejemplo, intenten un asalto a los cielos. Hay un imperativo claro en la religión occidental, y es que los humanos deben seguir siendo criaturas pequeñas y mortales. ¿Por qué? Es un poco como si los ricos que imponen la pobreza a los pobres pretendieran ser amados por ello.

En “La edad de la razón”, Thomas Paine escribió:

¿De dónde pudo surgir la soberbia y extraña presunción que el Todopoderoso, que tenía millones de mundos dependientes por igual de su protección, pudiera desentenderse de todos los demás y venir a morir al nuestro porque, dicen, un hombre y una mujer comieron una manzana? Y, por otro lado, ¿debemos suponer que todos los mundos de la ilimitada creación tuvieron una Eva, una manzana, una serpiente y un redentor?

Lo que Paine está diciendo es que nuestra teología está centrada en la Tierra y atañe sólo a un pequeño trozo de espacio; y que, cuando damos un paso atrás y alcanzamos una perspectiva cósmica más amplia, nuestro mundo es, en realidad, insignificante. Y, desde mi punto de vista, hay además un problema general que afecta a gran parte de la teología occidental, y es que el Dios retratado es demasiado pequeño. Se trata del dios de un mundo diminuto y no del dios de una galaxia, menos aún de un universo.

Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de las competencias de la ciencia.

Hemos visto que eso ocurría una y otra vez. Y así, lo que ha sucedido es que Dios ha ido derivando -si es que hay un Dios real de tipo occidental; por supuesto, hablo metafóricamente-, ha evolucionado hacia lo que los franceses llaman un roi fainéant -un rey ocioso-, que puso en marcha el Universo, fijó las leyes de la Naturaleza y luego se retiró o se fue a otra parte. Esto no se aleja en absoluto de la opinión aristotélica del primer motor inmóvil, excepto que Aristóteles tenía varios primeros motores inmóviles, y le parecía que eso era un argumento para el politeísmo, algo que hoy a menudo se pasa por alto.

Como decía David Hume:

Los muchos ejemplos de milagros, profecías y acontecimientos sobrenaturales falsificados que se han detectado en todas las épocas por pruebas de lo contrario o porque ellos mismos han puesto en evidencia su absurdidad, demuestran suficientemente la fuerte propensión de la humanidad a lo extraordinario y maravilloso a pesar de que lo razonable sería sospechar de todos los relatos de este tipo. Es raro, podría decir un lector reflexivo, que estos acontecimientos prodigiosos no se produzcan en nuestros días, pero no es raro que los hombres mientan en todas las épocas.

Y añade:

En la infancia de las nuevas religiones, los sabios y los cultos suelen considerar que el asunto es demasiado nimio para merecer su atención o consideración. Y después, cuando quieren detectar el fraude  con el fin de sacar del error a las multitudes engañadas, el momento ha pasado, y los documentos y testigos que podrían aclarar el asunto han desaparecido sin posibilidad de recuperación.

Carl Sagan sobre Dios

Ignorancia vs ciencia

Sobre Sinde. A mi juicio no es más que un pelele. Una persona puesta para quemarse aceptando las críticas de una ley que ella no ha generado (han sido los lobbistas de Economía por orden de Rodriguez Zapatero por exigencia del Presidente Obama y su vicepresidente Biden), una ley que subvierte el estado democrático y desprecia los derechos fundamentales. Un discurso dogmático, por no decir fatalmente leído y expresado. Por cierto que si alguien desprecia a los creadores son precisamente muchos de los intermediarios de los lobbys de las  industrias del entretenimiento que presionan para mantener su caduco modelo de negocio que tantos millones que no reparten les reporta. Los ciudadanos, los que intercambian archivos son los que más respetan y admiran a los creadores. Basta ya señores de vivir en el espejismo de la escasez de copias y distribución de contenidos.

Sobre  Punset. Con pocas palabras y una argumentación científica pone en su sitio a toda la patética clase política vendida sin remisión a los intereses de algunas empresas con la esperanza de que nos podrán controlar y supervisar a través de las redes telemáticas.

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Ignorancia vs ciencia

Frases Interesantes sobre la credibilidad por Carl Sagan

“La credibilidad es una consecuencia del método”

Carl Sagan

Comentario: El método científico es esencial para el avance humano y para evitar caer en engaños. Los que nos exigen que no cuestionemos las cosas, que no seamos críticos, que algo es así porque lo dice un informe que no soporta escrutinio, carecen de credibilidad. La credibilidad es independiente de que alguien tenga razón. Uno puede acertar, pero no ser creíble. Lo importante es que si creemos sin más, estamos sometidos a un peligro incalculable. Las aseveraciones deben ir acompañadas de un método que permita su verificación por fuentes independientes. Si alguien dice que para algo no hacen falta pruebas, hemos de rechazar la conclusión a priori.

Frases Interesantes sobre la credibilidad por Carl Sagan