Copyright y la música clásica, justo lo opuesto a lo esperado

El método científico es el único que nos mantiene a salvo de cometer los errores a los que la emoción nos conduce.

En las cuestiones del copyright se ha discutido sobre la base de la pasión, las opiniones, los argumentos temperamentales y la pura retórica. Por fin vemos indicios de estudios científicos que muestran la realidad, que alejan las sombras. Lo triste es que estos estudios científicos, basados en evidencias, sean descartados, ignorados y enterrados por los legisladores que hemos elegido y seguimos eligiendo.

Además del caso de la extensión del copyright en grabaciones sonoras, que también afecta al tema que vamos a mencionar, nos encontramos con un artículo publicado en Techdirt que cita unos estudios que parecen sugerir que las leyes del copyright lejos de ayudar en su momento a la proliferación de gran música clásica, mermaron la producción y la calidad de ésta.

Se sugiere respaldados por evidencias y asumiendo que existen muchas más causas a tener en cuenta, que la producción de música clásica fue mayor en países con ninguna o poca protección de copyright, mientras que en los que existía dicha protección, tanto la producción como la calidad fue mucho  menor. Hubo músicos ricos que mermaron en un ambiente de recepción de royalties, pero sus obras, en términos generales no llegaron a la cualidad intemporal de sus obras hermanas y mayores de otros países.

Se habla de un ejemplo clásico, el de Verdi, que compuso tanto en una época sin protecciones de copyright como con ella. Cuando empezó a cobrar royalties, su producción se redujo, si bien no la calidad que fue más o menos homogenea a lo largo de su extensa carrera. Cuando empezó a depender menos de su trabajo y tuvo holgura económica, pudo reducir su producción. Bueno para él, pero ¿y para la humanidad de cuyo acervo cultural se nutre todo creador?

De alguna manera se sugiere que las leyes del copyright trajeron dinero a los creadores en el corto plazo. Pudieron crear obras efectistas, populares para la época, pero no sólidas en el tiempo. Al no tener necesidad de innovar y trabajar al poder vivir de rentas, los músicos de éxito no merecían nuevos méritos y se fueron anquilosando, acomodando. Se produjo una mayor producción por parte de esos que vieron una forma de ganar dinero fácil con el mínimo esfuerzo y ese mínimo esfuerzo acabó poco a poco y de forma definitiva con una de las mejores épocas para el arte y la cultura.

Las leyes del copyright, puedo intuir, no sólo no se adaptan a la realidad o necesidades humanas, sino que nunca lo han hecho. Más bien han empeorado y retrasado de tal manera el avance de la  humanidad, que seguir manteniendo los preceptos y los dogmas por más tiempo es un error propio de épocas medievales.

Volviedo a  los comienzos de la era digital que estamos viviendo, la intención de regular o castigar el uso libre de Internet por parte de ciertos políticos con el objetivo de adaptar la Red a su visión totalitarista, es la receta segura hacia la desaparición no sólo de la emergente cultura que se está creando, sino de nuestras propias libertades. La propia libertad de acceder y liberar la poca cultura que pueda sobrevivir tras tantas elecciones equivocadas durante los últimos doscientos años.


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Copyright y la música clásica, justo lo opuesto a lo esperado