La muerte a 111

Hace tiempo que supe que los políticos que nos gobiernan, y gran parte de la oposición, son incompetentes, o estúpidos, o ignorantes o idiotas o todo lo anterior y con alguna que otra excepción.

Pero poner una multa de 100 euros por ir a 111 kilómetros por hora para mi significa muerte.

Muerte por haber conductores pendientes de ese kilómetro de más y estar menos pendiente de lo que pasa en la carretera. Eso es lo que es.

Cansado de imbéciles que no saben qué hacer tras su desgraciada gestión. Cansado de mentirosos, de gentuza que se burla de los ciudadanos. Sólo me conforta saber que cada vez hay más gente que ya no os compra, y que a partir de ahora todo os va a ser más difícil y algo acabará ocurriendo que os pondrá en vuestro sitio de repugnantes seres irrelevantes.

La muerte a 111

Descanse En Paz… la superstición

Alejarse de la superstición es muy difícil, casi parece imposible. Con mucha frecuencia decimos “que tengas suerte” o “qué suerte que has tenido”… cuando en realidad la suerte, como tal, no existe. Tan sólo confluyen una serie de circunstancias, ya sean predeterminadas o aleatorias para que algo ocurra de una manera u otra. No quiero entrar en el debate del determinismo o la aletoriedad, no es el objeto de esta breve disquisición.

Sí es cierto, en cualquier caso, que el deseo de buena o mala suerte puede tener un efecto placebo y probablemente, por la propia auto sugestión con la que vivimos, de ahí surja toda la necesidad de creer en cosas que simplemente no se sostienen, cosas que no tienen base real. Tras un comentario aparentemente inocuo se pueden lograr cosas buenas, pero también malas. Llevado al extremo hace que el mal de ojo tenga efecto incluso sobre la salud de una persona. Descartando la influencia real del “mal de ojo” éste, lógicamente, no tiene efecto.

Pero es que tengo que decir que me encuentro con demasiada frecuencia con gente que se declara escéptica y que al mismo tiempo no duda en repetir la letanía de “descanse en paz” o D.E.P. cuando muere alguien.

Entiendo, entiendo perfectamente que es una forma de hablar, una forma de mostrar empatía ante la muerte de un ser querido, ya sea propio, de algún conocido, etc., pero no por ello deja de ser falso, un auto engaño.

Lo cierto es que el escéptico debe ser especialmente escéptico ante lo que ocurre tras la muerte. No existen pruebas, más bien al contrario, de que tras la muerte pueda haber algo más que no sea la descomposición y destrucción total de todas las células del cuerpo. Aunque el “D.E.P.” es una forma de tratar de ofrecer cierto confort al doliente, no deja de ser una mentira, que por mucho que repitamos no se convierte en verdad.

Es triste, cierto. En muchos casos es insoportablemente triste, pero es así. Y no me confundáis, no digo que a veces haya gente a la que haya que seguirle el juego porque simplemente no pueden soportar la realidad, como ante la muerte de un hijo o cuando familias enteras son borradas del mapa. Tampoco digo que a un niño le tengamos que decir la verdad sobre lo que ha pasado con sus padres; pero cuando alguien es maduro y crítico ha de ceder ante la evidencia y buscar otras fórmulas más razonables de mostrar esa empatía. Puede ser con un simple “lo siento mucho” a un más elaborado “de alguna manera siempre vivirá en nosotros por lo que ha influido en nuestra forma de ser y comportarnos, por cómo nos ha hecho sentir y nos ha cambiado. Mientras esté en nuestra memoria, de una manera u otra, vive.”. No en vano somos en gran parte resultado de las infinitas influencias de nuestro entorno, incluídas, claro está, las personas que nos rodean y sobre todo las que más queremos. Somos, además de individuos, un poco los demás.

En realidad la muerte puede ser un término absoluto o relativo. El espíritu humano es capaz de soportar el más grande de los dolores si capitaliza el dolor para mantener viva la esperanza de un mensaje, una simple sonrisa, o cualquier otro recuerdo.

Hoy en día Hitler, si bien muerto hace décadas, sigue influyendo en no pocos humanos. Hemos de agradecer, no obstante que Gandhi, Bertrand Russell o Tolstoi también lo hagan.

Pero también es esencial cuando hablamos de muertes provocadas en situaciones injustas y horripilantes, como asesinatos, terroristas de todo pelaje o el abominable hambre que sienten tantos millones de personas, que tengamos muy en cuenta la realidad de dicha situación. El muerto lo está para siempre. No hay vuelta atrás y a veces hay que rebelarse para que no vuelva a ocurrir; para que no tengamos que lamentar esas situaciones. Como decía Carl Sagan “Las sociedades que enseñan la satisfacción con nuestra situación actual en la vida en espera de la recompensa post-mortem tienden a vacunarse contra la revolución.”

Que descanse en paz y para siempre la superstición.

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Descanse En Paz… la superstición

El poder de la naturaleza y el dolor sin fin

Primer vídeo que se publica de la catástrofe que ha asolado Puerto Príncipe, capital de Haití. Sobran las palabras, pero nunca sobra la reflexión que todos debemos hacernos como

– ¿Qué somos nosotros pobres humanos ante el poder de la naturaleza?

– ¿Porqué malgastamos el tiempo en destruirnos unos a otros si en el dolor y la desesperanza somos todos iguales?

– ¿Porqué continuamos rescatando bancos en lugar de ayudar a los países más pobres, o mejor dicho, a las personas más pobres?

No hay palabras. Por ahora sólo podemos intentar ayudar un poco en la medida de nuestras posibilidades sin olvidar todos esos cientos, miles y millones de dramas personales que se podrían evitar, al contrario de lo que ocurre con los terremotos, como el del hambre, la tortura, la censura o las enfermedades curables.

Hemos de cambiar nosotros si queremos que el mundo lo haga también.

El poder de la naturaleza y el dolor sin fin

La absurda condición humana

El ser humano masacrándose y todos lo aceptamos. ¿Acaso hemos avanzado en algo desde los lejanos tiempos? Creo que no y viendo la progresión que muestra este interesante video, el futuro está claro. El ser humano no sobrevivirá otros 1.000 años.

Necesitamos una revisión urgente a nivel globa. Necesitamos un cambio completo interno y externo. No podemos seguir por esta vía porque como especie debemos intentar conservarnos. Nos estamos destruyendo y el dolor ya es infinito. No más violencia.

La absurda condición humana

Los dos bandos de cualquier guerra

No he podido ver las fotos de la masacre en Gaza. Me es totalmente imposible y ¿cómo podemos hacernos una idea de cómo se tiene que vivir eso en primera persona? ¿En Gaza mientras se escuchan las explosiones que despedazan a más y más seres humanos?
Es imposible. La mente se rompe.

El que piense que la gente puede ser razonable en ese contexto, se equivoca. La mente se rompe para siempre. Es lo que trae ese crimen contra la humanidad que se llama guerra. Pocos quieren ir y sin embargo muchos van a la guerra… a realizar dos acciones terribles y tremendas, matar los seres queridos de otras personas o morir por los que los han manipulado.

En realidad hay dos bandos, sí, pero nos equivocamos con la naturaleza de éstos. Esto no es Israel contra Gaza, o Palestina, eso es puramente incidental, condicionado por los auténticos bandos: Por un lado está el bando de la gente que tiene intereses económicos, los que quieren “probar” sus últimos juguetes de guerra para luego venderlos con un currículum bien documentado, los violentos, los fanáticos, los que no tocan siquiera los gatillos y están en bonitos despachos en tranquilas ciudadas, los religiosos fundamentalistas, los que ven daños colaterales, los que manejas cifras y frías estadísticas de efectividad, de daños. Por otro lado están las personas que quieren simplemente vivir en paz, ir a trabajar, sacar adelante a su familia, gente de bien, gente honrada y trabajadora, y sí, muchas veces gente manipulada a su antojo por el grupo anterior. Esta es la guerra eterna de los poderosos que han desligado toda ética de su ansia de poder y los que sufren la muerte de sus seres querido, su propia mutilación, la rotura de su cordura.

Es la lucha de los que queremos la paz y los que prefieren demostrar que el ser humano es la criatura más abyecta que ha hoyado la Tierra.

El bando de la destrucción contra el bando de los que construyen.

Y cada vez siento más desafección hacia el bando de la muerte, porque mata lo que más queremos todos, a los niños.

Malditos seamos todos si no somos capaces de ver esto.

Los dos bandos de cualquier guerra