Si criticas el cambio de modelo de Spotify te conviertes en un pirata

Parece que el meme del “todo gratis” parte de la industria de intermediación del entretenimiento ha calado fuerte en el imaginario popular. Al parecer, si se critica el cambio de política de Spotify uno se acaba convirtiendo en un pirata que lo quiere todo gratis.

Parece como si no se pudiera criticar el modelo de negocio de Spotify. Bueno, creo que es importante decir que, en ejercicio de la libertad de expresión, no sólo es posible, sino necesario criticar el modelo de negocio de Spotify, al menos de forma constructiva.

Lo primero es que yo en su día lo recomendé mucho y a raíz de aquellas recomendaciones me consta que mucha gente lo ha usado, lo sigue usando y no pocos han pasado a las versiones de pago. También he explicado con frecuencia porqué no lo sigo usando. Actualmente uso una combinación de mi música adquirida a lo largo de años, Grooveshark y alternativas libres como Jamendo.com, Magnatune.com, etc. Dicho esto quiero dejar claro que me da igual lo que hagan con sus condiciones de uso. A mi la versión gratuita no me gustaba y por eso dejé de usarla, y por otro lado suelo evitar pagar, en la medida de lo posible, por “soluciones” que apuestan por el DRM.

Pero vayamos por partes:

Lo primero es señalar algo que la gente suele olvidar y es que los que financian Spotify son los mismos que financian las industrias de la RIAA. Eso debería ser como poco llamativo, pues Spotify está en las mismas manos de unos que no dudan en demandar cantidades millonarias a ciudadanos por el simple hecho de compartir 24 canciones.

Segundo. No entiendo porqué la gente piensa que la versión “gratis” es realmente gratis. No lo es. Existen unos ingresos por publicidad, pero claro, los arbitrarios royalties que exigen las industrias que financian el propio Spotify hacen que finalmente no pueda ser rentable. Pero más importante que eso es que la gente paga con la atención y la promoción. La gente al usar Spotify gratuitamente está nutriendo de información y posibilidades de todo tipo a la empresa. Si no saben sacar partido de ello, si no ven el valor inherente, me temo que es su problema y uno de los principales motivos por los que no me gusta esa startup en su ejecución, no en su concepto.

Netflix no es lo mismo que Spotify, ni su modelo de negocio se parece e incluso Netflix no puede estar libre de crítica: Netflix no ofrece sino un programa de prueba gratuito de un mes tras el cual si quieres seguir usando tienes que pagar 8 dólares (por ahora en USA y Canadá). Ofrece vídeo en “streaming on demand” en cualquier dispositivo que pueda mostrar vídeo por Internet y por lo tanto no es comparable a un sistema que ofrece música. El vídeo no se consume igual que el audio, y es posible que para muchos el valor del vídeo “on demand” sea mayor que lo que ofrece Spotify. Ahí está la libertad de cada uno. Pero es que además Netflix tiene sus propios problemas. Por un lado las elevadas licencias que tienen que pagar, y que ciertas industrias amenazan con elevar, al ver la revolución que está suponiendo este servicio. Otra crítica que recibe es que tiene un catálogo limitado y los estrenos tardan en aparecer.

Pero lo que debemos criticar, de forma constructiva, es el modelo de suscripción ¿es sostenible? ¿Es recomendable?

Aquí un comentario que he escrito en Meneame:

Veamos, caro o barato es un término muy relativo. La cuestión no es pagar por las canciones, sino por el servicio. Si lo que ofrecen es atractivo, adelante, pero tengamos en cuenta que el modelo “suscripción” no tiene porqué ser la panacea. Al fin y al cabo ¿cuántos modelos de suscripción tendremos que pagar?

– NY Times 15 dólares al mes
– Spotify 5 euros al mes
– Netflix 6 euros (si alguna vez llega)
Filmin 10 euros al mes

Pero, ninguno tiene todos los catálogos, con lo que al final estaríamos pagando 20 ó 30 euros por unos cuantos canales para acceder a contenidos de forma más o menos puntual. Unos desplazarán a otros, pero el uso casual, accidental, seguiremos sin encontrar oferta.

Pero lo que es más, nos basamos en “el cloud”, la nube, y al incierta esperanza de que todo lo que elegimos ver, escuchar y acceder siempre estará ahí, y no es cierto. Eso no ocurrirá.

Luego tendremos que sumar más y más servicios con catálogos dispares, de juegos, de libros, etc. Al final un caos por el cual para acceder a un número finito de contenidos acabaremos pagando al mes 50 ó 60 euros.

No digo que esté mal, pero hay que pensar que Spotify es perfectamente criticable y que no hablamos de todo gratis, sino de modelos que compiten por dar el mejor servicio al mejor precio, pero hay cuestiones que no se pueden soslayar.

Porque el problema es el acceso puntual, accidental a los contenidos y la persistencia de éstos contenidos en el tiempo. Puede que a mucha gente no le importe, adelante, son mis invitados a usar los servicios premium. Pero creo que el modelo de suscripción ha de evolucionar y explorar otras vías de inclusividad. Pagamos por el valor añadido del servicio. A estas alturas queda claro que no se paga por el contenido, pero debemos, una vez constatada esta realidad, explorar otras posibilidades, como es vincular el comportamiento analógico con el digital sin forzarlo artificalmente.

 

 

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Si criticas el cambio de modelo de Spotify te conviertes en un pirata

Competencia en la era digital

Cuando la industria del entretenimiento, la que no se quiere o sabe adaptar, se queja amargamente de las copias y descargas de contenidos que hacen los ciudadanos, siempre surge la pregunta de “cual es el modelo de negocio”.

Yo ya me imagino cual es el modelo de negocio de la era digital, pero lo que sí que tengo claro es cual no lo es. Es precisamente el que están pensando implantar, que es cobrar por la copia y descarga de contenidos. Es una muy mala idea, pues compiten con sus propios espectadores, con sus propios clientes o clientes potenciales. Intentar cobrar por aquello que de otra manera podemos hacer sin apenas inversión, es un error.

Quiero que se fijen en Netflix, 8 dólares al mes por el streaming ilimitado de series y películas que es muy posible que antes que tarde esté también ofreciendo sus servicios en España. Cualquiera que lo analice un poco verá que lo que se vende no es el contenido, no pagas más por ver treinta películas al mes que por ver tres, es una tarifa plana. Por lo que se paga es por el servicio en si, el poder ver películas y series cuando quieras en el dispositivo que desees.

Y en el fondo de eso se trata. Si alguna empresa o entidad en España intenta hacer lo que siempre han hecho, vender copias enlatadas, aunque sea en formato digital, no tendrán éxito, porque para eso ya se bastan los ciudadanos por si solos. Es una competencia imposible. Es apostar la supervivencia de una industria a un caballo perdedor. Sólo apostar por dar los contenidos de forma cómoda y sobre todo a muy buen precio, tiene algún futuro.

Aprovechar las recomendaciones de los espectadores, colaborar con ellos, y ofrecerles lo que desean, sin límites, en cualquier dispositivo y a gran escala, es la clave siempre y cuando la codicia de algunos intermediarios no den al traste con este tipo de negocios.

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Competencia en la era digital

Netflix en España

Corren rumores fundados en el sentido de que pronto Netflix estará en España. Al rumor surgido en Alt1040 puedo añadir que estuve hablando con gente de Netflix y parece que es muy posible que tras Canadá, entre los próximos países en tener este servicio se encuentre España.

He de admitir que tengo sentimientos encontrados con este servicio. Lo cierto es que no lo he probado todavía pero en el Silicon Valley es una de esas “hot startups” del momento. Están teniendo una gran tracción y relevancia.

Por 8 dólares se pueden ver sus películas y documentales en streaming desde cualquier dispositivo fijo o móvil, lo que incluye iPad, TV, ordenadores de escritorio, móviles, Google TV, etc.

En esencia, y por el precio, lo que se paga no es tanto el contenido como el propio servicio de TV a la carta en cualquier entorno fijo o móvil.

Hay dos cosas clave que no me gustan en su concepto básico: una es el uso de DRM y la otra es su dependencia de la nube. Tal y como hemos visto, que los contenidos que nos gustan estén en la nube es mucho más peligroso de lo que podíamos sospechar.

Igualmente, y a efectos más prácticos, hay que tener en cuenta que no lo tienen todo. No tienen todas las películas, documentales o cine independiente, y además muchos estrenos se muestran en la parrilla con mucho retraso, lo que hará que los más impacientes recurran a otras formas de acceder a éstos.

No quiero criticar mucho más el servicio, pues lo que comento viene de oídas, de hablar con gente que usa el servicio y prefiero probarlo antes de realizar un análisis más riguroso.

En cualquier caso creo que es muy positivo que se planteen estos sistemas y se abra a una competencia entorno a ofrecer soluciones de ocio inspiradas en capacidad digital. Esperemos que nuestras débiles conexiones de banda ancha sean suficientes.

Además espero que Netflix ayude a demostrar lo que muchos hemos sostenido durante tanto tiempo, que es un error perseguir a la gente que descarga, copia y comparte ficheros audiovisuales, que lo que hay que hacer es ofrecer servicios que mejoren esa experiencia y que además redunde en un beneficio de los creadores originales.

Veremos qué pasa.

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Netflix en España