Un Amanecer en la Retina

Texto por Esther Carton que recuerda esa situación mágica que todos hemos vivido alguna vez.

Si miras fijamente a los ojos de alguien puedes saber mas de lo que te cuenta y muchas veces la vida de uno despierta en la retina.

Sus ojos eran preciosos, marrón de un feliz otoño, aquel feliz otoño que empezaba ese día. Era una mañana cálida, pero el viento estaba revoltoso todas las hojas volaban a mí alrededor y no daban tregua a mi flequillo que iba de un lado al otro de mi rostro. Aquella mañana le conocería aunque por su mirada, que nunca me engañó, parecía que nos conocíamos desde la prehistoria. Hay veces que las miradas dicen más que lo que tu mente alcanza a pensar y más tarde a articular con tu boca.

Allí me encontraba en la parada del autobús luchando con el viento y con la mirada, intentando no mirarle mucho pero mirándole bastante.

Tan solo supe preguntar: – ¿ este autobús para en la calle Peláez?

¿Que pretendía mi mente para esa pregunta? solo hay dos respuestas, y lo que yo en realidad quería era hablar, que absurda pregunta nunca me había sentido tan ridícula.

Intenté fijarme en que parada se bajaba, pero el autobús a esa hora iba lleno todo el mundo iba a trabajar o a estudiar, cuando llego el momento de bajarme descubrí que él también se bajaba en mi parada.

Me miro levemente y sonrió, yo tan solo fui capaz de ruborizarme y mirar mi reloj. Que raro nunca lo había visto por allí, tal vez era lo mismo que él estaba pensando en aquel instante.

La vida te pone en el camino personas con las que jamás te has cruzado y tal vez nunca vuelvas a hacerlo, que hacer entonces cuando te vuelves loco por volver a ver sus ojos y que tu nariz se llene de su olor, ¿ cómo volver a ver a alguien del que piensas conocer todo y todo lo desconoces?

Pasé toda la mañana dándole vueltas a todo lo ocurrido en mi periplo del autobús por la ciudad.

Todavía hoy tengo esa idea en la cabeza, quiero oír su voz, esa voz que se repite una y otra vez en mi imaginación. Solo soy capaz de oír su voz en la boca de todas las personas que me hablan.

Cuando me levanto por la mañana veo sus ojos reflejados en el espejo del cuarto de baño, salgo a la calle y su mirada se cruza en cada persona que va a mi lado. Tus ojos enmarcados en mi mirada, solo busco verlos para llenar de luz mis ojos y poder ver. Has ocupado todo mi ser y ya no soy ni siquiera yo misma sino la continuación de ti.

Cuando volví a casa y me metí en la cama no lo podía creer, estaba hecha un lió sin motivo aparente, tan solo una leve sonrisa de la que había creado un mundo paralelo. Cerré los ojos y pensé mañana será otro día, quien sabe tal vez me espere una gran sorpresa.

Decidí soñar y dejar que los sueños fueran lo que en realidad son deseos que tenemos y que nos hacen felices mientras estamos soñando.

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Un Amanecer en la Retina

Doble muerte y victoria de Pilar Manjón

Texto por Carlo Frabetti

Rebelión

Bajo Licencia Creative Commons.

Frágil y transparente

como el cristal, fue la más fuerte,

sin más arma que la piedad.

Tomen ejemplo Aquiles y Odiseo,

Heracles y Jasón, los propios dioses.

A Pilar Manjón, como a Antígona, la han matado dos veces: al arrebatarle a su hijo y al perseguirla por honrar su memoria (por honrarla de la única forma posible: proclamando la verdad y exigiendo justicia). Y, como Antígona, la frágil Pilar (parece siempre a punto de quebrarse, pero resiste todos los zarpazos), la transparente Pilar, ha vencido a sus verdugos sin más arma que la piedad, la irreductible pietas de los sabios y de los héroes verdaderos. No andamos sobrados de héroes y heroínas, en los tiempos que corren, así que apresurémonos a testimoniarle nuestra admiración, nuestro apoyo y nuestra gratitud; y a seguir su ejemplo.

Pilar ha dicho públicamente, desde la mismísima fosa de los leones (que no habrían vacilado en devorarla con tal de hacerla callar, que de hecho lo intentaron), que el Emperador no solo está desnudo, sino que su falso manto de púrpura es la sangre en la que se baña todos los días. Ha llamado por su nombre a los políticos de oficio y beneficio, a los carroñeros que se disputan los restos de las víctimas de un terror que ellos mismos propician. Ha dicho la pura verdad (la verdad más pura, que es la que nace del dolor) en el templo de la mentira. No pueden perdonárselo. Al igual que los vampiros, su cabal metáfora, quienes mercadean con el odio, el miedo y el sufrimiento no pueden soportar que se les tienda un espejo.

Los que se sorprenden de que en una manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo se haya insultado a Pilar Manjón, son unos ingenuos: lo sorprendente sería que no lo hubieran hecho; lo sorprendente sería que las ratas que infestan las cloacas del poder no intentaran ensuciar con su baba a quienes las ponen en evidencia.

Estoy seguro de que en la manifestación en la que escarnecieron a Pilar (frente a lo cual, dicho sea de paso, el hecho de que abuchearan a un politicastro oportunista es mera anécdota) había dolores tan hondos como el suyo e igualmente dignos de todo nuestro respeto y de toda nuestra solidaridad. Pero también estoy seguro de que había muchos fascistas, en el más estricto sentido del término; es decir, terroristas. Quienes insultan el dolor de Pilar no son mejores que quienes lo causaron. Quienes, como Federico Jiménez Losantos, llaman “lágrimas de teatro” a las de una madre que acaba de perder a su hijo, no son mejores que quienes la condenaron a llanto perpetuo. Cuando pienso en los que pusieron las bombas de Atocha, me vienen a la mente adjetivos como “fanáticos” o “despiadados” (junto con otros que sin justificar nada lo explican casi todo, como “desposeídos”, “ultrajados” y “desesperados”); pero cuando pienso en los que escarnecen a una madre que llora a su hijo muerto, me quedo sin adjetivos. Dicho de otro modo: los primeros me dan miedo, pero los segundos me dan asco (y, en el fondo, aún más miedo que los primeros).

Si una pandilla de canallas no hubiera apoyado la criminal invasión de Iraq, probablemente el hijo de Pilar y ciento noventa personas más seguirían con vida. Y si una pandilla de canallas aún mayores no hubiera atropellado sistemáticamente al mundo árabe durante décadas, el hijo de Pilar y miles de personas más no habrían sido víctimas de la cólera islámica. Pilar Manjón no lo ha dicho con estas mismas palabras, pero lo ha dicho. Y se lo ha dicho a la cara a los terroristas por antonomasia, a los terroristas de Estado. Por eso la han matado por segunda vez. Por eso es invencible, como Antígona.

Doble muerte y victoria de Pilar Manjón