A los cobardes no les gustan las palabras, ni las razones

A los terroristas no les gustan las palabras, ni que Euskadi haya dicho hace años que no hacen falta. Por eso quieren sistemáticamente torturarnos a todos e insultarnos con su mera presencia. Pero es su mera presencia su único objetivo real. Lo demás son escusas y como cada vez más gente se da cuenta, incluidos algunos de sus viejos apoyos, tienen que castigarnos, pobres díscolos que intentamos salir día a día adelante trabajando y construyendo. No lo dudéis, por desgracia cerca del final será peor. La banda más cobarde morirá matando(nos).

A los cobardes no les gustan las palabras, ni las razones

Si una campaña sale mal, sale bien

Hoy el Ministerio de la Industria del Entretenimiento, me resisto a llamarlo de Cultura, porque no lo es, deberá reflexionar y mucho sobre la infame campaña de propaganda (en el sentido de Goebbels) que ha lanzado para intentar adoctrinar a la sociedad.

La campaña no funciona. Creo que han llegado demasiado tarde, con el paso cambiado y sin entender lo que está pasando en Internet.

El modelo de negocio ya ha cambiado. Los intentos por controlar Internet y mantener artificialmente unos modelos agónicos, no son sino un pretencioso intento de luchar contra la propia ciudadanía que ahora accede a las herramientas digitales del último espacio de libertad, Internet.

No necesitamos más que el acicate de estas arremetidas absurdas para demostrar la verdad y toda nuestra creatividad y capacidad de reacción. Y la situación sólo puede ir a peor con ellos. Y mejor para Internet, porque la gente a la que pretenden engañar son los chavales que mañana votarán y que entienden mucho mejor Internet que sus mayores.

Seguiremos luchando por liberar de su secuestro a la cultura, por cambiar la ley de propiedad intelectual para devolver el poder a los autores y los artistas, para arrebatar el monopolio de la información y el conocimiento de las garras de unas entidades, industrias y clases políticas que aborrecen que los ciudadanos ejercitemos el pensamiento crítico.

Y de paso, Sr. Molina, usted debería dimitir por no cumplir con el mandato que los ciudadanos le hemos dado.

Si una campaña sale mal, sale bien