Creer o creerse algo

Personalmente no me gustan las clasificaciones. Encorsetan demasiado. Definen algo que muchas veces no es correcto. Yo sería considerado un ateo, pero la verdad no es que crea que no existe “Dios”, sino que no me creo que existan dioses, en general, ninguno.

Muchos que dicen que no hay que ser ateo, que es mejor ser agnóstico, cosa que no desdeño del todo, por supuesto, no caen en la cuenta de que hay pocos que se crean que existe Zeus, o Shiva, por poner sólo dos ejemplos de los millones que se podrían poner a lo largo de la historia e incluso prehistoria humana. Uno parece ser ateo o agnóstico de dioses que otros se los creen. La diferencia es esa, y es semántica “¿Crees en Dios?” sería la pregunta clásica de alguien que ¿cree o se lo cree? Si la pregunta fuera “te crees que existe Dios” ya estamos posicionándonos en una posición enfrentada a dicha ¿creencia o credulidad? Y no por ofender, pero las cosas son así, yo basándome en la experiencia, la lógica, la razón y el pensamiento razonado no puedo creerme que exista dios alguno, ya sea uno con muchos brazos, uno con cara de cocodrilo, u otro con cualquier otro folclore asociado.

Hay quien sí se los cree, pero esa es precisamente la postura extraña, no la mía, y más si va sumada de creencias en reglas morales asociadas, vidas después de la muerte y cosas así. Así que no soy ateo, porque de base no puedo concebir que exista algo como lo que otros se creen. Si se lo creen, allá ellos, pero a mi que no me clasifiquen, que se clasifiquen ellos.

Creer o creerse algo

VIOLENCIA ÉTICA CONTRA NATURA

Publicado el 9 de Noviembre de 2004

El fanatismo invade en demasiadas ocasiones nuestra vida, y nos lleva a defender muchas veces posiciones poco realistas de las que es difícil retroceder una vez emprendido el tortuoso camino de la defensa radical de ideas. Para bien o para mal, actualmente existe un movimiento religioso radical que emponzoña las normales relaciones entre personas que de otro modo serían afines. La ostensible manipulación mediática que ejercen estas organizaciones obligan al común de los mortales, o sea a mí, a hablar alto y claro, a dejar su opinión escrita en este medio de información libre, por el momento, que es Internet. Quitemos otro pequeño ladrillo del muro.

Ponga por delante que soy agnóstico y como mucha gente no tiene muy claro lo que significa esto, acudiré con su permiso a la definición de la rae, según la cual es agnosticismo es una “actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia.” Les recomiendo encarecidamente que visiten la definición que da la Wikipedia en http://es.wikipedia.org/wiki/Agnosticismo. Así que perdónenme que bajo este prisma de análisis de las cosas, considere que entra dentro de mi experiencia aquello que me induce a pensar que facciones más o menos radicales de la iglesia católica pretenden influir con intereses partidistas en muchas ocasiones en la juventud. Por otro lado no digo que Dios no exista, o Alá, o Shiva, digo que nosotros, pobres humanos, igual que la hormiga no puede explicarse a si misma, ¿cómo vamos a poder interpretar los designios de tan supuestos seres omniscientes y todopoderosos? Fe, la respuesta fácil a todas las dudas razonables. Nadie logrará jamás impedir que yo exprese mi opinión, y más cuando se intenta manipular demagógicamente la opinión pública y la más impresionable de ellas, la de los chavales.

No pretendo afirmar que tenga la razón absoluta, pero sí espero que la gente empiece a pensar por si misma, y para ello es necesario retirar los velos que algunas facciones extremistas, desde cierto ámbitos, pretenden imponernos permanentemente. No hay más que entrar en algunos foros de los cuales no pienso hacer publicidad para darse cuenta de la verdad de esta sospecha. Hay foros en los que he tenido la desdicha de caer, y me he dado cuenta de lo radicales que pueden llegar a ser algunos de sus “moderadores” que no dudan en arremeter incluso contra aquel que admite haber podido equivocarse. Por un camino que no deja lugar a dudas, camina aquel que se cree que tiene la razón absoluta y por lo tanto no considera que pueda estar equivocado. Bien, a veces envidio a la gente que tiene las ideas tan claras: Hay demasiados iluminados en este mundo que de pura luz acaban cegando a los demás. Y repito, les envidio “a veces”. Aquello que es demasiado rígido, al final acaba rompiéndose, porque lo rígido es frágil. Y el problema es que desde hace mucho tiempo la facción de la iglesia católica más conservadora, ha decidido juzgar todos los comportamientos que considera oportuno sin sentarse humildemente a escuchar a la otra parte. Y cuando a uno le juzgan de esa manera ¿qué es lo que pasa? Pues lo que pasa siempre, la gente se pone automáticamente a la defensiva y a veces acaba igualmente radicalizándose. Es más indignante cuando muchos de los males que aquejan a este mundo, provienen principalmente de las religiones y de sus posturas de intransigencia.

En temas como el aborto, la homosexualidad, las relaciones o actividades sexuales antes del o sin matrimonio, la investigación con células madre o la eutanasia, dicha corriente conservadora tiene las ideas muy claras, tal vez incluso demasiado. Llegan a acudir sin demasiados remilgos a reglas de la naturaleza, que luego por otro lado rechazan si no les interesa o conviene. Y entonces, cuando jugamos con ciertas verdades absolutas, opinar de otra manera convierte al que lo hace en un pecador, en un infiel (¿a qué me suena eso?). ¿Qué espera esta corriente conservadora de la Iglesia? ¿Qué nos demos cuenta de nuestro pecado y les demos las gracias? No, supongo que no. Pero lo más temible es cuando empiezan a hablar de los “moros” del modo más peyorativo posible (refiriéndose a la situación actual de la inmigración de origen musulmán); es ahí dónde empieza a emanar el olor a manipulación tendenciosa. Crear una opinión desfavorable de otras religiones, colectivos o personas a modo de nueva cruzada (¿recuerdan qué eran las cruzadas?), huele a manipulación, a radicalismo a enquistamiento de la confrontación con una sociedad que hace tiempo que no se cree todo lo que le dicen (¡gracias Internet por lo que nos das!). En todo lo dicho puedo estar equivocado, así que señores de la iglesia, no se suban por las paredes, que soy un humilde humano que se equivoca y al menos lo admite. Pero lo que no pienso admitir bajo ningún concepto es que ustedes, que hicieron oídos sordos al exterminio judío durante la segunda guerra mundial, condenaron a Miguel Servet por describir la circulación sanguínea (acabó sus días quemado), juzgaron a Galileo Galilei por decir que la Tierra no era el centro del universo, toleran actualmente la pena de muerte de algunos estados, crearon la inquisición que derivó en el asesinato de tantas personas para quedarse con sus pertenencias, impulsaron y justificaron la represión asesina del periodo franquista, o impusieron su religión a pueblos enteros exterminando algunos de ellos de la faz de la tierra en las épocas coloniales y aún hoy en día…., se crean en posesión de toda ética y moral porque no es así, ni sus miembros son los únicos que pueden vivir felices o correctamente, ni los que no vivimos esa vida religiosa conservadora somos todos unos desgraciados que no saben qué hacer para arreglar su vida. No existen argumentos objetivos que me impidan pensar que se puedan estar equivocando de nuevo.

Sería largo y estéril hablar de los orígenes de la ética, o incluso del posible origen budista de la filosofía de Jesucristo (filosofía en clara contradicción con el antiguo testamento – ¡ay, eso debe de doler!), o la búsqueda de la verdad, pero tengan claro, meridianamente claro que no son dueños absolutos de la verdad, la búsqueda de la felicidad o de lo que es correcto. Dejen su condescendencia para quien la necesite, que los que pensamos por nosotros mismos, dudando en tantas ocasiones de nuestras propias afirmaciones, no la necesitamos. Algunos preferimos vivir sin pensar que exista un cielo y así apreciemos más si cabe la maravilla de la vida humana, de lo breve del poco tiempo que tenemos de existencia, y así intentemos hacer la vida de los demás mejor, sin engaños, sin esperar nada a cambio. Algunos preferimos al Jesús hombre que al Jesús dios. Por último les pido que dejen paso a esa otra parte mayoritaria de la Iglesia a la que ustedes no representan, que se ha dado cuenta de que por la vía conservadora radical no se logra nada, aquellos que se preocupan realmente por hacer la vida de los demás mejor, aquellos miembros de la Iglesia que humildemente se sientan a escuchar a las personas, que no juzgan a nadie, que educan, que respetan a las personas y sus tendencias, que no imponen y que sin duda harían un iglesia mejor y más cercana al individuo. Aquellos que están artos de sufrir el estigma de sus posturas anacrónicas, soberbias y contraproducentes; aquellos que primero dan de comer, enseñan a cultivar el campo y luego hablan de moral, tienen más crédito para hablar de moral. Incluso la mejor de las éticas o morales puede resultar violenta y negativa si se usa con la fiereza con la que ustedes la usan y pierden por lo tanto el favor de la gente que espera ya no castigos eternos sino una palabra amable y sensata… pero ¿no tienen ni idea de lo que hablo verdad? No, imagino que no.

Y por último para que comprueben todos la moderación de mis comentarios voy a poner a continuación una cita de Bertrán Russell (que era desde luego mucho más listo que yo): “…Uno halla, al considerar el mundo, que todo el progreso del sentimiento humano, que toda la mejora de la ley penal, que todo paso hacia la disminución de la guerra, que todo paso hacia un mejor trato de las razas de color, que toda mitigación de la esclavitud, que todo progreso moral realizado en el mundo, ha sido obstaculizado constantemente por las iglesias organizadas del mundo. Digo deliberadamente que la religión cristiana, tal como está organizada en sus iglesias ha sido, y es aún, la principal enemiga del progreso moral del mundo”. Bertrand Russell.- ¿Por qué no soy cristiano? Ed. POCKET EDHASA. Barcelona, 1978. Por último, no me queda mucho más que decir, así que animo a todos a realizar autocrítica, tan necesaria para todos y a abandonar las posturas de raíz intransigente que conducen al mundo al caos.

“Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, en el coraje.” Tucídides.

Este texto por Mario Pena está redactado bajo licencia Creative Commons: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/es/deed.es

VIOLENCIA ÉTICA CONTRA NATURA