Venta de copias vs venta de experiencia

No parece que sea suficiente con decirlo mil veces, hay que decirlo un millón de veces. Un modelo de negocio basado en la venta de copias de contenidos en soportes, en plena era digital que comienza, no es un negocio que pueda sostenerse a largo plazo sin suponer un coste inasumible por una sociedad sana que tiene que avanzar decidida hacia las soluciones tecnológicas rompiendo con las monolíticas estructuras de un pasado analógico.

En negocios como el editorial o el discográfico, hay que tener en cuenta lo que la sociedad hace y darlo. Es bien sencillo. Si bien la venta de copias seguirá existiendo, no es menos cierto que el núcleo del negocio deberá cambiar para satisfacer unas demandas reales a medio y tal vez largo plazo. La venta de copias debe ser para los coleccionistas, y para crear coleccionistas hay que incorporarlos al sentimiento de marca.

La clave es que el contenido es la propia publicidad. Alrededor del contenido se puede y debe crear una experiencia integradora del usuario final. De hecho el usuario final debe sentirse partícipe de todos los pasos de la producción de contenidos, siendo la propia remezcla o contribución activa algo sobre lo que se deben perfilar las acciones de las productoras, autores o distribuidoras del futuro.

Sólo cuando las empresas se acostumbren a valorar a los usuarios como iguales, y no como a subordinados que deben consumir sin más, se podrán construir modelos válidos para la nueva economía digital de escala global y multicultural.

Venta de copias vs venta de experiencia

Manifestaciones analógicas para defender una herramienta digital

Leo en elplural.com un artículo de Luis Solana sobre las manifestaciones físicas de la pasada semana contra la decisión del gobierno de cerrar páginas web de forma extrajudicial y no puedo menos que estar de acuerdo en líneas generales. No me gustan algunas comparaciones que hace pero en esta frase con licencia CC-by-sa de Luis Solana se resume mi pensar:

“Si nosotros (vosotros) no nos creemos que la red es otro escenario y seguimos utilizando una tramoya que se muere, es que no hemos entendido nada.”

Tal vez sea el problema de ver lo virtual como irreal, o nuestra educación analógica nos traiciona una y otra vez para intentar emular lo que ya no puede ser porque implica otras reglas de juego. Si protestamos contra modelos analógicos de escasez, si protestamos contra una forma vertical de plantear las soluciones ¿porqué recurrimos a esa misma escasez analógica o verticalidad para demostrar nuestro descontento?

En realidad Internet es parte de esa realidad social analógica, una extensión poderosa en la que las reglas del juego se cambian y se tornan anarquía en el mejor sentido de la palabra.

Una manfiestación física puede llegar a ser necesaria, complementaria o importante en entornos de problemática analógica (de ahí la manifestación de unos pocos artistas), pero la auténtica lucha que demuestre el poder de Internet se da en la web y se refleja en el día a día analógico. No debe ser a la inversa porque no puede serlo. Tal vez comprendamos que lo importante es despertar conciencias y pensamiento crítico. Para eso lo mejor que podemos hacer es animar a cambiar la forma de pensar de la gente para que todos comprendamos que lo digital es la forma de analizar el mundo de las ideas y las creaciones.

En pocas palabras, lograr una gran repercusión mediática en Internet es lo importante y la expresión digital del descontento social existente incluso a nivel analógico. No precisa rúbricas ni permisos de los viejos modelos.

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Manifestaciones analógicas para defender una herramienta digital

Sociedad fallida

Puede que como sociedad hayamos fallado si finalmente juzgamos a nuestros jóvenes como criminales por el hecho de compartir contenidos.

El reciente caso de Joel Tenenbaum muestra de forma clara y sin lugar a dudas la saña y el desprecio de gran parte de la industria del entretenimiento hacia una juventud que despierta del engaño de unas leyes injustas, obsoletas y absurdas.

Las cabezas de turco y los importes exigidos son escala por la que medir el miedo oculto de una industria y una sociedad aterrorizada por la inevitable realidad digital que desafía todos los dogmas que durante unos pocos siglos se han impuesto contra toda lógica o sentido común.

Como conclusión podremos deducir que la industria, representada por la RIAA, no ha demostrado razón alguna en su planteamiento sobre el copyright restrictivo, sólo se han reafirmado sobre lo que ya conocemos; que tienen fuerza y que carecen de eso llamado escrúpulos. Han demostrado que tienen dinero y pisarán a quien sea preciso con tal de mantener el engaño que han vendido a sus accionistas en la ingenua creencia de que podrán mantener modelos de explotación y distribución analógica en un entorno digital. Sin duda son muchos sueldos y muy altos de asesores y abogados que dicha industria alimenta.

Sin embargo cada uno de nosotros tiene responsabilidad en este peligroso juego. ¿De verdad queremos una sociedad en la que consideramos a nuestros hijos criminales por el hecho de acceder a y compartir contenidos de la manera que la realidad tecnológica, la realidad de los propios contenidos y el futuro sugieren?

Si es así, entonces ya hemos fracasado socialmente, si es que no lo habíamos hecho antes con tantas otras cosas en el fondo mucho más graves. Si no vemos el peligro y lo absurdo de esta postura mejor haríamos en hacernos a un lado y dejar que una nueva generación tome nuestro lugar. Tal vez ellos, venidos al mundo en pleno nacer de la era digital, sean capaces de cambiar las leyes y dejarán de verse a ellos y a su futura desdendencia como los malvados seres que algunas industrias nos pretenden hacer creer que son.

Sociedad fallida