Mi primer encuentro con la credulidad del creacionismo

La primera vez que me encontré con la credulidad absoluta en la literalidad de la Biblia fue en un colegio de Texas en el que estudié durante el curso de 1989/90. El profesor de química estaba explicando las valencias de los átomos para formar compuestos químicos y una alumna, que hoy en día tengo agregada por el facebook, saltó que no entendía nada y que además eso no podía ser porque la Biblia no hablaba de las valencias.

Dijo, es más, “¡que lo explique Mario (usea yo)!” Como si yo fuera a decir otra cosa, claro, cuando el tema me lo sabía de mucho antes y soy firme defensor del método científico.

Lo que más me llamó la atención fue la reacción del profesor. En España hubiera habido no sé si mofa o chanza, pero sí un paseito al despacho del director. En cambio vi auténtico temor en los ojos del profesor. No se atrevió a decir nada sobre la argumentación de la alumna en cuestión. Se quedó parado y me interpeló a ver si yo podría explicar el dema de las valencias atómicas mejor, sin referirse en ningún momento al comentario sobre la Biblia. Naturalmente yo dije que no era capaz de explicar las valencias de mejor manera que él (si llego a admitir que conocía una manera mejor de explicarlo me hubiera colgado el “San Benito” para el resto del curso).

Esto fue hace veinte años y es probable que la reacción de la alumna tuviera más que ver con la dificultad de captar los conceptos que en una credulidad real. Hoy por desgracia esta credulidad ha desembarcado con fuerza en las costas de la vieja Europa.

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