La historia de los dos viajeros en un tren

Hace unos años conocí a un señor hindú que me contó una historia cuya autoría original no conozco, pero que creo vale la pena publicar aquí:

En uno de esos trenes que cruzan grandes extensiones de la India viajaban en un vagón dos hombres que no se conocían de nada. Uno de ellos estaba acompañado de sus dos hijos que no paraban de jugar y alborotar por todo el lugar. El hombre sentado frente al padre de los niños no dejaba de pensar en lo mal que había educado ese padre a sus hijos pues les consentía tanto ruido y juegos que podían molestar, y de hecho ocurría, al otros pasajeros.

Durante unos minutos todo siguió igual ante la creciente incomodidad del hombre que no dejaba de mirar al padre que tenía la mirada perdida en algún lugar distante al otro lado de la ventana del vagón.

Tras un rato el padre pareció que despertaba de algún tipo de ensueño y se dio cuenta del enfado y las inquisitivas miradas del otro viajero. Entonces se dirigió a él y le dijo: “por favor, lamento que mis hijos le estén molestado. Espero que nos sepa disculpar. Venimos de lejos de enterrar a su madre en su ciudad natal. Desde que ella murió esta es la primera vez que he visto a mis hijos volver a reír y jugar. Me siento incapaz de pedirles que dejen de hacerlo.”

La expresión del otro hombre cambió enseguida y pasó del enfado a la profunda comprensión. No había nada que perdonar.  El viajero se quedó mirando alternativamente al padre y a los niños mientras estos seguían jugando y casi sin darse cuenta empezó a sonreir ante las inocentes travesuras de los niños y sus risas.

—–

Con demasiada frecuencia respondemos con agravios a los que nos agravian. A veces hay que escuchar, a veces hay que preguntar. A veces hay que comprender de la misma forma que en muchas ocasiones nosotros queremos que nos comprendan. A veces somos el viajero sentado enfrente del padre, otras veces somos el padre. A veces somos los niños.

La historia de los dos viajeros en un tren

Relato corto: IO

Hace varios años escribí un relato corto de ficción que hoy, por pura casualidad, he encontrado entre mis miles de archivos de aquellos tiempos. He decidido ponerlo online sin corregir ni nada. Pido disculpas desde ya por su calidad, pero bueno, quería ponerlo online.

Si os gusta lo podéis descargar desde aquí en PDF.

CEROS Y UNOS

Parte 1ª¡Error! Marcador no definido.

Absurdo, eso es absurdo…
No tiene ningún sentido. Nunca lo ha tenido. Y nunca lo tendrá. Ni siquiera nos importa que no tenga sentido, nosotros no somos los que formulamos las preguntas que habrán de responderse algún día.
Ahora, tan sólo oigo ecos lejanos, voces que parecen llegar de detrás de un muro de hielo que tuviera dos metros de espesor.
La niebla me rodea, y siento frío. Y el dolor es insoportable. ¿Qué dicen las voces?.
Son tan lejanas…
Esto está tan oscuro.
Tan frío…
– Otis…– susurró una voz cercana y cálida a mi oído.
Entonces el sonido invadió mi mente. Más que sonido era un ruido intenso, molesto, estridente que martilleaba mi consciencia y no me dejaba pensar. Intenté abrir los ojos para observar a la mujer que trataba de comunicarse conmigo. No sabía por qué mis párpados se negaban a obedecerme y se mantenían cerrados. Sin embargo yo tenía la urgencia de hablar con esa mujer, quería preguntarle por lo que me ocurría. Yo no recordaba nada y lo único que me mantenía lejos del frío de la inconsciencia era esa cálida y hermosa voz de mujer.
–¡Otis… tienes que intentar hablarme! ¡Tienes que hacerlo, recuerda… el accidente…!– gritó aquella hermosa voz con un tono de pánico que invadió mi maltrecho cuerpo. Y como una sacudida letal, como un torrente de fuego que inundara mis recuerdos, todo volvió en un instante a mí. Ese último instante de mi vida, una vida que había perdido para siempre, ese instante brutal y violento que segó mi existencia en una fracción de segundo.
Un segundo, una brusca frenada, las ruedas bloqueadas, pánico absurdo invadiéndome porque sabía que iba a morir.
Un golpe seco y cortante… el silencio… .Abrir los ojos y observar aquel autobús venirse sobre mi cuerpo, destrozándolo, clavando el armazón de mi moto en mis intestinos… . Gritos, líneas transformadas en dolor… oscuridad absoluta. Dolor…
– ¡Parad el dolor! – grité súbitamente expulsando el aire que mantenía mezclado con sangre en el último trozo de pulmón que aun funcionaba.
Abrí los ojos y para mi horror observé un montón de personas con mascarillas quirúrgicas puestas ocultando sus rostros.
De entre los rostros que se alzaban ocultos sobre mí, vi dos ojos marrones y grandes como focos que me miraban con expresión entre aliviada y llena de temor. Tras unos segundos de ahogo, y tras recibir una mascarilla que suministraba gas neurótico y oxígeno, me di cuenta, con horror, que no sentía mi cuerpo, tan sólo sentía una terrible opresión dolorosa en el tronco. Una opresión que no me dejaba respirar, ni pensar…

Seguir leyendo “Relato corto: IO”

Relato corto: IO