Cuando la religión rompe las familias

Escribo estas líneas para desahogarme sin más. Seré más extenso tal vez dentro de unos días.

Hoy es uno de esos tristes días en los que te das más cuenta de todo el daño que hacer la religión en la vida de las personas y te preguntas si la postura correcta en estos casos es pasar de todo, luchar por lo que crees, ser menos beligerante o más beligerante.

He intentado ser paciente y he aguantado mucho más de lo que la gente se cree. Tal vez sea por eso que algunos pensaban que no tenía unas ideas tan absolutamente contrarias a las religiones. Falsa sensación. Soy activista, idealista, librepensador y un pelma de cuidado. He optado por la decisión que creo más correcta; luchar más activamente contra las religiones, todas.

¿Los motivos? Muchos que se acumulan y ya pesan. Creer en mentiras y actuar en base a estas mentiras, ya sea para bien o para mal siempre será algo al final negativo. No importa la tibieza con la que se entienda la religión o la relatividad de las creencias. Cualquier creencia religiosa es contraria a la razón, a la ciencia, a la lógica.

Pero es muy triste que unos abuelos prefieran no ver a su nieto que a aceptar al hecho de tener respetarme en la decisión que yo, como padre, he tomado y que no es otra que no querer que un niño de tres años se vea obligado a realizar los ritos de una religión, la católica, que son símbolo de muchos de los males que aquejan al mundo.

Yo seguiré educando a mi hijo para que tenga criterio propio y cuando llegue el momento decida él mismo si creer o no. Podrá ir a misa, estudiar las religiones que quiera, pero no pienso aceptar, bajo ningún concepto que se le inculque desde tan pequeño la forma sesgada de ver el mundo de una religión entre muchas (y todas a mi juicio equivocadas).

Muy triste.

Cuando la religión rompe las familias