Aromas del pasado

Hoy he encontrado, de casualidad, unas pastas. Sí, unas pastas. No unas pastas cualquiera, unas pastas con las que solía desayunar en mi infancia y más temprana juventud. Unas pastas que no había visto en décadas. He vuelto a percibir el aroma de éstas que han evocado muchísimos recuerdos.

Iba a ser emocionante volver a desayunar con ellas. Tantas cosas vienen a la memoria tras tan largo tiempo.

Y sí, he recordado aquella perdida inocencia durante unos segundos para darme cuenta, acto seguido, que ya nada es ni será igual. Ahora desayuno delante del ordenador viendo noticias, pensando en el activismo, en todo por lo que hay que luchar. Ahora sé que la justicia como tal no existe, ni la inocencia, ni el pecado, ni una vida mejor tras la muerte.

En el fondo no cambiamos de cómo éramos, pero ya nunca nada será igual.

Ni los recuerdos son los mismos. Ni siquiera el pasado es estático, como no lo es el presente y mucho menos el futuro.

Aromas del pasado

Era se una vez un entorno que unos advenedizos quisieron cambiar

Desde el comienzo Internet se basó en compartir información creando un sistema que fuera invulnerable al corte arbitrario de los nodos de conexión.

En un principio este concepto anárquico hasta cierto punto, se autoreguló de la mejor manera posible. Una herramienta pensada para la guerra, se empezó a usar para la ciencia, para compartir datos entre científicos y ese mismo modelo fue útil para cualquier ciudadano que pudiera conectarse a una red sin demasiadas jerarquías para expresarse y acceder a la información necesaria para cultivar el sentido crítico.

El límite era el código y la imaginación.

Entonces vinieron unos advenedizos que tenían un modelo de negocio basado en conceptos analógicos, sin duda poco adaptados a la realidad digital de Internet, pero como era más barato decidieron digitalizar sus obras y de paso darnos las herramientas para acceder a éstas.

Lo que tenía que pasar era inevitable. Si están en nuestro entorno jugarán con nuestras no-reglas, con nuestro código y nuestra imaginación. Empezamos a hacer aquello para lo que se diseñó Internet; compartir y esquivar cualquier corte o contratiempo.

Como vieron que su modelo no funcionaba decidieron controlar el código imponiendo sistemas de DRM que corrompían el código, quisieron controlar la anarquía enfureciendo sus leyes de derecho a copia y osaron controlar las conexiones cortando conexiones y accesos de cualquiera que no jugara con sus absurdas reglas.

Nos dicen que sin sus normas de pasados siglos y sin sus contenidos no hay Internet y yo digo que Internet estaba antes que ellos y sus trasnochados modelos de negocio. Digo que si intentan acabar con la naturaleza de Internet con lo que acabarán serán con su propia existencia. Porque ya nada existe si no capta la atención, escasa, de los ciudadanos que se expresan e informan en la Red sin más norma que el compartir, sin más ley que buscar caminos alternativos y sin más límite que el código y la imaginación.

Ellos quisieron entrar en nuestra casa y cambiarlo todo. Ya es hora de reclamar lo que desde siempre nos ha pertenecido.


Texto por Mario Pena en expresa devolución al dominio público:
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Era se una vez un entorno que unos advenedizos quisieron cambiar