Un sistema absolutamente perverso

Los bancos y los políticos se unen para crear un boom inmobiliario. Los precios de las casas, y por lo tanto también las viviendas habituales, se disparan artificialmente creando una economía dependiente de la construcción gracias a inversiones de muchos países de Europa, y unas hipotécas de locura.

Los bancos son tan grandes que cuando la burbuja estalla no se les puede dejar caer porque, dicen, arrastraría a la economía “real” al abismo. Por lo visto la economía “irreal” es algo que debemos admitir como ¿bueno?. Lo que tiene aceptar una mentira como buena es que tiene consecuencias en la realidad.

Ahora que todo cae y el paro aumenta afectando como un cáncer al resto de entornos “sanos”, los bancos se van quedando mediante triquiñuelas, y a precio de saldo, con propiedades, dejando casi intactas las deudas de las familias que no tienen ingresos, pero que tendrán que pagar sea como sea. Recordemos las artificialmente hinchadas cuotas de hipotecas para todos los que han comprado alguna casa como vivienda habitual en estos años.

Así que los bancos se quedan con casas, hogares y la dignidad de las personas. Se quedan con su trabajo futuro. Una especie de esclavitud moderna. El suelo, las paredes y los techos pertenecen a los bancos. Pero quieren más. Es lo que tiene la avaricia si la gente no actúa, que pide más. Así que piden “rescates” que, no nos engañemos, pagan esas mismas personas despojadas de su dignidad, y las personas temerosas de llegar a esa misma situación de bancarrota familiar.

Menos derechos, menos prestaciones, más impuestos para las personas más humildes. Menos sanidad y educación y todo para esos bancos y sus siervos, la casta política cargada de prebendas. Y eso lleva a más paro, más impagos, más embargos.

Un circulo vicioso de perversidad que se queda con todo sin dar nada a cambio. Al no dar nada a cambio, se van quedando con más y más cosas del Pueblo. Así los bancos -grandes para caer- y las grandes fortunas van haciendo acopio de toda propiedad y de todo valor real para aliviar la digestión de su lujuria de fantasía económica.

Si esto no reúne las condiciones para  una revolución, no sé qué más hace falta.

Un sistema absolutamente perverso

Amazon elimina copias compradas de “1984” y “Rebelión en la Granja” de Orwell

by Surfstyle CC by
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La industria del entretenimiento piratea la cultura que en un mundo sano sería hace tiempo de la humanidad a la que pertenece. La infinita ironía nos demuestra la fragilidad del “cloud computing” o “cloud storage” ante lo infinito de la estupidez humana.

Cuando leo una noticia así, la rabia que siento resulta casi logra marearme, y no tanto por lo que hacen algunos necios, sino porque somos los ciudadanos los que lo consentimos. Hemos consentido al no exigir un cambio radical en la leyes de “propiedad intelectual”. Pirata es gran parte de la industria del entretenimiento, no los ciudadanos que comparten. La piratería, además del plagio, es precisamente lo que ha hecho el editor de estos libros y Amazon.

Si alquien quiere realmente comprarse un Kindle debería pensarselo dos veces.

Por desgracia en el futuro, con la popularización del consumo por streaming, seremos testigos tal vez mudos y sordos de más noticias como ésta. Spotify es un ejemplo de producto que puede y de hecho sufrirá de lo mismo. Se controlará qué está disponible y qué no, qué debemos consumir o qué debemos dejar de poder acceder. El propio concepto de que los contenidos estén online está puesto en entredicho e incluso proyectos honestos en este sentido pueden verse muy negativamente afectados por ciertas actitudes que flirtean con el totalitarismo más recalcitrante.

No existe una solución a gusto de todos, pero tal vez el “cloud storage” y “cloud computing” ideal no será el de unos pocos ofreciendo sitio, contenidos y potencia de computación, sino la vieja idea de que sean los ordenadores de los ciudadanos los que lo ofrezcan de forma infinitamente redundante gracias al p2p, y todo con el objetivo de preservar la cultura que nos ha sido pirateada durante varios siglos por una mala interpretación de quién es dueño de qué… en lo que a autoría se refiere.

Por suerte yo tengo ambos libros de Orwell desde hace muchos años en mi estantería. En papel, comprados, leídos y releidos. Gracias a ellos he aprendido sobre lo que algunas industrias pretenden hacer con su doble pensar, con su control de la palabra escrita.

Es hora de que reclamemos sin un atisbo de vergüenza, lo que por derecho es de la humanidad.

Al menos todavía hay esperanza.

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Amazon elimina copias compradas de “1984” y “Rebelión en la Granja” de Orwell