El oscuro secreto de las entidades de gestión y los gobiernos (parte 3)

Parte primera aquí.

Parte segunda aquí.

Parte III: Qué hacer contra esta nueva forma de fascismo.

Jaume d' Urgell (cc) by-ncNo basta con señalar el problema, hay que luchar contra él. Lo que parecía una simple maniobra de unos cuantos ricos para conseguir todavía más dinero y vivir sin trabajar, pasa a ser algo mucho más grande, oscuro e intimidatorio. Nuestra libertad está en juego. La lucha es por controlar la Internet y por ende a nosotros mismos. Están en juego derechos humanos básicos. Y llevar a cabo esta lucha es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Fracasar es un fracaso nuestro, no actuar, es responsabilidad nuestra. Que no perdamos la libertad está en nuestras manos únicamente.

¿Qué podemos hacer ante poderes tan terribles? También es sencillo. Como las hormigas que en cierta película de animación se enfrentan a las langostas que las subyugan, por muy poderosos que ellos sean, nos necesitan y nos temen, de ahí la idea de controlar nuestra voluntad cercenando nuestras libertades, y nos temen porque somos muchos más. Nos necesitan ignorantes para que no nos demos cuenta de que somos los más poderosos. Somos los que hacemos todo el trabajo, somos los que consumimos, los que creamos más contenidos, los que mantenemos su modo de vida especulativo y desahogado.

Somos miles de millones y sin darnos cuenta tenemos el poder más grande. Sólo que la mayor parte de la gente no se da cuenta y sólo unos pocos luchan contra esta amenaza. Estos pocos se pueden ir cansando con el tiempo, o se les puede intimidar cerrando sus blogs o webs, se les puede encarcelar si es necesario, se pueden hacer muchas cosas para acabar con esas voces que denuncian esta situación. Pero como dicen en cierto comic… no pueden matar una idea.

Seguramente nos sentimos desbordados pensando si deberíamos reunirnos, participar en una manifestación, o escribir en webs o qué. Eso hace falta, pero hay algo mucho más sencillo que podemos hacer todos y cada uno de nosotros. Podemos sentir la furia, podemos estar irritados, podemos sentir la indignación correr por nuestras venas, podemos enfadarnos con todos ellos. Podemos mirar con ojos cargados de furia a los ojos de los políticos, de los artistas a sueldo de las entidades de gestión, podemos rechazar con creciente indignación sus lloronas quejas sobre la mal llamada piratería, sobre lo malo que es Internet para su modelo de negocio obsoleto. Nadie puede quitarnos la libertad de no estar de acuerdo con ellos, nadie nos puede quitar la libertad de enfadarnos.

El resto de la solución, una vez conseguido esto, vendrá sola.

Porque todavía somos un poco libres, todavía podemos parar esto. Todavía podemos decidir sobre el destino que nos quieren robar.

[Imagen superior por Jaume D’Urgell con licencia (cc) by-nc. Más imágenes del autor aquí.]

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