Piensa, imagina, haz

Piensa en esa persona a la que tanto quieres, esa persona sin la cual no crees que pudieras vivir. Puede ser un hermano, una hija, un padre, una novia…

Ahora imagina que esa persona cae gravemente enferma y que te confirman lo peor, que morirá pronto si no aparece un donante de médula ósea.

¿Cómo te sientes? ¿Qué haces?

Cada día esa persona está peor. Intenta sonreir y tu le sonries a ella, pero sientes que se va desvaneciendo poco a poco llena de dolor.

Sólo puedes pensar en que la vas a perder para siempre. Y que no puedes hacer nada más. No eres un donante compatible.

Pasa el tiempo y sólo queda esperar ya lo peor.

Cada día es más difícil sonreir.

El dolor empieza a ocupar cada resquicio de esperanza.

Entonces un día recibís una llamada. Cuando ya todo parecía perdido os avisan de que han encontrado a alguien compatible en algún lugar remoto, alguien a quien no conoces y probablemente jamás conocerás es compatible con esa persona que tanto quieres y que ibas a perder. Os dicen que la donación es arriesgada pero que hay muchas posibilidades de que la persona esa que tanto amas vaya a estar de nuevo bien y junto a ti por mucho tiempo, un tiempo que antes de que sonara el teléfono parecía perdido.

¿Cómo te sentirías? ¿Qué le dirías a esa persona que anónimamente ha salvado esa vida que tanto aprecias, que tanto significa para ti porque en el fondo es tu propia vida? ¿Serías capaz de expresar la gratitud que sientes con palabras?

Ahora deja de imaginar porque hay gente que está esperando que alguien como tú se convierta en ese ser anónimo y remoto que puede tomar la decisión de hacerse donante y salvar sus vidas. Hay gente que puede recibir esa maravillosa llamada que les llenará de una infinita gratitud hacia ti a pesar de tal vez jamás llegar a conocerte en persona.

Recuerda cómo te podrías sentir estando a un lado del teléfono, y cómo puedes ser al mismo tiempo la causa de tanta alegría.

Dona médula ósea.

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Si tienes entre 18 y 55 años y quieres donar, por favor visita:

http://www.fcarreras.org/es/

Si eres del País Vasco, por favor, ponte en contacto aquí con la coordinación de donantes:

OSAKIDETZA
Coordinación de Trasplantes
Alameda de Recalde, 39 A
48008 Bilbao

Telf.: 94 403 36 01

Vale la pena.

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Piensa, imagina, haz

Una de esas pequeñas historias

Os voy a contar una de esas pequeñas historias con la que de vez en cuando nos cruzamos en los noticiarios. Es necesariamente pequeña porque su protagonista es pequeño. Pero no os voy a engañar, la lucha que tiene por delante es enorme y debe servirnos para reflexionar sobre lo que somos y lo que podemos hacer por los demás, que es mucho.

Es la historia de Iraitz. Tiene cuatro meses y hace unos pocos días le han diagnosticado un tipo muy raro de leucemia. Ahora está en tratamiento con quimioterapia y necesitará un donate de médula ósea. Es la misma historia que hemos oído tantas veces antes pero que siempre pensamos que le ocurre a otras personas. A su lado, en la misma sala de tratamiento hay varios niños pequeños más, todo un triste record nos dicen. Otros niños que sufren junto a sus familias que se sienten necesariamente impotentes ante esta terrible enfermedad que no entiende de edades.

Hacía ya mucho tiempo que quería ser donante de médula, pero por un motivo u otro nunca encontraba el momento de informarme hasta que hace unas semanas me decidí a hacerlo a raíz de una noticia de otra persona que necesitaba médula. Me puse en contacto con la Fundación José Carreras para obtener información que enseguida me hicieron llegar con un teléfono de contacto. Iba a llamar justo cuando recibí otra llamada de un familiar contándome que le habían diagnosticado leucemia mieloide aguda megacarioblastica (M7) a Iraitz, con sólo cuatro meses, al que por ahora, sus padres, todavía tienen fuerza para arrancarle alguna sonrisa desde su cama en el hospital.

Es sorprendente hasta que punto cambia nuestra percepción del sufrimiento cuando éste se ceba en alguien cercano. El mundo parece detenerse durante unos segundos.

Y cuando lo que podemos hacer por alguien que sufre es tan relativamente sencillo y en cambio lo que se recibe es tan grande, tan grande como la vida, no puedo dejar de pensar en lo importante que es ser donante con especial incapié en serlo de médula, un tipo de donante tan escaso como necesario. Un donante que todos podemos llegar a necesitar para nosotros o alguien a quien queremos mucho.

Lo que os pido no es que os lo pida únicamente por Iraitz y sus padres porque les quiera al ser cercanos a mi, sino por él y por todos los que tienen alguna oportunidad más, por pequeña que sea, de salvar la vida gracias a tu decisión de donar médula ósea.

Ahora sólo deseo que el proceso de comparación sea lo más rápido posible y me llamen porque me han encontrado una compatibilidad. Soy consciente que es poco probable que casualmente sea compatible con Iraitz,  pero ójala entre todos podamos encontrar esa oportunidad que merece Iraitz, los otros niños de la sala de tratamiento y todos los demás pacientes del mundo, sin importar su edad, para que puedan seguir sonriendo como todavía lo hace este pequeñín.

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Si tienes entre 18 y 55 años y quieres donar, por favor visita:

http://www.fcarreras.org/es/

Si sois del País Vasco, por favor, poneos en contacto aquí con la coordinación de donantes:

OSAKIDETZA
Coordinación de Trasplantes
Alameda de Recalde, 39 A
48008 Bilbao

Telf.: 94 403 36 01

Vale la pena.

 

Gracias

Mario Pena (si quiere contactarme haz clic en este enlace en el que hay un correo para que me puedas escribir)

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Una de esas pequeñas historias

Ser donante de médula

Ser donante es algo muy importante y positivo se mire como se mire. Es un acto de responsabilidad y justicia para con los demás que satisface enormemente a quien lo es. Pocas veces se puede hacer algo tan generoso, con tan increíbles y positivas consecuencias y que tan poco nos afecte físicamente. Os pido, por favor, que consideréis ser donantes de médula. Somos muy pocos y necesitamos más.

Para más información haced clic aquí: http://www.fcarreras.org/es/

Si por casualidad sois del País Vasco, os ahorro algo de trabajo, debéis contactar aquí que os atenderán enseguida y muy bien:

OSAKIDETZA
Coordinación de Trasplantes
Alameda de Recalde, 39 A
48008 Bilbao

Telf.: 94 403 36 01

Ser donante de médula

Preguntas que imaginaste hacer

A continuación un relato inspirado en hechos reales. No voy a decir las preguntas reales, porque deseo mantener el anonimato debido a la persona que me ha contactado, así que voy a poner preguntas imaginarias para que se entienda lo que me ha pasado hoy, que ha sido muy gracioso, por decir algo.

Imaginad que alguien os escribe y hace la siguiente pregunta:

– Hola, quisiera saber si las peras crecen de árboles o de arbustos. – A lo que yo naturalmente respondo:

– Gracias por contactar. Las peras crecen de árboles. Atentamente y tal y cual…

Vale, al poco rato recibo otro correo en respuesta que dice:

– Eso que dices es cierto, pero mi pregunta era cuántos tomates hacen falta para preparar gazpacho para cuatro.

Ante tal corrección me quedo ojoplático y perplejo y respondo tras uno s minutos de desconcierto:

– Gracias por la aclaración, pero como decías “quisiera saber si las peras crecen de árboles o de arbustos” y no comentabas nada del gazpacho, pues había deducido que el tema eran precisamente las peras. Sobre el gazpacho mi recomendación es… (tal y cual).

Finalmente el tema queda aclarado. Había hablado por teléfono con alguien sobre un tema y había hecho una pregunta por mail por otra cuestión. Sumando que estaba respondiendo presumiblemente en ruta con un smartphone, se ha dado cuenta de la confusión y queda todo ya explicado.

En fin, una anécdota más sobre “aquello que damos por sabido” y los riesgos de las prisas y  la lectura en diagonal.

Cosas veredes amigo 😉

 

 

Preguntas que imaginaste hacer

Tienes que encontrar lo que amas

Discurso de Steve Jobs en comienzo de curso en Stanford en 2005.

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Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.

Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.

No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.

Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.

Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.

Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Meno Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.

Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue insensato”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue insensato. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.

Seguid hambrientos. Seguid insensatos.

Muchísimas gracias a todos.

Steve Jobs (1955-2011)

Tienes que encontrar lo que amas