Catarsis

Hace un tiempo le pregunté a una miembro del Partido Popular, Juana Benogechea, sobre su opinión acerca de la creciente brecha entre la clase política que debería representarnos y la sociedad que cada vez en mayor medida se siente menos representada y se da cuenta de la pleitesía que algunos rinden a los grandes acaparadores enconómicos.

Esa pregunta, de hecho, se la hice a varios políticos de diferentes colores y curiosamente, y contra todo pronóstico la mejor respuesta fue la que comenté. Tal vez tenga que ver con el hecho de que Juana es historiadora y su respuesta, pueda en contexto es especialmente reveladora.

A su mente, decía, venía la palabra “catarsis“. Llegaban momentos en la historia en que algo dramático ocurría y había quienes ya no aguantaban más y estallaban para purificar la situación. Eso le preocupaba.

Estamos en una situación pre-catarsis social. Algo va a ocurrir antes que tarde y de hecho ya está empezando a ocurrir.

Cada vez más gente tiene menos miedo y está actuando y cuando sabemos que es ellos o nosotros, cuando lo dejan bien claro, el final de un periodo está llamado a llegar antes de lo esperado.

Y lo que ocurra no será bonito, pero sí será inevitable. Porque unos no lo han querido ver y otros lo aprovecharán en su beneficio. Entre medio estará el dolor, la ira, la rabia y muchísima gente que sentirá que no tiene ya nada que perder. La gente herida, como decía en “Luna de Hiel” es la más peligrosa, porque sabe que puede sobrevivir.

Lo que también debe quedar meridianamente claro a aquellos que se burlan de todos esos ciudadanos preocupados y cada día más furiosos, es que no hay marcha atrás. Estamos entrando en el lago de sangre y muchos no estamos dispuestos a vivir una nueva dictadura absoluta. Tal vez algo se haya roto para siempre. Tal vez ya no se pueda arreglar. O tal vez no queramos arreglar algo tan roto y prefiramos construir algo nuevo.

 

 

 

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