Repetid conmigo: No nos lo merecemos

No, no nos lo merecemos. Cada vez que leo y escucho que “nos lo merecemos”, cosa que incluso yo digo con demasiada frecuencia, me siento mal. No, no nos lo merecemos. No basta con decir que nos lo merecemos y ya está. Como si eso fuera la justificación para no hacer nada ante los corruptos. No, hay mucha gente que no vota porque no puede por muchos motivos, no quiere, o no lo hace a ciertos partidos y que por lo tanto no se lo merece. Gente que vota a partidos más humildes y no se lo merece. Hay gente que ha votado y se ha dado cuenta de su error al votar a ciertos partidos que ya no, no se lo merece.

Sé que lo decimos en relación a otros, los que no piensan, los que como corderos camino del matadero votan y votarán siempre a los del otro equip… digo, partido.

Pero esos no somos todos. Cada vez somos más lo que somos críticos, los que no aguantamos tontadas y los que estamos mucho más allá de nuestros límites. Y la autocomplacencia con nuestra fatal capacidad de ver lo correcto y lo justo no vale ya. No podemos mirar para otro lado, no podemos consentir que nos lo merezcamos porque no nos lo hacemos. Nosotros cumplimos nuestra parte del contrato y podemos, mejor dicho, tenemos que exigir a la otra parte que cumpla el suyo o se atenga a las consecuencias. Ya vale. Ya vale ya.

Repetid conmigo: No nos lo merecemos

Un sistema corrupto

Aaron Swartz se ha suicidado hace unos días, pero no podemos olvidar nunca que su muerte tiene culpables. Y la culpa principal cae sobre la corrupción de un sistema que ha llevado la defensa a ultranza de una concepción maximalista del copyright a una mera de nueva religión que aceptas o te convierte en un hereje. A Aaron Swartz lo conocí en 2008 cuando tenía apenas 22 años y me abrumó su inteligencia y compromiso por hacer el mundo un poco más justo sin pedir nada a cambio. Al conocerle supe que había esperanza.

aaron in memoriam

No sólo fue uno de los más importantes activistas por la libertad en Internet al salvarnos de, junto a otros, la Ley SOPA,  sino que aprendió y comprendió los entresijos de la gestión del poder en el Congreso de los Estados Unidos para lograrlo.

Pero Aaron no pudo con un sistema que le quería encarcelar más de 50 años por el peligroso crimen de intentar compartir conocimiento científico de forma abierta y gratuita. Y no olvidemos que un sistema corrupto sólo es posible si la ciudadanía lo acepta e incluso premia. Debemos de ser intolerantes con los corruptos, empezando por los políticos y siguiendo con todos los demás; o corremos el riesgo de seguir tratando a los héroes de nuestro tiempo, Brad Manning, Julian Assange o el propio Aaron Swartz como criminales, cuando son justo lo opuesto.

El potencial de Aaron era enorme. Y cumple la premisa de Blade Runner de que “aquello que brilla con el doble de intensidad dura menos tiempo” y Aaron ha brillado tanto en tan poco tiempo…

Un sistema corrupto

¿Porqué gastar tanto explorando el espacio?

De vez en cuando nos entran, a todos, dudas sobre la necesidad de gastar tanto dinero en la exploración espacial. Personalmente creo que el gasto en investigación espacial palidece ante el enorme gasto en la industria militar, pero eso tampoco, sin más, justificaría un gasto superfluo cuando hay tantísima gente que tiene sus necesidades más básicas sin cubrir. En este sentido se ha escrito y debatido mucho. Recomiendo leer a Carl Sagan, y también esta notable carta del director científico asociado de la NASA en los años 70:

Versión en inglés, versión en español.

Una pequeña perla para situarnos:

“Antes de intentar describir en más detalle cómo nuestro programa espacial contribuye a la solución de nuestros problemas en la Tierra, me gustaría relatarle brevemente una supuesta historia real. Hace 400 años, vivía un conde en una pequeña aldea de Alemania. Era uno de los condes benignos, y daba gran parte de sus ingresos a los pobres de su aldea. Eso era muy de agradecer porque la pobreza abundaba en los tiempos medievales y había epidemias de plaga que asolaban con frecuencia el campo. Un día, el conde conoció a un extraño hombre. Tenía una mesa de trabajo y un pequeño laboratorio en su casa, y trabajaba duro durante el día para poder permitirse algunas horas de trabajo en su laboratorio por las noches. Tenía lentes pequeñas hechas de trozos de vidrio; montaba las lentes en tubos y usaba esos aparatos para mirar objetos muy pequeños. El conde estaba particularmente fascinado por las minúsculas criaturas que podían observarse con grandes aumentos, y que nunca antes habían sido vistos. Invitó al hombre a mudar su laboratorio al castillo, a convertirse en un miembro de su casa y a dedicar desde entonces todo su tiempo al desarrollo y perfeccionamiento de sus aparatos ópticos como empleado especial del conde.

Los aldeanos, sin embargo, se enfadaron cuando se dieron cuenta de que el conde estaba desperdiciando su dinero en lo que ellos consideraban una payasada sin sentido. “¡Sufrimos por la plaga,” decían, “mientras le paga a ese hombre por un hobby sin utilidad!” Pero el conde permaneció firme. “Os doy tanto como puedo,” dijo, “pero también apoyaré a este hombre y a su trabajo, porque creo que un día algo útil saldrá de ello.”

Realmente, salieron cosas muy útiles de ese trabajo, y también de trabajos similares hechos por otros en otros lugares: el microscopio. Es bien sabido que el microscopio ha contribuido más que cualquier otro invento al progreso de la medicina, y que la eliminación de la plaga y de muchas otras enfermedades contagiosas en todo el mundo es en buena parte el resultado de los estudios que el microscopio hizo posibles.

El conde, al reservar algo de su dinero para investigación y descubrimiento contribuyó mucho más al alivio del sufrimiento humano que lo que hubiera conseguido dando a su comunidad asolada por la plaga todo lo que pudiera ahorrar.”

¿Porqué gastar tanto explorando el espacio?

Perla en la ciencia y sus demonios

Me gusta mucho el blog LaCienciaysusDemonios. En uno de sus últimos posts he encontrado una perla que quiero compartir:

 

“Por poco que analicemos todo esto, nos daremos cuenta de que hacia donde realmente nos conducen estas actitudes es a un importante retroceso cultural y social. Se desprecia el conocimiento, abriendo camino a los explotadores de verdad, a todos aquellos que se benefician de una población inculta que teme más a la información y al conocimiento que a las cadenas.”

Texto bajo licencia http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/ por J.M.

Ver artículo completo en:

http://lacienciaysusdemonios.com/2013/01/09/ano-nuevo-magufadas-nuevas/

Perla en la ciencia y sus demonios

¿Me pierdo tanto?

Me encanta el cine, me encantan las películas, yo era un gran coleccionista, un cliente ejemplar, pero con lo que ya no trago por más tiempo es con la industria repugnante que con escusas baratas insulta y desprecia día sí y día también a los ciudadanos, espectadores, clientes y potenciales clientes por una única razón auténtica: no son capaces de innovar en el entorno que está comenzando de contenidos digitales. Así que ya no les compro, o mejor dicho, compro lo menos posible. Y la gente dice que me pierdo mucho pero ¿realmente me pierdo tanto? No ver películas nuevas, tengo muchísimas que ya adquirí o conseguí de una u otra manera, ¿me produce tal pérdida?

No estoy seguro. Puede que ocasionalmente me pierda alguna joya, pero en términos globales ese tiempo que hubiera tenido que dedicar a esa joya, además de excesivo dinero que no me puedo permitir ya gastar, lo puedo dedicar a encontrar alguna de esas otras joyas, que en el dominio público, me aguardan. Hablo de libros, música o viejas películas que me están esperando y que nos esperan a todos.

En el fondo las joyas no únicamente son las nuevas o las novedades. Hay joyas del cine y la literatura que ya existen desde hace tiempo, que son accesibles desde el dominio público, que nos están esperando escondidas tras el resplandor brillante de las enormes campañas de mercadotecnia que eclipsan con su áurea el hecho de que casi todo lo realmente novedoso y avanzado ya ha sido filmado, grabado, escrito o pensado antes.

¿Me pierdo tanto?