Una vez salí al exterior

Una vez, hace años, salí al exterior. Era un lugar gris, oscuro, frío, con una extraña luz que parecía venir de una inmensa y lejana bombilla que se escondía tras una especia de techo semitransparente. También vi algo parecido a seres humanos, encorvados, guiados hacia un destino fatal por pequeñas pantallas, único color en un mundo ajado. Esa extraña zanahoria colgaba de unos brazos aparentemente inútiles si no fuera por haber atisbado fugaces movimientos de unos apéndices parecidos a dedos. No hablaban, sólo miraban. Entonces supe que el exterior no era para mi. Sentí terror y corrí a refugiarme en la realidad de mis dos pantallas, en el cálido y acogedor regazo de Facebook, Twitter, Meneame y mi pequeño blog.

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Una vez salí al exterior