Contando un proyecto otros ven lo que tu no

Estoy metido en el proyecto iboria.com y si bien está en una fase temprana, lo cierto es que la mayor parte realmente importante está bien definida por lo que estoy aprovechando para contar cosas de él por ahí para obtener feedback e ir estudiando colaboraciones.

Una de las cosas más interesantes me recuerda a un capítulo de la serie “House” en la que a una misma paciente con una única enfermedad, distintos médicos, según su especialidad, le hacían una diagnosis distinta, encontrando pruebas de una enfermedad relacionada con la especialidad de cada uno.

Como iboria es un tema de modelo de negocio para contenidos digitales, e involucra a contenidos, creadores, usuarios, tiendas, perfiles de uso, y marcas, según con quien hable, cada uno da un veredicto distinto. Si hablo con alguien especializado en marcas incide en que es una herramienta ideal para marcas, si hablo con alguien especialista en contenidos, incide en que es una herramienta para la distribución lógica de contenidos, otros ven que es algo que sirve para el “customer behaviour” y así sucesivamente.

Digamos que otros ven en tu proyecto como parte fuerte o principal aquello sobre lo que más controlan. ¿Ayuda? Sí, pues permite ver fortalezas y debilidades que no habías previsto, pero por otro lado pueden inclinar que te esfuerces en una parte que realmente no es el núcleo de tu objetivo inicial, por lo que hay que tener especial cuidado de no perder el foco.

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Contando un proyecto otros ven lo que tu no

Amazon y los music lockers

Hace tiempo que me di de baja de Amazon tras su vergonzosa actitud ante el caso Wikileaks por lo que dudo que llegue a usar su nuevo “digital locker” para escuchar la música que tengo, pero no deja de ser interesante reflexionar sobre estos servicios que sin duda son claves para entender el futuro de los modelos de negocio.

1) ¿Qué pasará si en estos lockers en el futuro podemos almacenar algo más que música, como información de Wikileaks? ¿Lo cerrarán? ¿Hasta qué punto está “seguro” aquello que subimos?

2) ¿Qué consecuencias legales podemos llegar a enfrentar los ciudadanos por tener cierto tipo de contenidos que en el futuro alguien considere ilegales e incluso inmorales?

3) ¿Porqué los productores quieren que compremos de nuevo la misma canción una y otra vez para disfrutarla en otro dispositivo distinto?

El punto 3 es clave para comprender de dónde venimos a hacia dónde vemos: El principal obstáculo para este tipo de, por otro lado evidentes, sistemas de almacenamiento de entretenimiento en la nube, es que cuando compramos una canción, no estamos adquiriendo la obra en si, no la podemos vender; estamos obteniendo un permiso para un propósito concreto. Estamos, en pocas palabras, adquiriendo un derecho de uso que no incluye otros. Así que por esa simple lógica, para poder hacer streaming de un sistio web a un dispositivo, debemos volver a pagar por un nuevo permiso.

La realidad de lo inmaterial no es así,  pero eso no les importa a los que codician que se pague más por lo mismo.

La clave de la lucha digital pasa por unos señores que intentan replicar un modelo de escasez analógica de la copia de obras, que en lo digital es imposible.

Lo que es escaso es el hecho de crear contenidos de calidad, no la copia de éstos. Harían mejor esos señores en ofrecer ellos mismos esos “music and movie lockers” donde pudieramos volcar todo lo que ya tenemos, se haya pagado o no, y que rentabilizaran de otra manera esos usos y costumbres que, por otra parte, no van a desaparecer a golpe de criminalizar.

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Amazon y los music lockers

Víctimas colaterales de las guerras del copyright

Hubo un tiempo en el que las leyes del copyright tenían sentido: protegían a los creadores del abuso de los editores y los distribuidores.

Hoy las leyes del copyright están usando por esos mismos editores y distribuidores para luchar contra los usuarios que querrían acceder de manera más cómoda y económica a lo que los creadores hacen.

En esa descarnada lucha de temperamentos, opiniones, errores y falacias el creador es uno de los principales perjudicados, pues es la cabeza visible, el escudo humano vilmente utilizado por otros que no quieren dejar de intermediar aunque su papel deberían cambiar, minimizarse e incluso en ocasiones desaparecer.

El otro perdedor es el usuario, el fan, el coleccionista.

Sin embargo el propio editor y distribuidor está igualmente perdiendo, pues nada contra la marea que obliga de facto a un cambio legislativo, pero también social, de lo que se entiende por copyright; porque si intentas competir directamente con tu cliente objetivo, perderás.

¿Y quién gana? Sinceramente, si fuera proclive a las conspiraciones paranoicas, creo que me inclinaría a pensar que son los abogados los grandes beneficiados. Porque no olvidemos que judicializar los usos y costumbres de la nueva generación de usuarios de las tecnologías es síntoma de que algo está profundamente mal. Si alguien es capaz de pensar que sus propios hijos son criminales por el simple hecho de copiar y pasar copias de obras sujetas al monopolio forzado de unas leyes basadas en una simple opinión, que fue preponderante hace trescientos años, en detrimento, no de todos, sino de algunos modelos de negocio, algo está profundamente mal.

Víctimas colaterales de las guerras del copyright

1.600 km a 110km/h de máximo en dos días. Una experiencia personal

110
110 by rodcastro CC by-nc-nd

Os quiero contar mi experiencia poniendo a prueba, pero de verdad, el límite máximo impuesto por el Gobierno de España para tratar de ahorrar la factura energética de la nación.

Entiendo que no es un análisis riguroso y me limito a mi experiencia y apreciaciones, así que en forma de puntos voy señalando mis observaciones por si pueden contribuir al debate.

1) Vehículo y condiciones: Peugeot 308 SW HDI 1.6 110cv. Control crucero y seis velocidades (sexta usada a 110 siempre). Uso normal de radio y climatizador (no entró el AA en ningún momento) Temperatura: entre 0 y 9 grados la mayor parte del viaje, llegando hasta 18 grados al mediodía. Despejado, sin lluvia. Neumáticos nuevos.

2) Ruta: Madrid ida y vuelta 1.000km aprox. Zaragoza ida y vuelta 600km aprox. Ambos desde Irún, Guipúzcoa.

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a) La experiencia general no ha sido tan mala como esperaba: he respetado escrupulosamente todos los límites para compararlo con la conducción previa en la que también respetaba el límite de 120. En una ocasión, cuando no iba con control de crucero he pasado ligeramente de los 110 hasta acercarme a los 120. Fue sin darme cuenta.

b) Se tarda más tiempo: más de hora más entre ida y vuelta a Madrid si bien se va más relajado, forzando menos los neumáticos y la suspensión. Hay que poner en valor económico ese tiempo que se deja de emplear para algo productivo, e incluyo el descanso y estar con la familia.

c) Se ahorra combustible: En mi caso sobre los 0,7 litros cada 100km, pude que algo menos. En general a 120 de máxima suelo consumir sobre los 5,5 a 5,4 litros de diesel a los 100, pero a 110 de máximo ha oscilado entre 4,8 a 4,7 en la ruta de Madrid (ida y vuelta respectivamente) y 5,0 a 4,8 en la ruta a y de Zaragoza. De forma aproximada he ahorrado 15 euros en combustible los dos viajes (que supone unos 300 km más de autonomía). En cambio conozco un caso de un compañero de trabajo que dispone de un vehículo de mayor eficacia eficiencia que sólo ha ahorrado 0,1 litros a los 100, de 4,7 a 4,6 4,6 a 4,5.

d) Todos me adelantaban: Bueno, no todos, pero sí es cierto que yo era de los pocos que respetábamos escrupulosamente los límites de velocidad. En la ruta a Madrid pude contar con los dedos de la mano los turismos que iban a mi misma velocidad o aproximada. La mayor parte iba más rápido y sólo adelante a dos que irían a 109 o similar. En cambio en la ruta a Zaragoza la mayor parte de los vehículos iba sólo sensiblemente por encima de mi velocidad, pudiendo afirmar que casi todos respetaban más o menos la velocidad. En cambio adelanté a todos los camiones que son los que más consumen. No ha cambiado la afluencia de camiones y esto es lo que aumenta, a mi juicio, el consumo de energía en carretera. (Actualización: tal y como apuntan en los comentarios lo de la gente adelantandome es meramente anecdótico, no estadístico. En general mi apreciación subjetiva, en marcha, fue que en los trayectos a y de Madrid los coches me adelantaban mucho más rápido en en los de Zaragoza, no sé si es indicativo de algo. Pero vamos, que en otras ocasiones a 120 no me adelantaban tanto ni a tanta velocidad).

e) Conducción más eficaz al haber menos cambios de velocidad máxima: Esto es algo que me ha llamado la atención, pero antes había muchos tramos de ir a 120, luego a 110, luego a 100, luego a 120 otra vez y a los pocos metros 100 otra vez. Y si no vas a los máximos los de atrás se acercan e intimidan peligrosamente. Al eliminar los máximos de 120 a 110 hay más uniformidad en la velocidad, evitando acelerones y luego reducciones de velocidad innecesarios. La velocidad errática es negativa para el ahorro. Lo ideal es, observo, homogeneizar la velocidad en tramos próximos de carretera, no me importa que sea a una velocidad inferior, si se hace cumplir. De igual manera no tiene sentido algunos límites de 60 km/h e incluso 80 km/h en tramos que se pueden tomar tranquilamente a otras velocidades más altas. Conviene revisar estas limitaciones que sí realmente parece que están para poner multas y nada más. Eso o cambiar los peraltes con el dinero recaudado en multas en esos puntos.

f) Distancia de seguridad: Da igual que el límite sea 110 ó 100 si no se conduce eficazmente,  por lo que conviene ajusta la conducción al entorno y siempre buscando la máxima eficacia eficiencia. Una medida fundamental para ahorrar, evitar frenazos innecesarios está en mantener una distancia de seguridad generosa de tal manera que podremos usar el freno motor para reducir la velocidad y consumir menos en los vehículos con inyección electrónica.

Conclusión: Ir a 110 no está tan mal como me esperaba. Sí creo que se ahorra en energía por un lado pero dudo que tanto como lo que el gobierno espera. El problema es sistémico, logístico y de educación vial. Por otro lado se ahorra en neumáticos, frenos y suspensiones. Se va más relajado y se pasa más tiempo no productivo en la carretera. Que cada uno comente su experiencia. Creo que como ejercicio crítico es interesante.

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1.600 km a 110km/h de máximo en dos días. Una experiencia personal

Superstición y realidad en Japón

Tras el terrible terremoto y consecuencias de éste, como el tsunami, la emergencia nuclear en Fukushima y corrimientos de tierra, se suceden reacciones por el mundo.

Nos encontramos con personas que están radicalmente en contra de la energía nuclear de fisión que casi parece que desearan que algo horripilante ocurriera. No me siento fan de la energía nuclear actual, pero lo mejor es buscar información, comprender lo importante que es ésta en estos momentos y que sin duda lo que ha pasado ha sido terrible pero no hubiera dejado de serlo de no haber afectado a esas centrales nucleares.

Pero más me alarma que entre los trending topics de twitter tengamos el término “prayer” o rezo en español, como si rezar fuera a cambiar algo. No me entiendan mal, comprendo que en muchos casos es una forma de empatizar con ciudadanos hermanos que sufren en otro país. En muchos casos equivale a decir que nuestro pensamiento está con ellos y eso ya es de ayuda, no lo dudo, pero hay quien realmente se cree que rezando se logra algo, que un ser invisible e indemostrable puede interceder de alguna manera por los que hoy sufren en el país nipón.

Pero la figura denominada como “Dios” tiene tanta influencia a la hora de aliviar los problemas de la sociedad como a la hora de influir en que el terremoto y posterior tsunami se produjera; esto es, ninguna.

El terremoto, como otros que vendrán y otros que lo han precedido tiene un origen físico, geológico que se puede estudiar y analizar. Es sólo una pequeña, me temo que diminuta, muestra de que el planeta en el que vivimos existe actividad geológica.

Así ha sido desde el inicio y hasta el final. Se experimentarán fenómenos peores y menores en los años por venir, descubriremos fenómenos similares en tiempos pasados. En algún momento un super volcán hará explosión y de igual manera ningún dios, ningún ser supernatural consciente, habrá tenido nada que ver.

Y por cierto, en 2012 las cosas no serán distintas de lo que ha ido ocurriendo a lo largo de 4.500 millones de años. Puede que estalle un super volcán, que vivamos temibles terremotos, o puede que no ocurra nada de ello. Nada será muestra de que rezar haya solucionado o precipitado nada.

Empecemos a empatizar con los que sufren, empecemos a actuar de una manera u otra, empecemos a animar más la investigación científica porque; las construcciones resistentes a fenómenos sísmicos, sistemas de alerta temprana, preparación y conocimiento ciudadano es lo que evita más muertes y sufrimiento mientras los seres humanos dependamos de los fenómenos naturales a los que nos enfrentamos cada día; como cuando llueve, sale el sol, cae un meteoro gigante o estalla la caldera volcánica más grande de la Tierra.

Superstición y realidad en Japón

Confundiendo conveniencia con justicia

Alguna entidades de gestión de derechos de autor dicen que la sentencia Padawan es negativa para los ciudadanos y positiva para las empresas. Confunde, como es de costumbre, conveniencia con justicia.

No es ni justo ni legal cobrar un canon a las empresas, a los hospitales o a las guarderías y eso es porque las entidades jurídicas no pueden hacer, por ley, copia privada. No así los ciudadanos que sí tienen el derecho a la copia privada y por lo que se cobra el canon. Eso han dicho los tribunales y los de las entidades de gestión lo sabían, eran bien conscientes, son bien conscientes de que cobraban a quien no deberían, con el beneplácito de sus comprados políticastros.

Lo que pasa es que en su día según su ambición, que no realidad científica, cobrar sólo a los ciudadanos hubiera sido de difícil justificación así que fueron a lo conveniente, vamos a cobrar a todos en general un poco menos de lo que hubieran tenido que haber impuesto sólo a los ciudadanos que podemos hacer la copia privada,  porque al fin y al cabo los gobiernos del PP y PSOE, como cualquiera de los políticos actuales sólo quieren controlar más y más Internet y a los ciudadanos y estar del lado de los lobbys de industrias intermediaras del entretenimiento era “bueno”.

Ahora las cosas cambian y los que impusieron el canon a pesar de cualquier evidencia científica quieren seguir contando con el mismo dinero por lo que tendrán que exprimir aún más al ciudadano. Pero dejemos las cosas claras:

– Conveniencia no es lo mismo que justicia.

– Cobrar a empresas y organismos públicos (hospitales, por ejemplo) no es justo y no es legal.

– Ellos quieren el canon a toda costa aunque realmente no exista perjuicio para los creadores, porque ellos son intermediarios y quieren pillar parte del pastel, y sin canon no podrían.

– Ellos no exploran otras posibilidades, como innovar y crear nuevos modelos de negocio. Es más, sabotean cualquier posibilidad que no sea la de esperar cómodamente en su mesa el cheque de la ciudadanía y antes las empresas.

– Ellos no van a devolver el dinero del que se han apropiado injustamente.

– Ellos son los injustos, los inmorales y los piratas.

– Y algunos artistas con moneda de cambio en  manos de industrias de intermediarios que les piratean.

 

Confundiendo conveniencia con justicia

Es la competencia patanes, no la piratería

Perdón por el patanes, era sólo para llamar la atención 😀

¿Pirateas contenidos? ¿Cuánto pagarías por una película? ¿Y por una canción?

Son todas preguntas capciosas. ¿Porqué? Empecemos por el término piratería:

Como he sostenido muchas veces el término “piratería” no se aplica en muchas ocasiones correctamente, sino más bien dar apariencia de certeza a una mera opinión. La piratería es la que secuestra aviones y barcos, como algunos gobiernos hacen. Que alguien copie o comparta un contenido sujeto a todos los derechos reservados no deja de ser una presunta infracción de derechos de autor dependiendo de las circunstancias y la legislación aplicable.

Además alguien puede argumentar que el continuo incremento de los términos de validez de “todos los derechos reservados” es una piratería (legal) del dominio público. Otro podría decir que quitar a los jueces del proceso que debe decidir si una página de enlaces vulnera o no los derechos de propiedad de alguien es igualmente una forma de piratear la propia esencia de la democracia y la separación de poderes para dar un trato de privilegio a unos intermediarios que se niegan a cambiar o desaparecer.

Así que el tema, cuestiones morales a parte, se reduce a un mero cambio en las formas de consumo y acceso a los contenidos, sean culturales o de puro entretenimiento.

Yo nunca respondo a una encuesta que me pregunta si consumo contenidos pirateados, porque tal vez no sean contenidos pirateados. Si respondo que sí estoy validando la opinión de que algo que puede o no ser ilícito, lo es. Si respondo que no, lo valido igualmente ya que legitimo igualmente la pregunta, luego el supuesto. La pregunta no es correcta porque la respuesta fortalece el argumento subjetivo y rebatible de quien pregunta.

Tampoco es una pregunta válida el “¿cuánto estás dispuesto a pagar por una película?” que de igual manera que como ocurre con el término “piratería” asume que la forma correcta de remunerar al creador es pagando por el contenido directamente, como si no existieran otras opciones.

Vamos a recordar dos conceptos básicos, pero que muchos no comprenden: un tomate, no es comparable a la fotografía de un tomate.

No puedes producir cientos, miles de tomates iguales sin gastar proporcionalmente muchos recursos en forma de tierra, agua, sol, tiempo, arados, etc. Puedes en cambio producir cientos, miles, millones, billones de copias idénticas de fotografías de tomates sin apenas notar un incremento de coste en todo el proceso.

Eso es porque lo inmaterial, a diferencia de lo material, se puede copiar, creando obras idénticas sin que nadie pierda su propia copia en el proceso.

¿Es que no hay nada inmaterial en el tomate físico? Sí, la noción, el conocimiento de cómo se ha de cultivar. Eso sí se puede copiar. Alguien puede tener la fórmula, el conocimiento inmaterial para cultivar tomates, sin que el que lo ideó en primer lugar deje de poder cultivar con ese mismo procedimiento.

Eso nos lleva a la otra pregunta ¿no hay nada único y no copiable en el contenido digital? Sí que lo hay, el proceso de crearlo. Es único e irrepetible y cuesta tiempo, ergo dinero para muchos. Eso debe poder ser remunerado de alguna manera pero la venta y distribución de la obra per se no tiene porqué ser la única, ni mucho menos la mejor, opción viable. El precio por contenido no tiene porqué ser lo único que se cuestione.

Porque lo que realmente tiene valor es lo material, lo que no se puede o es difícil de copiar. Así el creador debe exigir que se pague por el trabajo que se hace, y si se obtiene un rendimiento económico de su obra. El objetivo de sus solicitudes debería ser el intermediario, si lo tiene, o el usuario final, si no tiene intermediario.

Pero insisto en que se debe de considerar el pago por lo no copiable ¿y qué puede ser esto? Pues el valor añadido, el servicio, la conveniencia por un lado, y la remuneración indirecta por otro.

Centrémonos ahora en lo primero: el valor añadido. Si se pretende que se pague por la copia y distribución de contenidos sin más, se compite con cada una de las personas que puede copiar y distribuir copias. La totalidad de personas, los ciudadanos que tienen una conexión a Internet o un llavero USB  portátil. Son además los que en última instancia pueden querer pagar por lo que hacen los artistas, por el trabajo que supone dar como fruto una obra.

La clave pues está en la experiencia tal y como ocurre en el hecho de ir al cine. No se paga por el contenido (al fin y al cabo no te quedas con la película para verla después), se paga por la experiencia completa. De la misma manera para conseguir que la gente quiera pagar a los creadores por lo que hacen, deberán competir de forma mejor y más efectiva. Como imponer un precio es un error, ya que impone una barrera que la copia individual entre particulares sin ánimo de lucro no tiene, hay que ofrecer el valor añadido de la comodidad en forma de reducidas tarifas planas con ubicuidad, segmentación, interacción con los fans, merchandising a precios reducidos, etc. El límite está en la imaginación.

Lamentablemente no anda la industria sobrada de imaginación cuando las únicas preguntas que se plantean son las arriba mencionadas. Igualmente leyes forzadas que llaman criminal a una generación completa sólo consiguen el efecto contrario al deseable, precipitando una rápida desafección de los consumidores hacia los artistas mientras los intermediarios, auténticos culpables de la crisis por no evolucionar, huyen con los dividendos.

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Es la competencia patanes, no la piratería