Exijo mi excomunión y la de todos los que pagamos impuestos

La Iglesia Católica nunca ha podido ser considerada como una organización coherente. Cuando leemos noticias como que el Vaticano apoya la excomunión de una niña de nueve (9) años tras haber abortado después de haber sido violada por un familiar (que no ha corrido la misma suerte de excomunión) uno se pregunta sobre las prioridades de una organización que tanta influencia supersticiosa mantiene todavía en muchos países. En su inevitable decadencia, la Iglesia se vuelve más agresiva, radical e intolerante.

Ocurren cosas horripilantes en este mundo, la Iglesia en lugar de luchar contra el auténtico mal, confunde y muestra su rostro más descarnadamente hipócrita.

¿Porqué hipócrita? Sigamos el curioso discurso de la postura ante el aborto de la Iglesia.

Según ellos es el más horrendo crimen y cualquier cómplice de tan execrable práctica debe ser excomulgado. Pues seamos consecuentes ¿vale?

Resulta que la gente vota a partidos políticos que contemplan el aborto, y resulta que la gente también paga impuestos para que los estados puedan mantener dichas políticas. Todos los que no sean desobedientes civiles, esto es, aquellos que activamente no pagan impuestos, son en consecuencia personas que directa o indirectamente permiten a modo de cómplices, el aborto. Lo que hacemos como contribuyentes a estados que tienen el aborto como una opción legal en ciertos casos es una cooperación necesaria para que un aborto se lleve a cabo.

Si bien yo no estoy de acuerdo con el aborto en muchos, muchísimos casos, sí estoy de acuerdo con él en ciertas circunstancias que considero deberían ser excepcionales. No voy a intentar justificar ahora mi postura, se basa en la idea de malformaciones graves y peligro para la vida de la madre, lo que quiero dejar bien claro, a efectos de que deseo ser excomulgado, es que pago mis impuestos, voto a partidos que tienen el aborto legal en sus programas y soy socio de organizaciones, como Amnistía Internacional, por lo que tengo que se excomulgado. Y como yo, millones.

Si realmente creen que el aborto es un crimen en todos los casos, sí o sí, sean consecuentes, señores religiosos y excomulguen a todos aquellos que obedezcan civilmente a gobiernos y partidos que lo apoyan. Haganlo ya y es posible que los estados se lo piensen dos veces. Si como dicen, la gente no quiere ser excomulgada, si sus feligreses ven prohibida la entrada a sus recintos, puede que dejen de pagar impuestos y fuercen un cambio de legislación.

Si no lo hacen ¿será por miedo a perder millones de “feligreses” de sus cuentas?

Sea como sea, si no lo hace, son unos hipócritas y merecen, igualmente, la misma excomunión con la que tanto amenazan a personas humildes que sufren lo que ustedes jamás serán capaz de comprender.

(P.D. No me considero parte de la Iglesia, que quede claro. Creo en la razón, la lógica, el sentido común, la ciencia, pero temo que la Iglesia me cuente en sus estadísticas pues fuí bautizado, comulgué e incluso hice la confirmación. Ahora me considero fuera totalmente de la superstición, pero nunca se sabe.)


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Exijo mi excomunión y la de todos los que pagamos impuestos

El odio religioso a las familias

No existe un único tipo de familia. Nunca lo ha existido a lo largo de la historia y probablemente jamás lo existirá. Ni es bueno ni es deseable, como no es bueno ni deseable que todas las personas sean y actúen de forma idéntica.

En California ha ganado una propuesta que atenta directamente contra el más elemental derecho de los humanos, el derecho a ser iguales. Todo se sustenta en el odio religioso, en el absurdo prejuicio de una supuesta enseñanza de un supuesto dios. ¿Es deseable seguir a un dios que pide y exige el sufrimiento de personas que se aman?

Don't divorce love

Si volvemos al concepto de familia, la familia la forman personas que se quieren. Ahora tenemos a 18.000 matrimonios (sí, matrimonios) que corren serio peligro. En el fondo no podrán borrar el hecho de que se amen, pero borrarán su derecho fundamental a ser plenamente felices y reconocidos como lo que son, familias, como muchas que han existido y muchas que existirán. De hecho serán más familia que muchos de esos fanáticos que viven sumidos y consumidos por el odio, el dogma y el prejuicio. En su mente, esos fanáticos, son presos de su propio miedo y odio a reconocer que están siendo vilmente manipulados por los que se dicen salvadores de toda moral.

Os pido a los que creéis en la monolítica concepción de familia que observéis el dolor que producís y alentáis, el sufrimiento y que analicéis si vuestro mesías realmente querría eso. Si ese sufrimiento os parece bien, pues bueno, lo lamento y siento auténtica lástima por vosotros. Si en cambio preferís seguir la enseñanza de amor que os deberían haber mostrado como lo principal, no dudaréis en rechazar a esos falsos profestas que os conminan a odiar al propio amor que dos personas, independientemente del sexo que tengan, puedan sentir.

Os animo a los que defendéis una forma única y aséptica de “familia” que miréis de cerca las familias que queréis destruir. ¿Quién está pues a favor de las familias, el amor y el supuesto mensaje de vuestro Jesús?

Hoy los religiosos fanáticos dicen que las parejas homosexuales no pueden llegar a ser matrimonios. Mañana las personas que no nos creemos las fantasías religiosas podemos correr el mismo destino.


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El odio religioso a las familias