Libros con DRM o cómo hacerlo con un rallador de queso

El hombre es el único animal que tropieza más de una vez con la misma piedra. Es cierto. De hecho es el único animal que tropieza siempre con la misma piedra; que a pesar de ver un cartel con lucecitas y todo que dice “cuidado con la piedra”, el hombre se da la vuelta y vuelve a tropezar… Y Así una y otra vez  hasta la nausea.

La industria de los ebooks ha optado por poner DRM a sus contenidos en un desesperado intento de controlar a esos díscolos y criminales lectores. Esa es la maravillosa solución por la que han optado. De poco ha servido ver cómo de bien han funcionado esas soluciones a la industria de intermediarios de la música ¿cómo servirá a la publicación de ebooks?

Lo diré claro parafraseando a Ford Fairlane: “poner DRM en un libro es como hacerselo con un rallador de queso, por un lado es algo que no puede durar pero que sobre todo es doloroso”.

Porque poner un DRM envía varios mensajes a los lectores:

1.- Sois unos criminales en potencia con demasiado de esa cosa tan hippie llamada libertad. Tenemos que controlaros cueste lo que cueste.

2.- Como lo digital se puede copiar y compartir sin casi costo, pero preferimos en vez de un supuesto ahorro o bajada real de precios seguir ganando más si cabe, tenemos que crear una falsa ilusión de escasez de libros para que pageis sin rechistar lo que marquemos.

3.- El contenido podrá desaparecer a nuestro criterio.

4.- El contenido con DRM es un contenido DoA (Dead on Arrival). Debido a la rápida obsolescencia de la tecnología un contenido con DRM está condenado a desaparecer mucho antes que uno que no lo lleve.

Pretender seguir engañando la realidad creando una escasez donde no existe, en un entorno en el que cada vez más escritores de calidad van a poder encontrar mecanismos y sistemas para llegar de forma más directa a sus lectores, donde el DRM es un desafío para hackers, donde la preservación de la cultura debería ser una prioridad, meter DRM en los contenidos es sin duda la peor opción tanto para el lector, el creador, como para los posibles modelos de negocio realmente sostenibles.

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Libros con DRM o cómo hacerlo con un rallador de queso

Cuando no hay argumentos científicos se dice que los demás están peor

Supongo que tenemos los políticos que nos merece, ni más ni menos. ¿Cómo se entiende uno de los argumentos estrella de los políticos ante la ley de la aniquilación de Internet si no?

El argumento viene a ser éste: la Disposición Final Primera de la Ley de Economías Sostenible es buena porque en otros países las propuestas son mucho más restrictivas.

¡Y se quedan tan anchos!

Vale ¿es eso un argumento? ¿Nos quedamos tan tranquilos? Ojo, he escuchado a presentadores y leído entrevistas y los periodistas no dicen nada. ¿Qué hace que algo sea bueno porque en otros sitios se haga algo peor? Respuesta fácil, nada. Y eso sin entrar en si realmente esta medida no es peor que las otras, pero no voy a entrar en eso ahora.

Pongo ejemplos extremos. La pena de muerte es buena cuando hay violaciones o asesinatos, porque en China la aplican también por tráfico de drogas o corrupción, o porque no son garantistas en los juicios.

¿Y saben porqué pasa? Porque las medidas anti-internet y anti-ciudadanía no se apoyan en la ciencia, es decir en evidencias. Tienen que soltar el primer argumento tramposo para evitar el debate porque no tienen nada con lo que contra argumentar.

Que algo sea peor no convierte algo automáticamente en bueno. Es y será malo como tantos estudios y análisis avalan.

Si alguien te dice algo así responde que algo puede ser malo independientemente de que en otros sitios se presuma que se hace algo peor y que esa técnica es la típica que se esgrime para justificar continuos recortes de nuestras libertades. Algún país se aventura un poco más allá y los otros le siguen cada uno a su paso diciendo que tal o cual es mucho más restrictivo (una mala escusa no será un argumento jamás). Así, poco a poco acabamos todos cada vez más igualados, pero para lo malo.

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Cuando no hay argumentos científicos se dice que los demás están peor

Amazon elimina copias compradas de “1984” y “Rebelión en la Granja” de Orwell

by Surfstyle CC by
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La industria del entretenimiento piratea la cultura que en un mundo sano sería hace tiempo de la humanidad a la que pertenece. La infinita ironía nos demuestra la fragilidad del “cloud computing” o “cloud storage” ante lo infinito de la estupidez humana.

Cuando leo una noticia así, la rabia que siento resulta casi logra marearme, y no tanto por lo que hacen algunos necios, sino porque somos los ciudadanos los que lo consentimos. Hemos consentido al no exigir un cambio radical en la leyes de “propiedad intelectual”. Pirata es gran parte de la industria del entretenimiento, no los ciudadanos que comparten. La piratería, además del plagio, es precisamente lo que ha hecho el editor de estos libros y Amazon.

Si alquien quiere realmente comprarse un Kindle debería pensarselo dos veces.

Por desgracia en el futuro, con la popularización del consumo por streaming, seremos testigos tal vez mudos y sordos de más noticias como ésta. Spotify es un ejemplo de producto que puede y de hecho sufrirá de lo mismo. Se controlará qué está disponible y qué no, qué debemos consumir o qué debemos dejar de poder acceder. El propio concepto de que los contenidos estén online está puesto en entredicho e incluso proyectos honestos en este sentido pueden verse muy negativamente afectados por ciertas actitudes que flirtean con el totalitarismo más recalcitrante.

No existe una solución a gusto de todos, pero tal vez el “cloud storage” y “cloud computing” ideal no será el de unos pocos ofreciendo sitio, contenidos y potencia de computación, sino la vieja idea de que sean los ordenadores de los ciudadanos los que lo ofrezcan de forma infinitamente redundante gracias al p2p, y todo con el objetivo de preservar la cultura que nos ha sido pirateada durante varios siglos por una mala interpretación de quién es dueño de qué… en lo que a autoría se refiere.

Por suerte yo tengo ambos libros de Orwell desde hace muchos años en mi estantería. En papel, comprados, leídos y releidos. Gracias a ellos he aprendido sobre lo que algunas industrias pretenden hacer con su doble pensar, con su control de la palabra escrita.

Es hora de que reclamemos sin un atisbo de vergüenza, lo que por derecho es de la humanidad.

Al menos todavía hay esperanza.

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Amazon elimina copias compradas de “1984” y “Rebelión en la Granja” de Orwell