La muerte a 111

Hace tiempo que supe que los políticos que nos gobiernan, y gran parte de la oposición, son incompetentes, o estúpidos, o ignorantes o idiotas o todo lo anterior y con alguna que otra excepción.

Pero poner una multa de 100 euros por ir a 111 kilómetros por hora para mi significa muerte.

Muerte por haber conductores pendientes de ese kilómetro de más y estar menos pendiente de lo que pasa en la carretera. Eso es lo que es.

Cansado de imbéciles que no saben qué hacer tras su desgraciada gestión. Cansado de mentirosos, de gentuza que se burla de los ciudadanos. Sólo me conforta saber que cada vez hay más gente que ya no os compra, y que a partir de ahora todo os va a ser más difícil y algo acabará ocurriendo que os pondrá en vuestro sitio de repugnantes seres irrelevantes.

La muerte a 111

Algo está profundamente mal

… cuando el que revela las atrocidades cometidas en secreto por su gobierno puede ser condenado a muerte

… cuando los políticos se alían para permitir inculpados de corrupción en sus listas

… cuando se conocen crímenes contra la humanidad y se persigue al mensajero en lugar de a los criminales…

… cuando gobiernos de países practican la piratería y no pasa nada

… cuando de pronto el primer mundo descubre decenas de dictaduras a su alrededor con las que negociaba tranquilamente

Los medios están comprados. Los votantes estamos ciegos. La paciencia de algunos se acaba.

Algo tiene que pasar y tiene que pasar en todos y cada uno de nosotros.

Algo está profundamente mal

Miedo al peor

Dice V que “el pueblo no debería temer a sus gobernantes, sino los gobernantes al pueblo“.

Cuando los ciudadanos tememos al gobierno actual o al gobierno futuro es que algo está muy mal. Francamente mal. Debemos hacer una reflexión profunda, tal vez idealista, pero no debemos seguir soportando ese temor.

Me encuentro con gente que ante #nolesvotes tiene miedo de que los que ganen elecciones sean peores que lo que ya tenemos. Otros tienen miedo de los pactos serviles que los partidos alternativos puedan formar. En definitiva, que no parece haber alternativa, no hay solución. El sistema está corrupto.

Yo percibo miedo. Miedo e impotencia.

Es normal tener miedo, pero no deberíamos tener miedo del gobierno actual o futuro. Deberíamos tener más miedo de nuestra inacción.

Creo que sí existe un problema grave, un problema que subyace en el pueblo que consiente ser manipulado a sabiendas. Sí creo que la democracia, tal y como está ahora, es una charada de mal gusto. La gente vota a un partido porque el otro es peor, o por costumbre, o a pesar de la corrupción, el engaño y la mentira. Parafraseando de nuevo a V, algunos son más responsables que otros, pero si queremos ver a los culpables no tenemos más que mirarnos en el espejo. Creo que es muy acertado.

No creo que podamos ver un cambio sustancial en el corto plazo. Creo que debemos aprender como niños a caminar, a ejercer esos derechos olvidados. Debemos aprender a hablar de nuevo, a movernos, a no golpearnos una y otra vez. Y el movimiento se demuestra andando, no quedándonos cínicamente quietos, esperando lo mejor, que el cielo no se caiga sobre nuestras cabezas. Y lo cierto es que se está cayendo.

El sistema es una pantomima porque hemos dejado que se convierta en eso y por eso mismo debemos usarlo para hacer una declaración, para enviar una señal, para realizar una comunicación. El gobierno y los políticos en la oposición debe tener miedo al pueblo, pero no al pueblo manipulable, sino al pueblo de los ciudadanos que se informan, detectan la mentira, saben que todo es una farsa y quieren recuperar su voz.

No todas las leyes son del gusto de todos, es cierto, pero la mentira, el abuso y la manipulación no es una ley; es una forma de gobernar y hacer política que no debemos consentir.

Y por eso no debemos tener miedo a las consecuencias. Cuando peor están las cosas, cuando identificamos un enemigo común es cuando más nos unimos, cuando mejor luchamos, cuando más posibilidades tenemos. Como siempre lucharemos contra las crecientes dificultades, pero si hemos logrado hacer llegarles un mensaje claro y conciso, cada vez lo tendrán más difícil el manipular y mentir. Pero lo que es seguro es que por la noche podremos dormir un poco mejor que aquellos que prefieren el miedo o no hacer absolutamente nada.

Es hora de hackear el sistema para luchar contra los piratas de la democracia.

Miedo al peor

Las cosas claras: esto no va de creadores, sino de intermediarios

Dejemos las cosas claras. La política del Ministerio de Cultura y las iniciativas tipo Ley Sinde-Biden no tienen poco que ver con los autores, artistas y creadores en general. En realidad lo que se hace es favorecer a una serie de intermediarios, principalmente distribuidores, los evidentes perjudicados ante la llegada de lo digital al hogar de muchos ciudadanos.

De lo que se trata es de intentar mantener una serie de modelos de negocio de oligopolios que controlaban la copia, promoción, publicación y distribución, en la era digital en la que cualquier persona puede copiar, distribuir, promocionar y publicar.

En pocas palabras, la tarta que se repartían unos pocos tiene ahora más porciones y toca a menos a cada uno. Los artistas aquí son moneda de cambio. Nuevos actores han entrado en el juego, otros deberían salir, reducirse, desaparecer o adaptarse.

Como los oligopolios no quieren ceder poder, prefieren mantener la ilusión de que pueden hacer negocio tal y como hacían veinte años atrás sin cambiar un ápice, incluso cuando ya no son necesarios, y por eso han de forzar leyes que den la ilusión a los inversores de que hay futuro en la venta de CDs y DVDs.

Pero lo cierto es que ya no hay sitio para todos. Mucho lo han entendido ya, pero otros pretenden seguir existiendo a pesar de todo sin añadir el más mínimo valor al trabajo que realizan.

Los creadores se merecen algo mejor, mucho mejor. Necesitan que alguien les ayude a acercarse a esa gente que copia, comparte y promociona su trabajo y obtener algún tipo de beneficio adicional directo o indirecto de dicha actividad. No necesitan a  unos intermediarios que les ocultan la verdad de sus intenciones y que mediante lobbys, presión y campañas ofensivas hacia los ciudadanos les alejan de sus fans, de sus coleccionistas y de su futuro como creadores y artistas.

La realidad es que todo ha cambiado para siempre y los creadores deben explorar otras posibilidades. Sus financiadores, promotores, publicistas, distribuidores, fans, coleccionistas e incondicionales están ahí fuera. Si no van ellos a buscarles, nadie lo va a hacer en su lugar.

Las cosas claras: esto no va de creadores, sino de intermediarios