El problema con el ateismo

Fuente original: Fernando G. Toledo.

Estoy en desacuerdo con la mayor parte de lo que usa Sam Harris como centro de esta conferencia. Me parece que el problema que plantea tiene que ver, fundamentalmente, con su deficiente posición ontológica y su muy básica filosofía de la religión. En este sentido, los hablantes hispanos podemos, si se quiere, enorgullecernos de que algunos de nuestros adalides ateos (Bueno, Puente Ojea, Pérez Jara) están en un nivel muy superior para hablar de estas cuestiones. Por lo general, Harris me parece mejor fundamentador que sus colegas de estas lides Dawkins y Hitchens. Pero, en fin, dado el interés polémico de mucho de lo que aquí expone, ofrezco el texto que sigue.

Fernando G. Toledo

En una charla en la conferencia de la Atheist Alliance que tuvo lugar en Washington D.C. el 28 de septiembre de 2007, Sam Harris dejó caer una idea que desde entonces ha tenido profundo impacto en la prensa humanista de todo el mundo. ¿Hasta qué punto debe el humanista secular hoy en día celebrar ser considerado “ateo”? ¿No han sido ya el nihilismo o el existencialismo movimientos de una más expresiva militancia atea, y sin embargo modelos éticos de una naturaleza completamente distinta? Tom Flynn, editor de Free Inquiry, resumió a la perfección la inquietud de Harris. Merece la pena sin embargo reseñar la charla completa, uno de los manifiestos humanistas más provocativos redactados durante el presente siglo.

© Sam Harris
Traducción de Ismael Valladolid Torres

Para empezar, me gustaría tomarme un momento para reseñar cómo de extraño resulta que una reunión como esta sea de hecho necesaria.

Estamos en 2007, y todos aquí hemos tenido que robarle tiempo a nuestras atareadas vidas, y algunos que viajar grandes distancias, sólo para poder reunirnos para pensar una estrategia para sobrevivir en un mundo en el que la mayor parte de la gente cree en un dios imaginario. Estados Unidos es una nación en la que viven 300 millones de personas, que influyen en el curso del mundo más que cualquier otro grupo en la historia humana, y aun esta influencia queda corrompida, y se muestra decadente, porque 240 millones de estas personas aparentemente están convencidas de que de un momento a otro Jesús va a volver y a orquestar el fin del mundo con sus poderes mágicos. Por supuesto, podemos especular con cuánta de esa gente que dice creer en esas cosas, realmente lo hace. Sé que Christopher —Hitchens— y Richard —Dawkins— son optimistas acerca de que el resultado de este tipo de sondeos de opinión realmente refleje lo que la gente profesa privadamente.

Pero no hay duda de que la mayor parte de nuestros vecinos realmente actúan como si creyeran este tipo de cosas, y de que dichas profesiones han tenido un efecto desastroso en nuestro discurso político, en nuestras actuaciones públicas, en la enseñanza de la ciencia y en nuestra reputación ante el mundo. Aún si sólo una tercera o una cuarta parte de nuestros vecinos creen realmente en lo que luego profesan, creo que tenemos un buen problema del que preocuparnos. No me encuentro a menudo en un salón como éste, rodeado de gente con la que más o menos tengo la garantía de estar de acuerdo en el tema de la religión. Al pensar en lo que podría deciros esta noche, me pareció que podía elegir entre arrojar carne fresca a los leones del ateísmo, o llevar la conversación a un terreno en el que podríamos no estar de acuerdo. Me he permitido, a riesgo de afectar a vuestro humor, elegir la segunda opción, y decir un par de cosas que podrían crear controversia. Dada la ausencia de evidencias de la existencia de Dios, y la estupidez y el sufrimiento que aún hoy surgen bajo el manto de la religión, declararse a uno mismo «ateo» podría parecer la única respuesta adecuada. Y es la posición que muchos de nosotros hemos adoptado orgullosamente en público. Hoy voy a sugerir que nuestro uso de esta etiqueta es un error, y un error con consecuencias.

Seguir leyendo “El problema con el ateismo”

El problema con el ateismo

Matar a Buda, reflexiones sobre el Budismo

Copio íntegro este artículo de Sam Harris que me ha precido muy interesante la licencia de la fuente es CC by pero no sé si el texto concreto puede o lleva dicha licencia.

«Mata a Buda» decía el viejo adagio Zen. «Mata el Budismo» sugiere Sam Harris, quien argumenta que la filosofía y las prácticas sugeridas por el Budismo beneficiarían a mucha más gente si no fuesen presentadas como una religión.

Sam Harris

sam harris

Se dice que el maestro Budista nacido el siglo IX de nuestra era, Lin Chi, dijo en una ocasión «si te encuentras con Buda en tu camino, mátalo». Como muchas de las enseñanzas Zen, esto no parece ni de lejos una sugerencia amable. Pero contiene un punto valioso: Convertir a Buda en un fetiche religioso es perder gran parte de la esencia de sus enseñanzas. Al considerar qué puede ofrecer el Budismo en este siglo XXI, propongo que nos tomemos la provocación de Lin Chi muy seriamente. Como estudiantes de Buda, deberíamos quizá ignorar el Budismo.

No pretendo sugerir que el Budismo no tiene nada que ofrecerle al mundo. Desde luego es posible argumentar que la tradición Budista, considerada como un todo, prepresenta la más rica fuente de sabiduría contemplativa que cualquier civilización ha producido. En un mundo durante tanto tiempo mediatizado por una lucha fratricida entre religiones basadas en un Dios en el cielo, la ascendencia de la sabiduría Budista debería ser bienvenida como un indudable avance. Pero esto no va a ocurrir. No hay razón para pensar que el Budismo va a competir con éxito con la incansable evangelización que Cristianismo e Islam llevan a cabo. Pero tampoco debería intentarlo.

La sabiduría de Buda se encuentra hoy en día atrapada por la religión Budista. Incluso en Occidente, donde científicos y contemplativos Budistas colaboran en el estudio de los efectos de la meditación en el cerebro, el Budismo sigue siendo un asunto meramente parroquial. Mientras que podría ser justo decir —tal y como muchos practicantes del Budismo alegan— que el Budismo no es en sí mismo una religión, muchos Budistas a lo largo del mundo lo practican como tal, en la misma forma ingenua y supersticiosa en la que todas las religiones son practicadas. No hace falta decir que cualquier no-Budista sí ve al Budismo como una religión y, lo que es peor, están convencidos de que es la religión equivocada.

Hablar sobre Budismo inevitablemente sirve para impartir una falsa visión de las enseñanzas de Buda. Así que, mientras nuestro discurso se defina como Budista, nos aseguramos de que la sabiduría de Buda no pueda hacer nada para ayudar al desarrollo de la civilización en el siglo veintiuno.

Seguir leyendo “Matar a Buda, reflexiones sobre el Budismo”

Matar a Buda, reflexiones sobre el Budismo