Galileo Galilei y la SGAE

Publicado el 11 de Febrero de 2006

One world, no frontiers.

Curioso título pardiez, pero dejenme que me explique y al final, sin duda, entenderán el motivo de éste.

Comenzaremos diciendo que allá por los siglos XVI – XVII existió un gran personaje llamado Galileo Galilei. Sin duda quien más quien menos ha oído hablar de este insigne erudito que declaró públicamente, contra lo establecido por la Iglesia Católica y por lo tanto lo creído por el pueblo de aquel entonces, que la Tierra giraba entorno al Sol y no al revés. Por semejante enseñanza fue procesado por la Santísima Inquisición al entender ésta que se trataba de una afirmación herética.

Tan insigne descubridor fue tachado de hereje, procesado y obligado a retractarse de sus afirmaciones científicas, cosa que hizo a regañadientes, pero finalmente fue condenado a reclusión domiciliaria y al ostracismo. Sólo en 1992, durante el papado de Juan Pablo II fue rehabilitado ante la Iglesia. Tuvieron que pasar nada más y nada menos que tres siglos para que se reconociese que al fin y al cabo Galileo Galilei no era un hereje y que, al fin y al cabo, tenía razón.

¿Qué a qué viene esto? ….

…. Pues simplemente que hoy día las cosas no han cambiado mucho desde entonces ya que está pasando algo parecido entorno a la Honorabilísima SGAE, la “propiedad” intelectual y por ende con la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual http://www.wipo.org ), la organización que dicta a que son han de bailar los gobiernos para defender el poder y el dinero de unas cuantas corporaciones privadas. De nuevo nos enfrentamos a un dogma de fe; la propiedad intelectual existe y ha de ser protegida a toda costa, luego cualquiera que lo cuestione o lo contravenga tanto activa como pasivamente ha de necesariamente ser un hereje, hoy en día traducido como “pirata”, “pendejo electrónico” o “rojo melenudo” cuando no cosas peores. Y digo que es un acto de fe, en tanto en cuanto lo es en el sentido que defino la fe religiosa, aquella que hace que creamos en algo a pesar de que todas las pruebas indican que es falso, aquello que aceptamos incluso cuando el más puro razonamiento nos indica que deberíamos como poco cuestionarlo.

Curiosamente, creer que la propiedad intelectual no se pueda cuestionar se parece mucho al hecho de creer que la Tierra es necesariamente el centro del Universo. Cualquier discurso racional, meditado, y el método empírico nos lleva siempre a la conclusión de que la propiedad intelectual sencillamente no existe. Al menos tal y como entendemos el concepto “propiedad”; el concepto restrictivo de la palabra que hace que se impida la copia, o distribución de una obra incluso si no existe ánimo de lucro (esto ocurre en no pocos países y va camino de pasar en mucho más por mandato de la todopoderosa OMPI).

Siempre que se contraviene el orden establecido por los ostentadores del poder, se califica a los que lo cuestionan como subversivos, indignos, herejes, comunistas o simplemente criminales. Pero poco hay de cierto en esos calificativos, por no decir nada, ya que generalmente lo que hay detrás de tal cuestionamiento son personas normales y corrientes que hacen lo que no hacen muchos otros; pensar, interesarse y cuestionar. Los hecho revelarán, pasado el tiempo que tales cuestionamientos eran más que simplemente pertinentes. Pero no nos podemos permitir esperar tres siglos antes de que se admita el error.

¿Y porqué que tachar de comunistas, herejes o criminales a todas estas personas que no lo son? Es la táctica que emplean los difamadores y aquellos que sabiendose incapaces de rebatir a los que se les oponen, se limitan a descalificar esperando sin más, que la opinión pública dude de la honestidad de aquellos que defienden la postura contraria. Les dejan fuera del juego. No son gente de fiar, ¡son comunistas, son herejes, son criminales, mala gente! Y si los que se oponen son mala gente, los que ostentan el poder son necesariamente buena gente y la buena gente tiene razón.

Muchos dicen que hay que quitar el canon que la Honorabilisima SGAE ha impuesto en CDs y DVDs vírgenes. Muchos dicen que hay que quitar a la misma Honorabilísima SGAE, y yo digo que la Honorabilísima SGAE no es más que un sintoma de algo que no marcha bien en el mundo. Es síntoma de que se sigue aceptando sin cuestionar el modelo actual de copyright, el supuesto derecho de los que somos autores a restringir lo que se pueda hacer con nuestra obra. Se debe de cuestionar porque existe la posibilidad de que la propiedad intelectual en realidad no exista, porque existe la posibilidad de que lo que creamos a pies juntillas no sea cierto, porque en definitiva, puede ocurrir que en realidad, la Tierra gire alrededor del Sol y no al revés.

Así que yo pido que la gente no insulte a la Honorabilísima SGAE, que no les califiquen de ladrones, o de ser una organización mafiosa, porque sencillamente la Honorabilísima SGAE hace lo que le manda la OMPI, lo que permite la ley; si bien es cierto que la Honorabilísima SGAE interpreta las leyes un poco a su gusto, tal y como los líderes de la Iglesia Católica hicieron lo propio con la Biblia en tiempos de Galileo Galilei, y si no está la ley a su gusto sencillamente la cambian para que se adapte. Pero el debate está en la calle y tiene que hacer temblar los propios cimientos del dogma; el dogma que afirma que todos nuestros derechos de acceso a la cultura están supeditados al criterio de unas organizaciones privadas que han acaparado nuestra libertad de elección.

Si no cuestionamos los dogmas, hoy en día seguríamos creyendo que la Tierra es el centro del Universo, y Galileo Galilei seguiría siendo considerado un hereje, un proscrito, un comunista, o quien sabe, tal vez incluso un pirata.

Computer party

Mario A. Pena (cc) by-sa

Galileo Galilei y la SGAE

Contra la cibersentada contra SGAE

Publicado el 29 de Enero de 2006

Está circulando por Internet una iniciativa de “cibersentada” contra la SGAE. Desde Ningunterra queremos dejar claro que no sólo no apoyamos tal iniciativa por considerarla como un ataque DoS (Denial of Service, Denegación de Servicio) ilegal, sino por las consecuencias negativas que tiene para la libertad expresión de la SGAE y para la propia comunidad internauta que lucha contra esta sociedad con lo único, a nuestro entender válido, la palabra y la razón.

En el convencimiento que la máxima Maquiavélica de que “el fin justifica los medios” no coincide con nuestros principios éticos y morales, creemos que saturar los servidores mediante recargas recurrentes de la web desde varios ordenadores no es otra cosa que usar una herramienta tecnológica para impedir la libre y legítima expresión de unas ideas aunque no las compartamos.

Si bien la SGAE ha demostrado durante años escaso respeto y ha empleado la amenaza y la mentira, nada hace que nosotros tengamos que usar herramientas análogas para combatirla. Los internautas tenemos razones y argumentos suficientes para el debate que pretenden rehuir y no hace falta darles argumentos que les permitan acusarnos públicamente de ciberterroristas, negadores de la palabra, y un largo etcétera.

Pero lo más importante es que dejar inutilizada la web de la SGAE equivale, nos guste o no, a callarles la boca, a silenciarles. Eso no nos gusta nada. Por mucho que nos pese y aunque no estemos de acuerdo con lo que dicen, han de tener la libertad de decirlo, sólo eso nos justificará a nosotros a expresar igualmente lo que queramos decir. ¿Si no les dejamos hablar qué derecho podemos arguír para que a nosotros sí se nos escuche?

Esto de “cibersentada” no es más que un eufemismo. Detrás se encierra un ataque DoS en toda regla, y una visión equivocada que eliminado la posibilidad de hablar de una de las partes quiere ser la única voz escuchada.

En Ningunterra no somos amigos de revoluciones salvadoras, mejor nos cuidamos de los profetas. Nos gusta más la evolución que aunque lenta es inexorable.

Contra la cibersentada contra SGAE

El auténtico rostro de la SGAE

Publicado el 27 de Enero de 2006

Al descubierto la auténtica cara de la SGAE

El tiempo va situando a la SGAE en su sitio. No podía ser de otra manera. La codicia sin límites acaba pasando factura.

El tiempo es algo sorprendente. Pasa inexorable y hace que finalmente todo salga a la luz, hace que las mentiras sean descubiertas, que las amables frases y las sonrisas muestren lo que en realidad se esconde detrás.

Los que me hayan leído sabrán que no soy amigo del insulto gratuíto, de hecho se puede decir que no insulto, ya que al fin y al cabo describir a alguien no es insultar, es decir lo que se es. Es así de claro. Y hoy, si bien todo el mundo sabe que aborrezco a la SGAE, he de decir que nuevamente me han vuelto a sorprender desagradablemente. Tanto ha sido así que he sentido la necesidad imperiosa de hacer un paréntesis en mi retiro temporal del activismo internauta para dejar unas líneas a propósito de la última heroica acción de nuestra entidad de gestión de derechos de autor favorita.

Algunos ya habrán leído la noticia de que la valiente SGAE ha obligado a un grupo teatral de discapacitados psíquicos a pagar 518 euros por representar obras con copyright. Y lo han hecho bajo amenaza de llevarlos a juicio a pesar de que de las obras sólo se usara el título de la obra original ya que el resto está adaptado a las capacidades de los interpretes y a que fuese una representación sin ánimo de lucro (no se cobraba entrada, etc, etc, etc).

Ruego a todos que en este punto lean la carta que una amiga, Conchi, ha escrito al respecto: http://www.artistasweb.com/noticias.php?idn=3209 .

Sobra decir más palabras, pero aunque sobren las voy a decir.

La SGAE ahora aduce que todo esto se ha debido a un “error burocrático”. Bueno, los errores burocráticos no hacen que un delegado de zona de SGAE amenace con llevar a juicio a una compañía de teatro, para amenazar tienen que saber muy bien lo que hacen… y no cabe el error burocrático “Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien” decía Víctor Hugo (1802-1885), poeta y novelista francés.

Pero sí hay errores políticos: Los de los sucesivos gobiernos en nuestro país y en otros que legislan a favor de organizaciones como ésta, que les favorecen, que les dan cobertura para sus acciones y obedecen a la Organización Mundial de la “Propiedad” Intelectual, gobiernos y políticos pagados de si mismos que en definitiva permiten la existencia de semejante comportamientos, que si analizamos en profundidad se aproximan sospechosamente a los de otras organizaciones que operaban, por ejemplo, en la época de la ley seca en los Estados Unidos. Cada uno que saque sus conclusiones.

Pero Internet se va despertando y la gente que se conecta se va enterando, porque les vigilamos de cerca, porque queremos que la gente deje de ver sólo lo que la SGAE aparenta ser y vean lo que en realidad es. Idem con los políticos a los que votamos y pagamos el sueldo.

Aún nos preguntamos si habrán devuelto eso 518 euros a sus legítimos dueños, o si como el protagonista de “Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens lo habrán atesorado en su vasta caja de caudales repleta de fondos que a nadie aprovecharán. O bueno, tal vez a ellos mismos sí, podrá poner un extra más en sus vehículos de lujo.

Sobre los representados por la SGAE tan sólo mencionar la pobrísima imagen que siguen dando los autodenominados artistas y artistas que siguen defendiendo a esta organización y sus formas de actuación. No hemos dejado de avisarles de lo que les ocurrirá si se empeñan en vender su alma al diablo y el que avisa no es traidor.

A la SGAE sólo unas palabras más: Seguid así, ganando amigos, lo hacéis muy bien, seguid con vuestra campaña recaudatoria a toda cosa, os va a durar muy poco y lo sabéis. Dáis verdadera lástima. ¿Queríais respeto? El respeto lo habéis perdido y lo que habéis ganado es desprecio. No puede ser de otra manera porque el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio. El tiempo acaba mostrando la verdadera cara que se esconde detrás de las apariencias.

Escrito por Mario A. Pena bajo licencia Creative Commons (cc) by-sa.

El auténtico rostro de la SGAE

Contra un cíclope ciego

Publicado el 16 de Enero de 2006

Fuente: República Internet en: http://www.republicainternet.com/articulo.php?id=223

Por Nemo:

El primer individuo al que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir “Esto es mío” y encontró a gente lo bastante simple como para hacerle caso, fue el verdadero fundador de la Sociedad Civil. Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, cuántas miserias y horrores no le hubieran ahorrado al género humano el que, arrancando las estacas o cegando el foso, hubiera gritado a sus semejantes: “Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que las frutas a todos pertenecen y que la tierra no es de nadie”…

Jean-Jacques Rousseau, “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”

1.- República Bolivariana y República Internet

El pasado mes de noviembre, y gracias a la amable invitación del Servicio Autónomo de la Propiedad Intelectual del gobierno venezolano, pude asistir en Caracas a un seminario sobre derechos de autor. Lo que allí vi y oí cambió bastante mi visión eurocéntrica de la Red: la ponencia que llevaba preparada se quedó guardada en el disco duro de mi portátil, y ya en aquel momento hice unas reflexiones a vuelapluma. Finalmente me he decidido a hilvanarlas, si bien advierto al lector que el camino que entonces inicié todavía no ha finalizado: aún tengo que madurar muchas ideas antes de equivocarme por completo. Queden estas notas como diario de ese largo viaje iniciático.

Durante el viaje pude leer la constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y dado que teníamos que hablar sobre los derechos de autor revisé los artículos de la Constitución bolivariana que hablan de propiedad intelectual, en concreto los artículos 98 y siguientes, que comienzan con una proclama esencial: “La creación cultural es libre”. La cultura, como expresión profunda del espíritu humano, del espíritu de los pueblos de la tierra, es esencialmente libre. Acto seguido, el artículo 98 de la Constitución bolivariana se refiere a las libertades de inversión, producción y divulgación de obras, incluyendo los derechos del autor o de la autora sobre sus obras. Derechos del autor o de la autora: derechos esencialmente humanos, de personas físicas, de hombre y mujer, no de personas jurídicas.

La lectura me llevó a los artículos 113 y 114 , donde se establece constitucionalmente la prohibición de monopolios, declarándose contrario a los principios fundamentales de la Constitución “cualesquier acto, actividad, conducta o acuerdo de los y las particulares que tengan por objeto el establecimiento de un monopolio o que conduzcan, por sus efectos reales e independientemente de la voluntad de aquellos o aquellas, a su existencia, cualquiera que fuere la forma que adoptare en la realidad. También es contrario a dichos principios el abuso de la posición de dominio que un o una particular, un conjunto de ellos o de ellas, o una empresa o conjunto de empresas, adquiera o haya adquirido en un determinado mercado de bienes o de servicios, con independencia de la causa determinante de tal posición de dominio, así como cuando se trate de una demanda concentrada.” Y la conclusión penal del artículo 114: “El ilícito económico, la especulación, el acaparamiento, la usura, la cartelización y otros delitos conexos, serán penados severamente de acuerdo con la ley.”

Refrendo constitucional de la cultura libre, los derechos de autor como un derecho esencialmente humano, prohibición de monopolios, castigo penal contra la especulación y el acaparamiento…. Quizás los políticos españoles deberían hacer cursos en Venezuela antes de ponerse a redactar reformas constitucionales o estatutarias más estéticas que prácticas.

2.- La apropiación del conocimiento

El advenimiento de Internet y la digitalización de la sociedad está provocando cambios legales en todo el mundo occidental. Unos cambios que pueden condicionar seriamente en el futuro el acceso de los ciudadanos a la cultura.

Miedo al mundo digital, miedo a la libertad. Legislación de propiedad intelectual a medida de los especuladores de la cultura: ese es el espíritu que anima la Digital Milenium Copyright Act norteamericana y la Directiva Europea de armonización de derechos de autor a la sociedad de la información.

La sola expresión propiedad intelectual constituye un oxímoron, al unir dos palabras incompatibles entre sí. Su sentido último es una vana ilusión: apropiación del conocimiento. Apropiación de algo que es patrimonio de toda la humanidad.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos no menciona la propiedad intelectual, sino los derechos de autor. La propiedad está regulada en el artículo 17 de la Declaración Universal, mientras que los derechos de autor se encuentran en el artículo 27:

1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.

2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

La justicia acostumbra a representarse mediante una balanza. Para que haya justicia tiene que haber equilibrio entre el derecho individual de autor y el derecho colectivo a la cultura. Ese y no otro es el espíritu de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Los autores, artistas, los creadores, tienen derecho a poder vivir de su trabajo creativo. Y del mismo modo, toda la sociedad tiene derecho a disfrutar de sus obras.

Conseguir el equilibrio entre derecho de autor y derecho a la cultura es uno de los principales desafíos que tendremos que afrontar, en el ámbito de Internet, a lo largo del presente siglo. Un siglo que desde sus primeros años está conociendo los enfrentamientos entre los ciudadanos de la Red y los especuladores culturales, detentadores del poder mediático que les permite presionar al poder político para conseguir leyes a medida.

El caso español es paradigmático del nivel de corrupción al que ha llegado nuestro actual sistema político, donde diferentes partidos políticos, a izquierda y derecha del arco parlamentario, reciben una extraña financiación por parte de empresas privadas, materializadas en sospechosas donaciones anónimas. Los cargos políticos deben su elección al voto popular que periódicamente se manifiesta en las urnas, pero a la hora de redactar las leyes tienen mucho más en cuenta a los grupos de presión. La opinión pública no es la opinión de la calle, sino lo que opinan los medios de comunicación en manos de poderosos grupos empresariales. Vivimos en una democracia comprada por las empresas, donde los actos de los políticos son sistemáticamente vigilados por medios de comunicación en manos del poder económico, prestos a corregir cualquier desviación del pensamiento dominante.

Las tribunas de los grandes medios, en manos de poderosos grupos financieros, se encuentran siempre dispuestas a disparar sobre Internet, a la que sistemáticamente convierten en la fuente de todos los males. Y son especialmente belicosos en lo que se refiere a la propiedad intelectual. No es de extrañar: el control sobre los contenidos, la censura en forma de copyright es una de las principales bazas para el control ideológico de la población.

El problema es que la revolución ya ha triunfado, y ha llegado para quedarse. No se trata de algo que esté en el futuro: ya está aquí. Cuando cientos de millones de ciudadanos, en todo el mundo, han decidido compartir sus bibliotecas, sus discotecas, sus videotecas, la revolución es un hecho consolidado. Tenían la voluntad de hacerlo y tenían las herramientas para hacerlo. Lo hicieron y ya no se les puede parar, es imposible volver atrás el reloj de la historia.

Internet ya es una república popular. Mientras los poderosos de la tierra discuten en Túnez sobre quién y cómo controlará nominalmente la Red, los ciudadanos, en todas las partes del mundo donde esté una máquina conectada, ya han impuesto su ley, la más democrática de las leyes: aquella que surge de la voluntad popular. Podemos leer, podemos escuchar, podemos ver. Y queremos compartir lo que leemos, lo que escuchamos, lo que vemos.

3. El divorcio entre las leyes y la realidad

Más allá de las luchas por la defensa de caducos modelos de negocio, los albores del siglo XXI están viviendo las primeras escaramuzas de lo que será el gran combate de este siglo: la lucha por el control de la información, y aún más allá, el control del conocimiento.

El poder antiguo, basado en estructuras jerárquicas, piramidales, no entiende la Red, basada en una estructura de telaraña, no jerárquica, descentralizada. Su única forma de resistir el avance del nuevo poder es la de siempre: regular y prohibir.

Internet es hipertexto. El código en el que está escrito la Red está diseñado por y para una mente colectiva. Copiar, pegar y enlazar forma parte de la estructura originaria de la Red, de su arquitectura fundacional. Controlar una mente colectiva requeriría algo más que cuatro leyes: requeriría el control neural de todos y cada uno de los puntos de la Red. Pero el poder antiguo es inasequible al desaliento y sigue golpeando el aire como un cíclope ciego.

Podemos poner como ejemplo de esta política ciega, el proyecto de Ley española de Propiedad Intelectual. Comentaba antes que derechos de autor y derecho a la cultura están en el mismo nivel dentro de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Precisamente por ello la vigente ley española de Propiedad Intelectual establecía una serie de limitaciones a los derechos de explotación: derecho de copia privada, derecho de cita, derecho de reproducción por interés informativo, derecho de reproducción para constancia oficial, derecho de parodia, derecho de préstamo bibliotecario, etc…

Algunos de estos derechos pueden verse seriamente mutilados en la futura Ley de Propiedad Intelectual, que tiene como objeto la transposición al derecho español de la Directiva 2001/29/CE de 22 de mayo de 2001, relativa a la armonización de determinados aspectos de los derechos de autor y derechos afines a los derechos de autor en la sociedad de la información.

El legislador español no se ha complicado demasiado. Partiendo de la directiva, acentúa hasta el extremo la restricción de derechos ciudadanos, en beneficio de los lobbys económicos agrupados, principalmente, en torno a las entidades de gestión de derechos de autor.

La Directiva Comunitaria que pretende transponer sirve de cobertura para la mayoría de las medidas, pero como es ya habitual en el legislador español, el borrador va más allá en la defensa de intereses concretos en perjuicio de los ciudadanos de a pie. Y lo que es peor: quiebra para siempre con el necesario equilibrio entre derechos de autor y derecho ciudadano a la cultura.

El derecho de copia privada, antes ostentado por cualquier “copista”, queda limitado en lo sucesivo a personas físicas. Pero simultáneamente, en la reforma se consagra por ley un canon remuneratorio sobre los soportes digitales vírgenes (DVD y CD grabables), el cual deberán pagar también las personas jurídicas. Han oído bien: a las personas jurídicas se les quita el derecho de copia privada, pero han de pagar un canon remuneratorio por copia privada. Un impuesto sobre un derecho del que se les priva.

El derecho de cita queda seriamente condicionado. En la reforma del artículo 32, se establece que la utilización de obras ajenas en calidad de cita sólo podrá realizarse con fines docentes o de investigación, en la mediada justificada por el fin de dicha incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada. Simultáneamente, se establece que las recopilaciones de artículos periodísticos no tendrán la consideración de citas, lo que deja fuera de la ley a aquellos que se dedicaban hasta la fecha a esta actividad.

En suma, derecho de copia privada y derecho de cita, dos límites de los derechos de explotación que operaban como garante del derecho ciudadano a la cultura, ven constreñidos su alcance, al tiempo que se expanden los derechos de explotación, mediante nuevas definiciones de los conceptos de reproducción, distribución y comunicación pública, que incluirán a partir de la entrada en vigor de la Ley, la difusión de obras por todo tipo de medios alámbricos o inalámbricos. Por no hablar de esa curiosa invención diseñada para cercenar derechos colectivos ya adquiridos: el derecho de puesta a disposición interactiva.

4.- Sólo hay un camino: la desobediencia

El caso español no es un caso aislado: se inscribe en la tendencia de todos los legisladores del mundo occidental: privar de derechos a los ciudadanos en beneficio de una élite económica que se encuentra fuera del tiempo.

Pero cuando los representantes del pueblo dejan de escuchar al pueblo, el pueblo tiene que gritar para hacerse oír. Lo de menos en nuestro país es que nos quiten el circo, el verdadero problema es que nos están quitando el pan. El verdadero problema es que todas las leyes se están redactando de la misma forma que la Ley de Propiedad Intelectual: al dictado de una élite económica que controla los grandes medios de comunicación.

Internet es un reflejo del mundo real. En Internet, como en el mundo real, un día tras otro nos están quitando derechos constitucionales que creíamos consolidados. En algún punto debemos iniciar la resistencia. El cíclope ya está ciego, pero queda el trabajo más difícil: derribarlo.

Sólo merece llamarse libre aquel pueblo dispuesto a desafiar leyes injustas, sólo merecen ser libres los ciudadanos dispuestos a conquistar sus derechos. Las leyes que se redactan a espaldas de la sociedad nacen muertas: la fuerza de los hechos se impondrá por su propio peso, mediante un acto esencialmente libre y pacífico: compartir.

Redes abiertas, redes libres. Insurrección sin hilos: basta dejar todas nuestras conexiones permanentemente abiertas. Compartiéndolo todo, conexiones y archivos, jamás podrán perseguirnos a todos.

Los bienes en disputa, información y conocimiento, son etéreos, al igual que las leyes, pero sus destinatarios son seres humanos de carne y hueso. Su territorio de batalla es la Red. La partida será larga, pero sólo puede tener un final.

Y no serán tablas.

Contra un cíclope ciego

100 Elephants

Publicado el 15 de Enero de 2006

Del dicho al hecho, o mejor dicho, menos decir y más hacer.

El camino se demuestra andando, y en este caso, el camino del arte lo demuestra gente como 100 Elephants demostrando que se puede crear y dar lo creado, que existe arte después y al margen de la industria del entretenimiento.

Desde Ningunterra nos unimos a los crecientes apoyo a este y otros grupos. Si queréis escuchar gratis sus temas, acudid a su web y veréis que os los facilitan en descarga libre y animan a que sean compartidos en eMule, el popular programa p2p que se usa también para copias privadas.

Os damos aquí un enlace directo a uno de sus temas:

“Mama Said

Su página web es “www.100elephants.com

100 Elephants

Del activismo a la retaguardia de la creación

Publicado el 4 de Enero de 2006

Durante varios años he estado al pie del cañón, de un cañón humeante, en clara desventaja frente a un enemigo atroz, brutal, abrumador y despiadado. Somos unos pocos los ciudadanos que sacrificamos nuestro tiempo y nuestra salud para defender nada más y nada menos que la libertad, la cultura y el futuro. No lo hacemos por dinero, ni estamos motivados por intereses políticos, geoestratégicos o de otra índole. Lo hacemos con sentido de justicia, para ofrecer esperanza y porque sabemos que es necesario por el bien futuro de los que vienen detrás nuestro. Esa es nuestra fuerza y el motivo por el cual no podemos perder.

Sabemos que no tenemos la verdad absoluta y sabemos que no podemos ganar todas las batallas, pero sabemos igualmente que al final la victoria será nuestra, o mejor dicho, de la humanidad. No existe otra opción posible, ya que no vencer en esta guerra intemporal significaría la prematura destrucción de la humanidad, la vuelta del totalitarismo más extremista, el control del pensamiento por parte de los poderes privados.

La industria del entretenimiento es una marioneta de unos poderes ocultos en despachos en los que la luz apenas puede penetrar, unos despachos llenos de humo de puros habanos y seres semi humanos conspirando para controlar a esa gente que les da su dinero, el sudor y su sangre para mantener económicamente y sin saberlo sus perversas obsesiones por dominar el mundo mediante el control del conocimiento colectivo.

La industria del entretenimiento tiene al mismo tiempo sus propias marionetas, patéticos seres sin honor ni principios, que venden su alma a sus amos y señores. Esos individuos son capaces de no querer ver que insultar a los ciudadanos es una medida efectiva sólo a corto plazo, pero que a medio y largo plazo revertirá en su contra y les hará inevitablemente entrar en desgracia. No le pasará lo mismo a la industria del entretenimiento, traidora por naturaleza, que mientras promulga leyes fascistas mueve fichas en la sombra para poder seguir ganando su buen dinero a costa de los demás, sin trabajar y cuando la guerra que ellos han iniciado, ellos mismos la pierdan.

Ese día, los desgraciados y autoproclamados artistas serán los que paguen las consecuencias de esta realidad y cuando acudan en busca de ayuda a los ciudadanos que han insultado probablemente no encuentren más que la tempestad que de manera insensata han provocado con su sublime falta de perspectiva. Eso es lo que le siempre le pasa a la gente sin honor.

Pero yo, como activista pienso que hay que para poder hablar sobre todo esto hay que hacer, y como creador he decidido dejar el activismo para crear, para demostrar que se puede crear sin necesidad de usar el copyright extremista que tal vez sirvió en la época analógica, pero que para nada sirve en el futuro digital.

Dejo la primera fila de batalla y paso a la retaguardia a trabajar, a escribir, a terminar de pasar a digital un libro que escribí hace unos años, para luego poder hacer lo único que creo justo y honrado, ofrecerlo en Internet gratuitamente, libremente, para que perdure, para que la gente lo lea y disfrute o lo aborrezca y si luego alguien quiere darme una donación, bienvenido sea, pero como proyecto de artista sincero, sólo quiero que perdure el mayor tiempo posible.

Y después volveré a la primera fila, sabiendo lo verdaderamente duro que es eso que dicen que es tan duro; ser creador y que la gente se baje de Internet sin pagar tu obra. Esto en realidad ya lo sé, soy creador y ofrezco muchas obras ya gratuitamente, pero por mi espíritu científico haré más pruebas, y esta vez con un libro. Entonces todos esos mentecatos y necios tendrán que enfrentarse a una demostración empírica. Veremos quién tiene la razón entonces. Veremos si alguien en la sombra o a la luz puede enfrentarse a mi convicción y a nuestros argumentos.

No paso a la retaguardia por miedo o cansancio, sino con un propósito claro: obtener más y mejores armas, las de la razón para luchar contra el fascismo atemporal, ajeno a siglas, razas y religión. Y para que mi obra viva en Internet. N quiero que le pase como a las obras de algunos obsesionados por evitar que la gente las disfrute libremente, obras que morirán irremisiblemente metidas en una caja de rancio aroma a cerrado, la caja del copyright y el DRM. (contro digital de derechos de reproducción).

“Si hay algo en la Naturaleza que sea menos susceptible de propiedad exclusiva que todo lo demás, es la acción del poder intelectual llamada “idea”, ya que un individuo puede poseerla exclusivamente mientras se la guarde; pero el momento en que se divulga, se convierte por fuerza en la posesión de todos, puesto que el receptor no puede desposeerse de ella. Quien recibe de mí una idea recibe instrucción sin disminuir la mía; igual que quien enciende su vela con la mía recibe luz sin oscurecerme.” Thomas Jefferson

Mario A. Pena (cc) by-sa 2005

Del activismo a la retaguardia de la creación