Cuestionar lo incuestionado

Existen pocas cosas que no se puedan cuestionar, y sin embargo algunas permanecen inmutables sin cuestionar no sólo durante años, sino incluso milenios.

Cuestionar las cosas es fundamental para el crecimiento personal y colectivo, en tanto que uno se reafirma o descubre que algo falla. Si uno se reafirma, es positivo, si se descubren fallos se puede actuar y corregirlos. También es positivo.

Así que cuestionar las cosas siempre es positivo, si se hace, claro está, desde criterios científicos de responsabilidad, mesura y profunda reflexión.

No obstante siempre tendemos a cuestionar las cosas o conceptos nuevos; rara vez lo profundamente arraigado en nuestra psique. Así que como ejercicio importante conviene cuestionar cosas, conceptos e ideas que nunca hemos cuestionado, o al menos pocas veces y con escaso resultado. Así que yo os propongo el ejercicio sano de cuestionar algo que no hayáis cuestionado nunca. Algo cotidiano, que parece sólido en concepto y planteamiento. Para que lo podáis hacer, eliminad de vuestra mente cualquier idea que suene a prejuicio.

Cuestionar lo incuestionado