Cuestionar lo incuestionado

Existen pocas cosas que no se puedan cuestionar, y sin embargo algunas permanecen inmutables sin cuestionar no sólo durante años, sino incluso milenios.

Cuestionar las cosas es fundamental para el crecimiento personal y colectivo, en tanto que uno se reafirma o descubre que algo falla. Si uno se reafirma, es positivo, si se descubren fallos se puede actuar y corregirlos. También es positivo.

Así que cuestionar las cosas siempre es positivo, si se hace, claro está, desde criterios científicos de responsabilidad, mesura y profunda reflexión.

No obstante siempre tendemos a cuestionar las cosas o conceptos nuevos; rara vez lo profundamente arraigado en nuestra psique. Así que como ejercicio importante conviene cuestionar cosas, conceptos e ideas que nunca hemos cuestionado, o al menos pocas veces y con escaso resultado. Así que yo os propongo el ejercicio sano de cuestionar algo que no hayáis cuestionado nunca. Algo cotidiano, que parece sólido en concepto y planteamiento. Para que lo podáis hacer, eliminad de vuestra mente cualquier idea que suene a prejuicio.

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Cuestionar lo incuestionado

3 comentarios en “Cuestionar lo incuestionado

  1. Una sociedad adulta y sensata debe cuestionar o mejor dicho, poner en tela de juicio actuaciones que aunque permitidas no aportan nada bueno al conjunto. Se me ocurre que no queda muy bonito por ejemplo que el politicucho de turno pasee sus posaderas en un carro que a fin de cuentas pagamos todos.

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