La credulidad no se enseña, se impone

Hay quien me ha solido reprochar que no crea en Dios (bueno en ningún dios o demonio). La verdad no es que no crea, es que no me lo creo. He ahí la diferencia. No es lo mismo creer en cosas que creerse cosas. Debemos revisar qué cosas nos tragamos sin cuestionar y cuales, tras ser desafiadas por la razón, todavía se mantienen. Esas son las que valen la pena y eso es lo que tenemos que enseñar a los chavales ahora que los gobernantes de España van a imponer la credulidad y la sinrazón de las religiones en el aula.

Este es el motivo por el cual estoy seguro de que la educación no sólo cambiará, sino que de este cambio depende la viabilidad de la especia humana. Tenemos que superar ya el encorsetamiento que el viejo sistema impone y explorar nuevas vías gracias a la tecnología y la interconexión que se nos facilita.

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