Autorretrato de una macaco y una sociedad

Hay pocos casos legales más absurdos que el de Naruto, la macaco que se hizo una fotografía a si misma con una cámara del Sr. David Slater, fotógrafo de naturaleza, y que arrastra un caso de PETA por todo el mundo como si fuera una bandera de su causa, por lo demás legítima, por los derechos de los animales.

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Autoretrato de ¿Naruto? Fuente wikimedia, dominio público.

Es absurdo por muchísimos motivos, y revelador, porque muestra hasta qué punto podemos llevar nuestras poco reflexivas ideas hasta extremos que nos hacen revelar el sesgo humano que queremos imponer a los animales, como si todos fueran personajes de The Disney Company.

El caso no debería nunca haber llegado a existir. Los derechos de autor son de los seres humanos (homo sapiens sapiens). Nosotros nos inventamos esos derechos por nuestra propia conveniencia en un tiempo en el que, los de autor, tenían cierto sentido, pero que ahora, tras muchos años, precisan una profunda actualización o revisión.

En particular quiero comentar, como alguien que lleva casi dos décadas dedicado al tema de los derechos de autor, que este debate muestra nuestro error de concepto al pensar en, precisamente, los derechos de autor y los de los animales.

Lógicamente PETA demuestra un sesgo obviamente humano, y a mi juicio, errado, sobre lo positivo de los derechos de autor tal y como se entienden hoy en día. El caso es una mera herramienta para tratar de consolidar o crear unos derechos que no hemos concedido al resto de animales, aquellos que no son humanos. Y creo que deberían pensar en otras formas de lograrlo que no pase por imponer “copyright” al resto del reino animal.

Y la cuestión que me hago es ¿son los derechos de autor realmente positivos vista la evidencia? Yo no diría que son necesariamente negativos como concepto, sólo que están  muy mal entendidos, peor implementados y fuerzan una visión que frena el avance de nuestra sociedad hacia un futuro en el que todo conocimiento debería ser libre de ser compartido por el bien común. Es más, actualmente son básicamente ya no derechos de humanos, sino de grandes corporaciones con intereses muy distintos de los de la humanidad como especie en general.

Estoy bastante seguro de que si tuviéramos que volver a formular las leyes de “copyright”, no las plantearíamos como derecho o no derecho a copia. Habida cuenta de que la naturaleza digital de cómo se representan cada vez más obras hace que la copia sea una característica innata de éstas, se tendría que ver como una clara ventaja a aprovechar y no algo que combatir. Más bien deberíamos plantear los derechos de autor no como un “copyright” sino un “creditright” o una correcta acreditación de la autoría, ergo el mérito; algo más aproximado a la filosofía que ha popularizado el sistema de licencias de Creative Commons y que, lo crean o no, da margen a obtener valor e incluso beneficio del trabajo que se hace.

Que PETA crea que permitir que una macaco pueda impedir el uso, distribución y copia digital de su obra es algo positivo, opino hace más daño que bien a nadie y revela nuestra cuestionable forma de pensar. Un animal difícilmente tendrá el prejuicio que un legado de 300 años ha dejado en nuestra en nuestra cultura una realidad social que ya no existe. El no poder usar las obras para, por ejemplo, crear nuevas obras, está alejando desde hace décadas a nuestra sociedad de toda la creación contemporánea con consecuencias que ni siquiera podemos adivinar. Son incontables las iniciativas por el dominio público que existen, empresas que fundamentan su negocio en abrir contenidos a la sociedad, activistas que luchamos por abrir el acceso a las obras, o científicos que cada vez más se dan cuenta de la perversión que ha alcanzado este sistema.

Prohibir, impedir, limitar el acceso a la cultura será siempre prohibir, impedir y limitar el acceso a la cultura y al conocimiento. Eso no creo que se pueda considerar positivo de manera alguna. Poder acceder a las obras que se crean es absolutamente necesario ante los terribles desafíos a los que nos estamos enfrentando y  nos vamos a tener que enfrentar en el futuro como especie que quiere sobrevivir.

Que esta fotografía esté en el dominio público, le pese a PETA o al Sr. David Slater, debería ser visto como un claro signo de lo positivo que es para todos nosotros que la cultura se pueda compartir y usar para avanzar como sociedad. Todo lo demás sólo nos frenará de la peor manera posible.

Mario Pena (cc) by-sa v4 2017

Este artículo representa mi opinión particular y no necesariamente la de entidades, grupos o asociaciones a las que pertenezco.


Autorretrato de una macaco y una sociedad –
CC by-sa 4.0 –
Mario Antonio Pena Zapatería

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Autorretrato de una macaco y una sociedad

Un canon contra la evolución

Preparando la escenaEl canon por copia privada debería, a nivel europeo, ser un mal recuerdo de una época en la que auténticos dinosaurios de la industria seguían sin ver que el futuro pasa por evolucionar y adaptar los modelos de negocio a la realidad digital que empezamos a vivir.

Pero ahí vuelve, con fuerza, gravando indiscriminadamente sin tener en cuenta si realmente hay perjuicio (sin datos que lo avalen), con la copia privada totalmente desnaturalizada, y sin tener en cuenta a la ingente cantidad de creadores aficionados que usamos soportes para nuestros propios contenidos, y eso sin mencionar a aquellos que apoyamos la cultura libre.

Así pues tendremos que pagar por nuestras copias de seguridad (de nuestras propias obras), por las tarjetas SecureDigital o CompactFlash de nuestras cámaras fotográficas y un largo etcétera, un dinero que se embolsarán, como siempre, de forma opaca organizaciones que delegan en SGAE, no precisamente un ejemplo de transparencia, ética o simple decencia.

  • Fotocopiadora multifuncional, 5,25 euros
  • Fotocopiadora monofuncional, 4,25 euro
  • Grabadora CD, 0,33 euros
  • Grabadora DVD, 1,86 euros
  • CD, 0,08 euros
  • CD regrabable, 0,10 euros
  • DVD, 021 euros
  • DVD regrabable, 0,28 euros
  • Memorias USB y tarjetas de memoria externas, 0,24 euros
  • Discos duros multimedia externos, 6,45 euros
  • Discos duros integrados, 5,45 euros
  • Reproductores portátiles y tablets, 3,15 euros
  • Smartphones, 1,10 euros

(fuente eldiario.es)

Si hay que poner un canon debería ser sobre los soportes originales que pueden ser copiados, esto es, los CDs que se venden, o las pistas disponibles desde plataformas digitales. Si compras una obra original, única forma a partir de la cual se podrá realizar la copia privada, pagas el canon ahí ¿por qué habría que pagarlo en un soporte que puede que se use o no para copias privadas?

Lógicamente los que estamos por la cultura libre, por los nuevos modelos de negocio, por la tecnología buscaremos y estandarizaremos formas de evitar este flujo de dinero a manos de la rueda de siempre.

Un canon contra la evolución