Malviviendo

Son de esas raras joyas con las que te encuentras con el tiempo. Venía oyendo hablar de la serie Malviviendo desde hacía tiempo, pero entre los miles de cosas que apuntamos para ver luego quedó entre las de “en cuanto tenga un minuto lo veo”. Pero esos minutos acostumbran a no llegar. Por cosas de la vida en la pasada ceremonia de EXGAE se les dio un premio y nos pusieron el capítulo piloto que aquí os dejo.

Una serie hecha por un grupo de gente que a pesar del paro, las crisis y las tonterías del mercado ha dado un paso al frente y han visto en la dificultad del entorno la oportunidad de contar unas historias en un lenguaje que conocemos con un imposible sentido del humor.

Me reí mucho y eso es de agradecer. En cuanto tenga un minuto iré viendo los demás. Sólo que esta vez arrancaré ese minuto de atención porque seguro valdrá la pena:

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Malviviendo Capítulo piloto from malviviendo on Vimeo.

Para saber más de la serie, la historia que hay detrás y ver el resto de capítulos podéis acudir a la web oficial por este enlace: http://malviviendo.com.

Malviviendo

Hablando con Rafael Sánchez de EGEDA

Recientemente he participado en un seminario sobre distribución digital de contenidos. En esta interesante oportunidad pude hablar con nada más y nada menos que Rafael Sánchez, director de EGEDA y responsable del canon y las negociaciones que en su día llevaron con ASIMELEC para introducir el canon en CDs y DVDS, prácticamente el motivo inicial por el cual me introduje en el activismo en Internet y que con el paso de los años me ha llevado a donde estoy ahora.

Ha sido pues una oportunidad fantástica para conocer de primera mano las motiviaciones de las entidades de gestión para llevar a cabo tanta presión y solicitar cambios y compensaciones al inicio de la era digital y para reflexionar sobre las vueltas que da la vida llegando a conocer a quienes menos esperamos conocer.

Lógicamente Rafael Sánchez es una persona con mucho carácter y un alto conocimiento de estos asuntos. Se ciñe a una ley que en mi opinión no es coherente con la realidad. Es difícil rebatir sobre lo que la ley dice o cómo se interpreta, lo cierto es que sólo tenía curiosidad por conocer sus opiniones más que interés en rebatirlas. En el fondo se han rebatido hasta la saciedad, pero tras reflexionar mucho sobre sus razones voy a comentar un poco lo que me dijo y mi opinión al respecto.

La primera noción es que hay que lograr que los productores de contenidos puedan recuperar lo que invierten en éstos o no podrán seguir creando. Según él el canon es algo de obligado cumplimiento por mandato europeo y de simple justicia. El canon es por lo tanto parte de ese retorno económico.

Que los productores invierten mucho dinero es cierto, que lo hacen pensando en recibir un retorno es también lógico. Sin embargo el problema no son los usuarios, al menos a mi juicio, sino el modelo de explotación en la que se basa el negocio y que es un modelo de escasez de contenidos. Cuando el contenido se puede duplicar a coste cercano a cero, todo intento de crear una sensación de escasez de contenidos es un error. En todo caso el problema se ha de centrar en la escasez de talento para realizar contenidos de calidad y eso mismo está también en cuestión con las creaciones surgidas por la Web 2.0.

Tampoco creo el canon en si sea el problema. El canon es un síntoma de un mal mayor y es la idea de subvencionismo indiscriminado existente. No creo que la única forma de compensar sea mediante dinero, y el problema se debe más a la opacidad de las empresas privadas que gestionan el canon que a otra cosa. Igualmente al no establecerse excepciones, que EGEDA cree contraproducentes porque influiría en una mayor subida del canon para aquellos CDs que sí tuvieran que pagar el canon y en un aumento del fraude al comprar la gente CDs y DVDs a través de las instituciones y empresas exentas, crea una imagen total y absolutamente negativa de todo el concepto de canon. Honestamente, nunca he tenido problema en pagar el canon, pero no por las copias de seguridad de mis fotos. Si las entidades de gestión no pueden gestionar esto, y en la ley se dice que sólo pueden ser entidades de gestión si tienen dicha capacidad, pues deberían dejar de serlo y cambiar el modelo para que sea mediante los impuestos estatales, bien supervisados, los que compensen a todos los ciudadanos que crean ya que cada vez son más los que simplemente no están en esas entidades de gestión o no quieren dicha compensación siquiera.

Rafael Sánchez no cree que se puedan crear excepciones si no existe una manera firme de controlar quien compra los CDs para grabar y quien no. Sigo pensando que eso es sintomático de un profundo alejamiento de los consumidores, “ese gran colectivo al que nunca se le consulta nada” (J.F. Kennedy).

La segunda noción es la de la propiedad. En la ley y en su espíritu se equipara la creación a la propiedad privada. En realidad no admiten que la propiedad intelectual es un monopolio, no una propiedad, y que esa noción surge de una opinión que puede ser fácilmente rebatida. De hecho en su día, cuando se creó esta ley monopolística no fueron pocos los creadores que se opusieron a ésta y con buenas, muy buenas razones. La parte propietaria son los derechos morales, una obra tiene un padre, o varios, eso es así, pero luego el uso ya no es propiedad finita. Esto no ocurre con los bienes físicos como una casa, un coche o una manzana cuyo uso sí puede ser exclusivo. Así que la propiedad intelectual no es propiedad. Se le llama propiedad, pero es algo mixto que mezcla derechos morales con patrimoniales. Tiene un componente de exclusividad, sí, la autoría, la originalidad, el talento irrepetible, pero otro que no puede ser exclusivo, más bien debería ser inclusivo. Sin embargo se trata todo por igual en el mismo paquete, cosa que distorsiona un análisis de la realidad hasta convertirlo en un debate ideológico, casi religioso diría yo. Se defienden dogmas, no hechos.

La tercera noción es la que más me preocupó. Planteé que la ley está sencillamente mal. Que no se ajusta a la realidad, a lo que convino, pero planteó como única otra alternativa es que sea el estado quien financie la creatividad. En pocas palabras, comunismo cultural.

Honestamente creo que no podemos ir de un extremo a otro y el tiempo está demostrando que existen otras formas de crear híbridas y que no dependen en absoluto de papá estado. De hecho me parece que el modelo de compensasión llamado canon es más “comunismo” (en el sentido peyorativo de la palabra) que otra cosa, sólo que no lo controla el estado, sino cada entidad a su gusto y discreción, cobrando también por las otras creaciones que se consumen cada vez más y sobre las que no tienen derechos a gestionar. Y este hecho es clave para identificar el problema hoy en día. Cuando hablamos de cambio legislativo me refiero a que la ley tiene que mantener el espíritu de ciudadanos accedidendo a los contenidos. Hay que plantear un nuevo paradigma que ayude a incentivar la calidad y la compense en su justa medida por los usuarios, permita e incluso anime al intercambio sin ánimo de lucro entre ciudadanos y controle con firmeza los usos lucrativos con especial presión en la piratería que el plagio supone (y de la que tanto saben algunas de las industrias del entretenimiento que más se quejan de los ciudadanos).

Sin duda que no hace falta irse al comunismo, sino al “commonism” un anglicismo de que viene de lo “common”, la creación de cultura como perteneciente en mayor o menor medida a todos.

Por fortuna me quedo con la sensación de que la nueva generación de creadores de contenidos profesionales ya no ve la distribución social digital de contenidos como una amenaza, sino como una gran oportunidad. Incluir al consumidor en todas las fases de la creación y distribución de contenidos es esencial para dar respuesta a lo que éstos demandan. El freno a que esto ocurra viene precisamente de leyes obsoletas y superadas hace tiempo por la realidad de cómo los ciudadanos usan lo que siempre les ha pertenecido.

Sin embargo he de admitir que me ha sorprendido el espíritu constructivo de Rafael Sánchez y de EGEDA en general a la hora de plantear alternativas y por rechazar el uso del DRM en su plataforma de visionado de video online Filmotech.com. El problema que veo a Filmotech.com es de nuevo mi principal crítica a las plataformas del estilo. No son lo suficientemente ambiciosas o versátiles. Le faltan opciones y catálogo. En ese sentido creo que Nowtilus es una gran opción aunque con las algunas limitaciones de DRM que hace que no pueda ser la solución viable a largo plazo de imponerse las limitaciones en las películas descargables. Como siempre creo que es falta de visión y ambición por parte de las industrias del entretenimiento.

Lo que les tiene que quedar muy claro que el camino de llamar piratas a los consumidores de contenidos, sus potenciales clientes, es una mala idea se mire por donde se mire y que por otro lado no se ajusta a la realidad. Deberían dejar ese gastado discurso porque ya estamos todos inmunizados y tienen que empezar a plantear alternativas realistas para dar a los consumidores lo que éstos demandan. Porque de hecho la auténtica amenaza para su modelo son los contenidos que con cada vez más calidad se ofrecen como alternativa a los suyos, y que no sólo se permite que se compartan, sino que su éxito y futura remuneración se basa precisamente en que sean compartidos.

Recuerdo a la industria que una cosa es desear mantener un modelo de negocio y otra muy distinta poder hacerlo.

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Hablando con Rafael Sánchez de EGEDA