El peligro de la fe ciega

Apunto un par de párrafos que nos deberían hacer reflexionar sobre el peligro de creer en lo increíble, en aquello sobre lo que no sólo no existe evidencia, sino que las propias evidencias invitan una y otra vez a descartar.

De Thomas Paine:

“La infidelidad no consiste en creer o no creer; consiste en profesar que se cree lo que no se cree. Es imposible calcular el perjuicio moral, si se me permite expresarlo así, que ha producido la mentira mental en la sociedad. Cuando el hombre ha corrompido y prostituido de tal modo la castidad de su mente como para someter su profesión de fe a algo que no cree, se ha puesto en condiciones de cometer cualquier otro crimen.”

Y sobre lo mismo T.H. Huxley dice:

“La base de la moralidad es… dejar de simular que se cree aquello de lo que no hay pruebas y de repetir propuestas ininteligibles sobre cosas que superan las posibilidades del conocimiento.”

Leído en “El Mundo y sus Demonios” de Carl Sagan, Editorial Planeta p. 229-230 (comprar libro)

El peligro de la fe ciega

Reflexión sobre lo peor del Islam

Cuando unos cuantos fanáticos se lanzan a intentar asesinar a unos dibujantes por emplear la libertad de expresión, algo que a los fanáticos siempre molesta, uno tiene que pensar ¿qué es aquello que realmente más amenaza al Islam y su profeta? Bueno, persona no crédula como soy, creo que aquí se abre una interesante cuestión sobre relatividades, realidad e hipocresía.

Reflexión sobre lo peor del Islam

Perdiendo mi religión 2, Dejando de ir a las misas

Parte primera

Al cambiar el sentido de mis rezos y ser más honestos comprendí que el sentido del pecado es distinto según la percepción. Lo que para algunos era pecado, no era aplicable en mi caso. Lo que para mi era pecado, no lo era para la Iglesia ¿porqué? Sencillo, porque el pecado de la religión se basa en una moral y no en la ética. Si cada uno tiene su moral ¿no debería tener su propio sistema de pecados? Lo deseable es la ética o seguir el mandamiento básico de Jesús, el de amar al prójimo como a ti mismo, pero no parecía que esa fuera la fuente de inspiración que movía siempre a nosotros, los católicos (cuando todavía lo era, claro).

Entonces empecé a faltar a la misa. Empecé a faltar a las catequesis y cuando pasadas semanas volvía mis catequistas se estremecían pensando en qué nueva pregunta comprometida habría estado yo pensando.

No les faltaba razón. Básicamente volvía por compromiso y por ponerles en situaciones incómodas. Me daba la sensación que de yo sabía de la Biblia mucho más que ellos pues la leía con los ojos críticos de un espíritu científico que poco a poco se da cuenta de que algo falla en el bonito esquema contradictoriamente utópico que me planteaban. En pocas palabras. Era algo demasiado bonito para ser verdad. Todo parecía más bien un montaje destinado a que nos conformemos y no asumamos nuestros propios errores.

No eran capaces de responder a mis inquietudes. No era mala gente, no me entendáis mal, me llevaba muy bien con ellos, pero no podían satisfacer mis inquietudes espirituales que entiendo distintas de las religiosas.

Tras la confirmación mi ruptura con la iglesia católica parecía imposible de evitar y ni siquiera era el principio de todo lo que llegaría a cambiar.

No cuestionaba realmente a Dios. Cuestionaba la iglesia. No creía que Dios tuviera que ser como unos humanos lo interpretan. Al fin y al cabo existían varias visiones o nociones distintas de cómo tendría que ser Dios, por lo que no podría decantarme objetivamente por ninguna. Si tenía que encontrar a Dios tendría que hacerlo yo mismo, lejos de la iglesia que imponía una visión única y monolítica.

Parte 3.

Safe Creative #0912195155000

Perdiendo mi religión 2, Dejando de ir a las misas

Perdiendo mi religión I, los primeros años

Mi madre era católica practicante moderada. No era para nada una persona que impusiera sus creencias, pero sí que iba a misa y yo la acompañaba. Mientras que mi padre era ateo declarado, no quiso entrometerse a nivel de temas religiosos y dejó que mi madre hiciera lo que consideraba correcto, o al menos así lo entendí yo en su momento. Durante los primeros años de mi vida ir a misa y rezar era algo totalmente normal. En pocas palabras, yo era católico, creía en Dios y en las enseñanzas de la Biblia, al menos las que me contaban y tal y como me las interpretaban otros.

Sin embargo poco a poco eso fue cambiando. ¿Cómo fue? Evidentemente no fue un proceso rápido, no cambié de un día para otro, pero sin duda cambié.

Supongo que mi primer recuerdo de cuestionamiento no fue en las catequesis en las que me convertí con el tiempo en el terror de mis profesores por las preguntas que hacía, sino tal vez un poco antes, mientras escuchaba las lecturas desde los bancos de madera en la parte alta de la iglesia y miraba las oscurecidas vidrieras por las que no pasaba la luz pues se había construido recintos cerrados de la iglesia. Imaginaba que esa oscuridad representaba el espacio oscuro a un escenario apocalíptico de las lecturas del Armageddon, texto que siempre me ha fascinado y que he leído varias veces.

Mientras el cura hablaba y yo analizaba sus palabras empecé a cuestionar las cosas. ¿Si Dios estaba en todas partes, era realmente necesario ir a la Iglesia para escucharle o pedirle perdón? Había constatado hace tiempo que, por ejemplo el hecho de confesarse, no tenía mucho de sincero, sino más bien de rito mecánico y carente de sentido real. Deduje pues que si realmente te arrepentías de tus pecados ¿para qué decirlo a un cura? Era mejor informar directamente a Dios en confesión sincera, personal e íntima.

Y eso me llevó a otra conclusión. ¿De qué servía el Padre Nuestro o el Ave María? No eran sino formulismos rígidos que no era capaz de sentir. Poco a poco mis rezos pasaron de la cansina y metódica repetición de palabras que otros escribieron siglos atrás, a ser improvisados, sinceros y honestos. Decía a Dios lo que yo sentía que debía decirle. Y no necesitaba ir a misa para eso. La Iglesia no necesitaba paredes, puertas o ritos. Hablar con Dios no precisaba de ir a un lugar aburrido, oscuro a veces y alejado de lo que sentía y me atormentaba en lo más profundo de mi ser.

parte 2

Safe Creative #0912195154980

Perdiendo mi religión I, los primeros años