¿Cómo funciona la religión?

Leo mucho que la religión no tiene nada que ver con los atentados yihadistas que estamos sufriendo y me entra la duda ¿tendrá relación o no? ¿En nada, en todo o en parte? De hecho cuando se critica el papel de la religión en los acontecimientos que estamos viviendo salta a la palestra el término “islamofobia“, equívoco y peligroso.

Pero lo primero es definir qué queremos decir por religión en esa frase. ¿El islam no tiene nada que ver o hablamos de la religión en general? Si es así ¿cómo definimos religión? ¿De dónde viene, por qué existe, para qué sirve?

Las frases generales de ese tipo son peligrosas y enunciarlas sin más ayudan en poco a entender la complejidad problema.

Pero vamos directos al grano: Yo creo que la religión, tanto el islam, como las religiones abrahámicas como la religión en general sí son parte del problema si bien no la única causa. ¿Por qué? Porque este tipo de religiones funcionan en base del convencimiento de que unos textos expresan ciertas verdades que no se pueden cuestionar fácilmente porque han sido escritos hace más o menos tiempo por ciertos personajes que se dicen depositarios del saber de un dios de forma más o menos directa. Esto viene a significar que todas las religiones tiene el mismo defecto y que es el germen que hace que la capacidad crítica del cerebro humano se desactive para cuestiones de enorme trascendencia. Ahí empieza el problema, que en ausencia de un debate que lo cuestione, la creencia en seres celestiales y vidas después de la muerte, se crea el terreno propicio para la manipulación, el engaño y el error. Las consecuencias pueden ser tanto positivas como inocuas, pero también terribles y espantosas.

Que la mayor parte de las veces el uso de la religión no resulte en actos violentos execrables por la magnitud y repulsa general que nos causa en la sociedad no hace que sean menos manipuladores, engañosos o falsos. El “porqué” es importante, no sólo el resultado final.

Sin el componente religioso, además, sería imposible explicar el conjunto de acciones para nosotros aparentemente violentas y criminales de una parte importante culto que se ha instalado por la corriente salafista en la adoración a la muerte, la violación y la esclavitud. Y conviene separar la responsabilidad de ciertos gobiernos e intereses de occidente en el resurgimiento de la yihad más violenta con el hecho innegable de la existencia de ésta desde hace cientos de años, de hecho desde la fundación de la religión del Islam, y sus objetivos concretos declarados actuales.

Un culto instalado en el asesinato no tiene necesidad alguna de ocultar sus intenciones reales y así lo declaran una y otra vez. Si atacan occidente como lo hacen no es primariamente por venganza pura y dura, que también, sino por odio a los valores humanistas ilustrados que nos han convertido en la sociedad que somos y en la que, al menos en teoría, es posible rechazar la idea de la existencia de dioses y sus dudosas morales que no emanan más que de los imperfectos humanos que en medio del miedo a no saber los porqués, rellenan los huecos con cualquier idea que les conforte, desde los valores más altos y altruistas como los más bajos y viciados.

 

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¿Cómo funciona la religión?

Lo que hace que hagamos

Normalmente, como seres humanos, tendemos a intentar simplificar las motivaciones de otros para sus acciones. Lo cierto es que raramente lo que uno hace obedece a un único factor. Casi todo es siempre mucho más complejo. Lo peor es que al albur de nuestros prejuicios con frecuencia tendemos a descartar algunos importantes factores aunque sólo sea porque muchas de nuestras acciones, incluso las positivas, están igualmente guiadas por éstos.

Esto es relevante en el contexto de acciones que consideramos negativas o malvadas. Con demasiada frecuencia aquello que no podemos, o queremos, explicarnos lo simplificamos erradicando, si no toda, parte de la humanidad de esas personas que realizan tales acciones.

Esto es especialmente relevante en actos con base religiosa, donde la política, control social, irracionalidad, manipulación, costumbres e incluso perturbaciones mentales se entremezclan.

Si no tenemos en cuenta la mayor cantidad posible de factores que llevan a alguien comportarse de una manera determinada es difícil, cuando no imposible, combatir ese comportamiento que nos escandaliza y trastorna.

Es tentador achacar a la maldad inherente del ser humano esos actos, como si eliminando a la persona se eliminara la idea que lo llevó a cometer atrocidades. Sólo analizando esta pluralidad de factores, aceptando la corresponsabilidad de ideas vertidas por otros seres humanos en forma de creencias ciegas religiosas, ideas políticas envenenadas y otros sistemas de control resistentes al escrutinio crítico, podemos llegar a comprender qué caminos, con frecuencia dramáticos, tendremos que emprender.

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Lo que hace que hagamos

Cuando decimos que algo no existe

Muchas veces, en ciencia, cuando decimos que algo no existe no estamos realmente diciendo que algo no exista; sino que no creemos que eso concreto exista. Demostrar la no existencia de algo es posiblemente una solicitud perversa. No podemos demostrar lo que no existe porque no podemos abarcar todo el universo y el tiempo, ni todas las posibilidades, presentes o pasadas.

En realidad no podemos decir que las hadas, Thor o Alá no existen. Podemos estar bastante seguros de que no lo hacen, pero no podemos, categóricamente, decir que no. No está en nuestra mano tener que demostrar la no existencia, pero sí de lo que lo afirman hacerlo.

Nadie tendría que vivir su vida basándose en afirmaciones de personas que en realidad no saben más que cualquier otro de esas cuestiones y en todo caso es lícito exigir pruebas y evidencias tan extraordinarias e incontrovertibles como extraordinarias las afirmaciones.

Cuando decimos que algo no existe