Hace varios meses oí hablar por primera vez de un tal Barak Obama. Vaya nombre, pensé. Pero lo cierto es que no le dediqué mucho tiempo.
Pero el nombre volvía una y otra vez a mis oídos y no pude menos que empezar a interesarme por esa figura incipiente entre la maraña de noticias que representa la radio que escucho a diario desde el 11 de Septiembre de 2001.
Ya han pasado muchos meses desde aquel primer día que escuché el nombre y hoy Barak Obama es oficialmente el candidato demócrata para las próximas elecciones presidenciales en los EE.UU.
Sin duda es una noticia importante y trascendente, no sólo para los estadounidenses, sino para el resto del planeta. EE.UU. es una potencia que influye con sus políticas en el resto del mundo, nos guste o no.
Personalmente no creo que que sea negro sea algo relevante. Creo más bien que lo que dice es relevante. Por supuesto que no estoy de acuerdo con absolutamente todo lo que lleva en su programa electoral, pero hay cosas que dice que le dan a uno qué pensar. Y pensar con cierto optimismo además.
Sobre todo estamos ante la incertidumbre de si alguien como Barak Obama podría llegar a ser realmente un buen presidente. Serlo mejor que George W. Bush es claramente sencillo, pero demostrar con actos lo que pregona ser en sus discursos es más complicado.
Sin duda con sus discursos ha logrado emocionar a muchas personas que seguramente odiarían que se les traicionase.
Ahora se abre un camino difícil y arduo para Obama. Por un lado los planes de Clinton siguen de por medio. Por otro lado luchar contra McCain también se presenta complicado. Y si gana el panorama es desolador. Un país sumido en la paranoia antiterrorista, con un déficit brutal y en plena crisis gracias a especuladores y lobbys de presión. Sin embargo estaremos atentos a lo que este senador por Illinois pueda hacer ya que el futuro de muchos, y también el nuestro, depende en gran parte de lo que pase en esa gran nación que son los Estados Unidos de América.

