La absurda condición humana

El ser humano masacrándose y todos lo aceptamos. ¿Acaso hemos avanzado en algo desde los lejanos tiempos? Creo que no y viendo la progresión que muestra este interesante video, el futuro está claro. El ser humano no sobrevivirá otros 1.000 años.

Necesitamos una revisión urgente a nivel globa. Necesitamos un cambio completo interno y externo. No podemos seguir por esta vía porque como especie debemos intentar conservarnos. Nos estamos destruyendo y el dolor ya es infinito. No más violencia.

La absurda condición humana

Mahatma Gandhi y la carta que le escribió a Hitler para detener la guerra

Copio literal este artículo por su especial interés. Fuente original y licencia.

Hoy 2 de octubre se conmemora el 140 aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi, el mayor exponente de la resistencia no-violenta y un convencido propagador de los principios de la autogestión comunitaria y del federalismo libertario. A fines de 1940 Gandhi escribió una carta dirigida a Hitler con el objetivo de convencerlo para que detuviera la guerra, pero las autoridades británicas impidieron su difusión.

“Quizas las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo”

Albert Einstein

Una de las personalidades más importantes y trascendentes del siglo XX, Gandhi permanece en la memoria colectiva de la Humanidad como símbolo de la acción política y reivindicativa fundamentada en el espiritualismo y en la resistencia pacífica. Mohandas Karamchad era el hijo pequeño de la familia Gandhi. Su padre era un abogado de cierto prestigio casado en cuatro ocasiones. De la última de sus uniones, con Pulitnai, fue fruto el que posteriormente sería denominado “el Mahatma”, alma grande. De su infancia y primera juventud sabemos que no fue aplicado en los estudios y que sentía verdadera devoción y respeto hacia sus padres.

Se trataba de un muchacho tímido, retraído, característica que no abandonará a lo largo de su vida. A los siete años, conforme a la tradición hindú, sus padres concertaron su matrimonio con una niña de su misma edad, Kasturbai Makanji, con quien se casará al cumplir trece años. Ambos permanecerán unidos durante toda su vida, siendo su reservada esposa el apoyo silencioso de las actividades de Gandhi. A los dieciocho años Gandhi aprobó el examen que le capacitaba para cursar estudios superiores.

Personalmente se inclinaba por la Medicina, pero la opinión de sus familiares era que debía estudiar abogacía, como su padre. Había en su opinión razones para ello: su padre hacía poco que había fallecido, y seguir su carrera era la mejor manera de honrar su memoria; además, resultaría imposible para un seguidor de Visnu compaginar sus creencias con prácticas médicas como la disección o la cirugía, por más que los fines fueran la curación del paciente.

Así, encaminado al estudio del Derecho, se decidió que el mejor lugar para hacerlo sería Inglaterra. En Londres, Gandhi se esforzó por integrarse en una cultura radicalmente diferente. Se compró varios trajes, tomó clases de baile e incluso aprendió a anudarse la corbata. Sin embargo, lo más importante y decisivo fue la lectura de dos libros que marcarán profundamente su existencia: la Biblia y el Bhagavadgita. Del primero le cautivaron ciertos pasajes en los que se postula el pacifismo a ultranza y la ausencia de respuesta a las agresiones: “a quien te hiere en un mejilla, preséntale también la otra” (Sermón de la Montaña).

Del segundo, libró sagrado del hinduismo, Gandhi extrajo avergonzado -no en vano había tardado veinte años en leerlo- enseñanzas acerca de la moral, la capacidad de esfuerzo y la resistencia tenaz ante la adversidad. Tras graduarse como abogado en 1891, Gandhi regresó a la India para ejercer su profesión, intentándolo en Bombay y Rajkot. Sin embargo, dos problemas de complicada solución se cruzaron en su camino y le hicieron fracasar en su empeño: su profundo retraimiento, que le dificultaba hablar en público, y su ignorancia de las particularidades del derecho hindú.

De todas maneras, extrajo una enseñanza positiva de su experiencia, pues halló que tenía habilidad para redactar escritos jurídicos y reclamaciones. Gracias a esto consiguió empleo como consultor en la empresa Daba Abdulla & Co, que le destinó a su delegación en África del Sur. En este país, la existencia de una gran comunidad hindú era fruto de la emigración en busca de mejores condiciones económicas. Sudáfrica era, como la India, colonia inglesa, aunque en su suelo se observaban fuertes enfrentamientos entre ingleses y boers holandeses.

La situación de la minoría hindú era de marginación y carencia de medios básicos de subsistencia, lo que pronto pudo observar Gandhi. Así, además de al ejercicio de la abogacía, Gandhi se dedicó a la creación de un partido político que aglutinara los intereses de los hindúes y luchara por defenderlos: en 1894 nació el Natal Indian Congress, órgano reivindicativo principal de la minoría hindú en Sudáfrica. Al estallar la guerra entre boers e ingleses, Gandhi tomó partido por los británicos y reclutó voluntarios entre la comunidad hindú para conducir ambulancias que atendieran a los heridos. Sin duda en su decisión pesaron sus creencias y su educación en valores como la caridad y la ayuda al prójimo, así como el hecho de considerarse miembro del Imperio Británico.

No en vano, Gandhi vestía a la inglesa, gozaba de altos ingresos y residía en una de las zonas más cotizadas de Durban. También en Sudáfrica ocurrieron otros acontecimientos fundamentales para la vida de Gandhi, como lo fue la lectura de textos cuyas enseñanzas calarían hondo en su manera de pensar y actuar. Gracias a la influencia de los textos de John Ruskin, Gandhi pasó a valorar en primer término el trabajo manual, es decir, lo conseguido por uno mismo mediante su propio esfuerzo; de Henry David Thoreau extrajo el concepto de desobediencia civil como modo de lucha y resistencia del individuo frente a la injusticia de las instituciones; por último, recibió la influencia del pensamiento de Tolstoi (en la foto), valorando el anarquismo pacífico como una opción transformadora de la realidad social. La síntesis resultante fue una doctrina original en su conjunto, que no en todos sus componentes, elaborada por Gandhi utilizando todas las influencias recibidas.

Dos principios propios de la mística hindú fueron la base de su sistema de pensamiento: la “satyagraha”, “fuerza de la verdad”, del que deriva el concepto de resistencia pasiva, y la “ahimsa”, “no violencia”. El primero supone la búsqueda de la verdad como camino de rectitud y virtud; es, por tanto, una acción, por más que su componente sea físicamente pasivo: resistencia, vigor y fe son creencias que tienen su reflejo en los actos individuales. El segundo, la “no violencia”, deriva de la “satyagraha”, y es su consecuencia directa: la fuerza de la verdad hará que se imponga por sí misma, no mediante la violencia; por ello, el daño que nos es infligido no ha de obtener una respuesta violenta por nuestra parte, sino la confirmación de nuestra posición a modo de resistencia. En 1906, los principios teóricos comenzaron a tener visos de practicidad.

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