El Contubernio de los Necios

Aviso a navegantes: Internet tiene memoria y el tiempo pone a cada uno en su sitio.

Llevo varios años por la Red. He peleado en varias causas y todavía sigo luchando desde la propuesta de soluciones. En estos años he encontrado muchas cosas que me han parecido patéticas, tristes y miserables.

Los necios se alían en Internet pensando que son reyezuelos de sus propios cotos de caza. Se lanzan como alimañas al cuello de la gente. Sin compasión, sin medida y sobre todo… sin futuro.

Tal vez cómo actúa la gente en Internet da un poco muestra de la miserable naturaleza de tanta y tanta gente. Si no fuera porque conozco ejemplos de justo lo opuesto, a veces darían ganas de tirar la toalla y dejar que el mundo se precipite más rápido a su fatal final. Y no hablo del planeta Tierra, hablo del mundo triste y pequeño del ser humano.

Me encuentro con plagiadores casi a diario. Me encuentro con suplantadores de identidad, con pequeños déspotas y tiranos que venden su alma al diablo de su ego por unas pocas frases que ellos mismos con incapaces de comunicar. ¿Existe realmente la creencia de que pretender engañar a los demás es suficiente recompensada para compensar que nos engañemos a nosotros mismos?

Siempre me ha llamado la atención la gente que se atribuye la autoría de otros. ¿Realmente les satisface? ¿Qué clase de valores mueve a esa gente ladrona, triste y patética? Personalmente nada me agrada más que decir la autoría de los textos que cito. Me parece que honra no sólo al citado sino al que cita. Tal vez tenga otros valores, los que me inculcaron heroes como Sagan, Custeau, Rodriguez de la Fuente, Lennon o Gandhi; honor, justicia, libertad, verdad y humilad.

La respuesta en sencilla: El plagiador es un ser por definición miserable. Tiene tan poca auto estima, tan poca vida, tan poco que aportar a la humanidad que se vende a si mismo por treinta monedas, ya no de plata, sino de latón. Es gente triste y patética. Seres vacíos y vulgares que no pueden ni saben destacar en nada. Se traicionan a si mismos los primeros. Se engañan pensando que lo que hacen vale la pena. Pero no lo hace. El tiempo les pondrá en su sitio. Internet recuerda cada uno de sus actos. No se olvidan. Al final la gente lo recordará y sabrá quiénes y cómo son. Aunque agazapados detrás de un monitor de ordenador, sus rostros informes serán más visibles que el más visible de los retratos.

Es triste que exista tanto necio así. Y no piensen que el plagio es cosa de esos pobres tiranos en algunas redes sociales minoritarias, también los encuentran en las grandes industrias del entretenimiento que se dedican a llamar piratería a lo que tal vez no es, tal vez intentando alejar esa definición de lo que en ellos en muchas ocasiones se hace como profesión; tomar las ideas de las demás como propias y lucrarse sin recompensar a los que las idearon. Esos miserables viajan en coches de lujo y duermen entre sábanas de seda.

Pero aunque se escondan entre sedas, o se crean impunes tiranos en sus propios sitios web, siguen siendo seres patéticos y repugnantes, no muy distintos del equivalente en Internet de un parásito intestinal.

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El Contubernio de los Necios