Alex de la Iglesia y David Maeztu

Lo primero, soy amigo de David Maeztu desde hace tiempo y colabora con el proyecto en el que trabajo. Le cito con frecuencia.

Segundo,  David Maeztu es un gran abogado con un notable defecto, peca de modestia. No es, como afirma, un abogado de “provincias”, es un abogado con todas las letras y gran profesional.

No creo que fuera un movimiento acertado el haber propuesto la modificación de la ley Biden-sinde, pues les hace el trabajo, gratis, a los que no merecen tal cosa. En cualquier caso actuó, creo, con honestidad, arriesgándose a la tormenta que se desató y en un ejercicio de abogacía depurando algo que de origen es malo, muy malo. Su logro es más que simplemente notable, pues era realmente difícil proponer algo que salvase o mejorase una ley profundamente perversa. No soy abogado, e insisto que estratégicamente tal vez no lo debiera haber hecho, pero vistos los acontecimientos, sin duda lo ha hecho con la mejor intención y sin realmente esperar nada a cambio, que no fuera demostrar de lo que es capaz a nivel profesional.

Me alegro mucho de que los políticos, obsesionados por obedecer cual perros al amo de EEUU, hayan ignorado esta propuesta, sin duda mucho más robusta que la que finalmente se aprobará para vergüenza de los futuros votantes de PP, PSOE y CIU.

Bueno, y ahora sobre Alex de la Iglesia. Le conocí hace casi una veintena de años en el Festival de Cine de San Sebastián. Yo trabajaba como RRPP acompañando a la familia de William Wellman y en una fiesta le saludé. No era eso algo que soliera hacer, pero realmente me gustaban mucho las películas que había hecho.

Admito que tuve mis serias dudas sobre la honestidad de la propuesta de encuentro de hace unas semanas, pero con los actos, Alex de la Iglesia ha demostrado con actos lo que muchos sólo podíamos soñar que llegara a decir. Si ha habido una victoria moral en este debate tan adulterado, ha sido la integridad, coherencia y honestidad de Alex de la Iglesia. Tal vez no coincidamos en todo, pero la predisposición a hablar, dialogar y entender, es poco frecuente y por lo visto totalmente ausente en algunos políticos cuya misión debería ser, precisamente, lo que Alex decidió hacer por su cuenta y riesgo.

Así que desde aquí, todos mis respetos y espero poder volver a saludarle pronto a Alex y contarle algunas de las propuestas en las que un equipo ya estamos trabajando para solucionar, en cierta medida, los problemas de modelo de negocio de la industria del cine.

Honor y fuerza. Seguiremos luchando por la defensa de la cultura e Internet.

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