Mi opinión sobre los 110km/h

Creo que soy de esas pocas personas que respetan los límites de velocidad y que es bastante prudente al volante. Cuando leo que el gobierno, nuestro gobierno, ha decidido reducir la velocidad máxima de 120 a 110 km/h mi primera impresión es que es una de esas medidas irreflexivas y desde luego muy poco eficaces. Vamos, al uso, petachos en lugar de soluciones, para un problema, el energético, que es lo suficientemente importante como para que una medida, a mi juicio populista, no suponga sin un maquillaje que más peligros que posibles soluciones.

Porque para evitar un gasto excesivo de combustible la clave principal no es la velocidad, sino la forma de conducir. Sería mucho más útil, por ejemplo, formar a la gente sobre formas efectivas de reducir la factura del combustible como por ejemplo:

a) No apuremos el cambio. No estirar las marchas: Subir mucho de revoluciones, la conducción agresiva, incrementa el gasto. Es importante que la gente conozca la franja de revoluciones por minuto en las que deben cambiar las marchas. Sorprendentemente muchos coches “económicos” no tienen cuenta revoluciones y esa supuesta economía se disipa por un mal uso del cambio.

b) Idea: coche en buen estado: Bien difícil con las carreteras que tenemos, pero llevar los neumáticos bien, con la presión adecuada, las suspensiones en condiciones, son todos factores que reducen el consumo. Sí, llevar el coche limpio, al menos por fuera, también es efectivo.

c) Noción: es el frenar lo que gasta: Aquí es donde creo que la medida de los 110 va a chocar la el duro muro de la realidad. Lo que hace que más se consuma no es, al contrario de lo que se cree, la alta velocidad (siempre que no sea excesiva), sino el frenar. La energía cinética se convierte en energía térmica cada vez que pisamos el freno. Los coches hoy en día se ponen a 120 y 130 con gran facilidad. Bajar a 110 continuamente (pues la inercia hace que nos acerquemos con frecuencia a los 120), supondrá frenar con frecuencia durante una temporada al menos, luego consumiremos más. Este es igualmente el motivo de porqué cuando se va a mucha velocidad se consume mucho más, pues los frenazos son más bruscos y convierten mucha energía cinética en mucho calor. No digo que no se tenga que frenar, que hay que hacerlo, pero la clave es moderar la velocidad de acuerdo con las condiciones de la vía, para evitar frenazos bruscos. Por cierto que mantener la distancia de seguridad también ayuda a evitar frenazos bruscos y ahorrar así combustible.

d) Advertencia: es peligroso: Cuando voy a 120 donde hay que ir a 120, o a 80 donde hay que ir a 80 soy el más lento del pueblo. Por detrás vienen coches, autobuses y camiones a mucha más velocidad y ante la tesitura de respetar la velocidad y poner en peligro a mi familia y a mi, a veces no tengo más opción que acelerar para escapar, para luego volver a frenar (y así gastar). ¿Se vigilará que se cumpla la velocidad? ¿U ocurrirá que existirá un margen que se aprovechará al máximo y la gente irá a 120 ó 130? Pero lo malo es que vamos a tener que estar más pendientes de los 30km/h en ciudad y 120km/h en autopista que en la conducción que debería ser, como he dicho, adaptable a las condiciones (no es lo mismo un día de lluvia con mucho tráfico que un domingo soleado por una variante desierta). Estar pendientes de cámaras, rádares y si no se cuenta con un control de crucero o límite de velocidad, incrementa las posibilidades de accidente.

e) Consejo: aprovechar inercias: otra forma de reducir el consumo es evitar tratar de mantener la velocidad punta en la subidas y aprovechar la inercia y acelerar en las bajadas. Esto supone que en las subidas 110 ó incluso 100 es correcto, pero tal vez bajando, para aprovechar la siguiente subida no está de más ponerse a 125 e incluso 130. Yo no lo hago, pero así se podría ahorrar algo.

f) Idea: ir varios en el coche: una medida que se podría hacer es copiar el modelo de USA de carpool. Allí se puede usar el carril rápido si van dos o más personas en el coche. Interesante para aprovechar e ir varios juntos en el coche a trabajar. Se podría habilitar que esos vehículos pudieran ir por carriles especiales durante horas conflictivas, lo que reduciría vehículos desplazándose.

g) Idea: jorarios flexibles: es uno de los problemas endémicos de España. Esos horarios partidos, rígidos, con los que es imposible conciliar nada. ¿Porqué tantos millones de personas se desplazan hasta cuatro veces al día para ir venir del trabajo en lugar de dos? ¿Se imaginan cuánto se podría ahorrar? Además no olvidemos que al final se trata de objetivo, no de estar 8 horas fijas en un puesto de trabajo perdiendo el tiempo en ocasiones. Necesitamos un cambio de mentalidad para favorecer horarios flexibles con objetivos realista, posibilidad, dependiendo del puesto, de trabajar desde casa, etc. Bueno para los trabajadores, para la empresa y para la economía sin duda ¿porqué no se fomenta ésto?

h) Noción: no hace falta usar el coche para cualquier cosa. No digo que no haya que usarlo, pero con demasiada frecuencia la gente coge el coche para desplazamientos muy muy cortos, o porque caen cuatro gotas, o porque hace mucho calor y se prefiere ir con aire acondicionado. Pues no hace falta.

i) Peligro: muchos coches más tiempo en la carretera a 110: Esto es así. Más tiempo en la carretera, somnolencias, confusión. Horas perdidas en traslados, transportes. Para mucha gente mucho más tiempo fuera de casa y de sus familias, más preocupados por las multas que por estar atento a la carretera y los demás. Tiempo perdido para un hipotético ahorro que auguro no será tal (aunque ya veremos qué informes se sacan después de la manga).

En fin, son sólo algunas ideas que se me ocurren sobre la marcha, seguro que alguna mucho más efectivas que las del gobierno. No hace falta bajar el límite de velocidad. Hace falta cambiar de mentalidad, racionalizar los horarios y el uso del vehículo; hace falta formar y educar. Y si bien me suelen parecer bien las medidas que reducen la siniestralidad, esto va de obligar a un ahorro en cuyo camino creo que siniestralidad y el peligro va a aumentar. No quiero que el gobierno me obligue a ahorrar porque yo llevo mucho tiempo economizando mucho mi gasto de combustible, básicamente porque no me llego nunca ya a final de mes. Si realmente queremos ahorrar petroleo, les dejo mis sugerencias, que no son sólo mías.

 

 

Mi opinión sobre los 110km/h

No les votes por miedo

Miedo al peor, miedo al supuesto voto inútil.

La libertad no se construye con miedo, sino enfrentándose a él. Ejerciendo los derechos, haciendo lo correcto, no lo que otros quieren que hagas por temor a que otra opción pueda ser peor.

Muchos ponen en cuestión la la capacidad de éxito de cualquier iniciativa, pero son los que normalmente carecen de iniciativa y suelen quedarse esperando que por arte de magia las cosas se arreglen. Creo que han pasado ya suficientes años como para estar seguros de que las cosas no se arreglan sin más. Hay que arreglarlas uno mismo.

Estamos en manos de lobbys, de empresas, de gente que aborrece a los ciudadanos y codicia lo que sus carteras contienen. Está en tu mano, no en la de otra persona, hacer lo correcto, lo que tu corazón te demuestra cierto y tu cerebro puede cínicamente descartar:

No les votes por miedo

Preguntas capciosas para los pro copyright extremos

¿Estás su industria dispuesta a competir con los usos y costumbres de los usuarios que comparten sin ánimo de lucro copias de sus obras?

¿Como creador va a ofrecer un algún valor añadido para favorecer que paguen por acceder al contenido que crea?

¿Como artista está de acuerdo con la falta de acción para crear nuevos modelos de negocio por parte de tus intermediarios que te remuneren correctamente?

¿Creen que  insultar y descalificar a sus clientes y potenciales clientes es bueno para su negocio?

¿Van artistas e intermediarios a adaptarse a la realidad digital?

Bueno, bien pensado tal vez no sean tan capciosas 🙂

Safe Creative #1102248567686

Preguntas capciosas para los pro copyright extremos

Es la competencia patanes, no la piratería

Perdón por el patanes, era sólo para llamar la atención 😀

¿Pirateas contenidos? ¿Cuánto pagarías por una película? ¿Y por una canción?

Son todas preguntas capciosas. ¿Porqué? Empecemos por el término piratería:

Como he sostenido muchas veces el término “piratería” no se aplica en muchas ocasiones correctamente, sino más bien dar apariencia de certeza a una mera opinión. La piratería es la que secuestra aviones y barcos, como algunos gobiernos hacen. Que alguien copie o comparta un contenido sujeto a todos los derechos reservados no deja de ser una presunta infracción de derechos de autor dependiendo de las circunstancias y la legislación aplicable.

Además alguien puede argumentar que el continuo incremento de los términos de validez de “todos los derechos reservados” es una piratería (legal) del dominio público. Otro podría decir que quitar a los jueces del proceso que debe decidir si una página de enlaces vulnera o no los derechos de propiedad de alguien es igualmente una forma de piratear la propia esencia de la democracia y la separación de poderes para dar un trato de privilegio a unos intermediarios que se niegan a cambiar o desaparecer.

Así que el tema, cuestiones morales a parte, se reduce a un mero cambio en las formas de consumo y acceso a los contenidos, sean culturales o de puro entretenimiento.

Yo nunca respondo a una encuesta que me pregunta si consumo contenidos pirateados, porque tal vez no sean contenidos pirateados. Si respondo que sí estoy validando la opinión de que algo que puede o no ser ilícito, lo es. Si respondo que no, lo valido igualmente ya que legitimo igualmente la pregunta, luego el supuesto. La pregunta no es correcta porque la respuesta fortalece el argumento subjetivo y rebatible de quien pregunta.

Tampoco es una pregunta válida el “¿cuánto estás dispuesto a pagar por una película?” que de igual manera que como ocurre con el término “piratería” asume que la forma correcta de remunerar al creador es pagando por el contenido directamente, como si no existieran otras opciones.

Vamos a recordar dos conceptos básicos, pero que muchos no comprenden: un tomate, no es comparable a la fotografía de un tomate.

No puedes producir cientos, miles de tomates iguales sin gastar proporcionalmente muchos recursos en forma de tierra, agua, sol, tiempo, arados, etc. Puedes en cambio producir cientos, miles, millones, billones de copias idénticas de fotografías de tomates sin apenas notar un incremento de coste en todo el proceso.

Eso es porque lo inmaterial, a diferencia de lo material, se puede copiar, creando obras idénticas sin que nadie pierda su propia copia en el proceso.

¿Es que no hay nada inmaterial en el tomate físico? Sí, la noción, el conocimiento de cómo se ha de cultivar. Eso sí se puede copiar. Alguien puede tener la fórmula, el conocimiento inmaterial para cultivar tomates, sin que el que lo ideó en primer lugar deje de poder cultivar con ese mismo procedimiento.

Eso nos lleva a la otra pregunta ¿no hay nada único y no copiable en el contenido digital? Sí que lo hay, el proceso de crearlo. Es único e irrepetible y cuesta tiempo, ergo dinero para muchos. Eso debe poder ser remunerado de alguna manera pero la venta y distribución de la obra per se no tiene porqué ser la única, ni mucho menos la mejor, opción viable. El precio por contenido no tiene porqué ser lo único que se cuestione.

Porque lo que realmente tiene valor es lo material, lo que no se puede o es difícil de copiar. Así el creador debe exigir que se pague por el trabajo que se hace, y si se obtiene un rendimiento económico de su obra. El objetivo de sus solicitudes debería ser el intermediario, si lo tiene, o el usuario final, si no tiene intermediario.

Pero insisto en que se debe de considerar el pago por lo no copiable ¿y qué puede ser esto? Pues el valor añadido, el servicio, la conveniencia por un lado, y la remuneración indirecta por otro.

Centrémonos ahora en lo primero: el valor añadido. Si se pretende que se pague por la copia y distribución de contenidos sin más, se compite con cada una de las personas que puede copiar y distribuir copias. La totalidad de personas, los ciudadanos que tienen una conexión a Internet o un llavero USB  portátil. Son además los que en última instancia pueden querer pagar por lo que hacen los artistas, por el trabajo que supone dar como fruto una obra.

La clave pues está en la experiencia tal y como ocurre en el hecho de ir al cine. No se paga por el contenido (al fin y al cabo no te quedas con la película para verla después), se paga por la experiencia completa. De la misma manera para conseguir que la gente quiera pagar a los creadores por lo que hacen, deberán competir de forma mejor y más efectiva. Como imponer un precio es un error, ya que impone una barrera que la copia individual entre particulares sin ánimo de lucro no tiene, hay que ofrecer el valor añadido de la comodidad en forma de reducidas tarifas planas con ubicuidad, segmentación, interacción con los fans, merchandising a precios reducidos, etc. El límite está en la imaginación.

Lamentablemente no anda la industria sobrada de imaginación cuando las únicas preguntas que se plantean son las arriba mencionadas. Igualmente leyes forzadas que llaman criminal a una generación completa sólo consiguen el efecto contrario al deseable, precipitando una rápida desafección de los consumidores hacia los artistas mientras los intermediarios, auténticos culpables de la crisis por no evolucionar, huyen con los dividendos.

Safe Creative #1102248567693

Es la competencia patanes, no la piratería

Retorno, la película y el experimento

Mientras algunos intermediarios patalean, se quejan, lloran, gruñen, insultan a sus clientes o potenciales clientes, hacen lobby y propician recortes de libertades y ataques al estado de derecho, otros actúan.

Esa es la clave y la diferencia entre vivir lleno de miedo y por lo tanto no actuar, o actuar a pesar del miedo al cambio.

Lo primero es que no he visto la película “Retorno” todavía, pero la veré, ya lo creo. Y haré alguna de las tres cosas que recomiendan después de verla gratis, o pagar por ella, o no pagar, o recomendarla, pero quiero apuntar un par de cosas: creo que es una iniciativa interesante, un buen experimiento, pero desde luego no es la solución a todos los problemas de los intermediarios, creadores e industria en general. Veremos qué ocurre, pero lo importante es la actitud que se demuestra. El camino se hace andando, paso a paso y en la era digital hay que aprender incluso a cómo dar esos pasos.

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Trailer Retorno (Chile, 2009) from Guillermo on Vimeo.

Retorno, la película y el experimento

Miedo al peor

Dice V que “el pueblo no debería temer a sus gobernantes, sino los gobernantes al pueblo“.

Cuando los ciudadanos tememos al gobierno actual o al gobierno futuro es que algo está muy mal. Francamente mal. Debemos hacer una reflexión profunda, tal vez idealista, pero no debemos seguir soportando ese temor.

Me encuentro con gente que ante #nolesvotes tiene miedo de que los que ganen elecciones sean peores que lo que ya tenemos. Otros tienen miedo de los pactos serviles que los partidos alternativos puedan formar. En definitiva, que no parece haber alternativa, no hay solución. El sistema está corrupto.

Yo percibo miedo. Miedo e impotencia.

Es normal tener miedo, pero no deberíamos tener miedo del gobierno actual o futuro. Deberíamos tener más miedo de nuestra inacción.

Creo que sí existe un problema grave, un problema que subyace en el pueblo que consiente ser manipulado a sabiendas. Sí creo que la democracia, tal y como está ahora, es una charada de mal gusto. La gente vota a un partido porque el otro es peor, o por costumbre, o a pesar de la corrupción, el engaño y la mentira. Parafraseando de nuevo a V, algunos son más responsables que otros, pero si queremos ver a los culpables no tenemos más que mirarnos en el espejo. Creo que es muy acertado.

No creo que podamos ver un cambio sustancial en el corto plazo. Creo que debemos aprender como niños a caminar, a ejercer esos derechos olvidados. Debemos aprender a hablar de nuevo, a movernos, a no golpearnos una y otra vez. Y el movimiento se demuestra andando, no quedándonos cínicamente quietos, esperando lo mejor, que el cielo no se caiga sobre nuestras cabezas. Y lo cierto es que se está cayendo.

El sistema es una pantomima porque hemos dejado que se convierta en eso y por eso mismo debemos usarlo para hacer una declaración, para enviar una señal, para realizar una comunicación. El gobierno y los políticos en la oposición debe tener miedo al pueblo, pero no al pueblo manipulable, sino al pueblo de los ciudadanos que se informan, detectan la mentira, saben que todo es una farsa y quieren recuperar su voz.

No todas las leyes son del gusto de todos, es cierto, pero la mentira, el abuso y la manipulación no es una ley; es una forma de gobernar y hacer política que no debemos consentir.

Y por eso no debemos tener miedo a las consecuencias. Cuando peor están las cosas, cuando identificamos un enemigo común es cuando más nos unimos, cuando mejor luchamos, cuando más posibilidades tenemos. Como siempre lucharemos contra las crecientes dificultades, pero si hemos logrado hacer llegarles un mensaje claro y conciso, cada vez lo tendrán más difícil el manipular y mentir. Pero lo que es seguro es que por la noche podremos dormir un poco mejor que aquellos que prefieren el miedo o no hacer absolutamente nada.

Es hora de hackear el sistema para luchar contra los piratas de la democracia.

Miedo al peor

Las cosas claras: esto no va de creadores, sino de intermediarios

Dejemos las cosas claras. La política del Ministerio de Cultura y las iniciativas tipo Ley Sinde-Biden no tienen poco que ver con los autores, artistas y creadores en general. En realidad lo que se hace es favorecer a una serie de intermediarios, principalmente distribuidores, los evidentes perjudicados ante la llegada de lo digital al hogar de muchos ciudadanos.

De lo que se trata es de intentar mantener una serie de modelos de negocio de oligopolios que controlaban la copia, promoción, publicación y distribución, en la era digital en la que cualquier persona puede copiar, distribuir, promocionar y publicar.

En pocas palabras, la tarta que se repartían unos pocos tiene ahora más porciones y toca a menos a cada uno. Los artistas aquí son moneda de cambio. Nuevos actores han entrado en el juego, otros deberían salir, reducirse, desaparecer o adaptarse.

Como los oligopolios no quieren ceder poder, prefieren mantener la ilusión de que pueden hacer negocio tal y como hacían veinte años atrás sin cambiar un ápice, incluso cuando ya no son necesarios, y por eso han de forzar leyes que den la ilusión a los inversores de que hay futuro en la venta de CDs y DVDs.

Pero lo cierto es que ya no hay sitio para todos. Mucho lo han entendido ya, pero otros pretenden seguir existiendo a pesar de todo sin añadir el más mínimo valor al trabajo que realizan.

Los creadores se merecen algo mejor, mucho mejor. Necesitan que alguien les ayude a acercarse a esa gente que copia, comparte y promociona su trabajo y obtener algún tipo de beneficio adicional directo o indirecto de dicha actividad. No necesitan a  unos intermediarios que les ocultan la verdad de sus intenciones y que mediante lobbys, presión y campañas ofensivas hacia los ciudadanos les alejan de sus fans, de sus coleccionistas y de su futuro como creadores y artistas.

La realidad es que todo ha cambiado para siempre y los creadores deben explorar otras posibilidades. Sus financiadores, promotores, publicistas, distribuidores, fans, coleccionistas e incondicionales están ahí fuera. Si no van ellos a buscarles, nadie lo va a hacer en su lugar.

Las cosas claras: esto no va de creadores, sino de intermediarios