Los cambios en el modelo de la generación de contenidos culturales y de entretenimiento para el ocio

Ayer, hablando en la radio, se sugirió si los festivales de cine van a ir cambiando tanto como para plantearse que las películas se puedan ver vía streaming al tiempo que se muestran en los cines de exhibición.

Se argüía que los festivales son puntos de encuentro entre inversores, promotores y personas. El componente de reunión es fundamental en un festival y en gran parte su razón de ser.

No creo que los festivales, o cualquier otro sistema se tenga o pueda quedarse ahí.

Pensé un rato en el tema para imaginar cómo podría ser un festival de cine del futuro, casi ya del presente, para darme cuenta que se trata de un ejercicio fútil. Los cambios que tengan que ser no vendrán de un festival de cine concreto, de hecho ya existen festivales con un gran componente online, sino de los cambios que se vayan a producir en la propia esencia de los modelos de negocio relacionados que vayan a cambiar, desaparecer y crearse.

Cualquier estructura organizativa existente, sean gestoras de gestión de derechos colectivos, festivales de cine, industrias de intermediación de todo tipo, etc. no va a cambiar por si misma, sino por los cambios que la tecnología introduzca en la sociedad.

La realidad es que no importa la resistencia que opongan aquellos consolidados en los modelos hoy cuestionados, al final tendrán que estar allí donde esté la gente y eso será allí a donde la tecnología les haya llevado. Pero lo más dramático es que los cambios se producen en cuestión de meses, cuando no hablamos de semanas e incluso días. Es difícil, o cada vez es más difícil, acertar con el cambio que va a encontrar el sustrato favorable para florecer; lo que no es una opción es quedarse quieto.

Lo que deben entender los festivales, y cualquier otra organización, es que la tecnología ha socializado tanto la interacción entre usuarios que la mayor fuerza de promoción de cualquier actividad artística está en manos de los propios consumidores de contenidos.

Los cambios en el modelo de la generación de contenidos culturales y de entretenimiento para el ocio

La ironía de la defensa del copyright extremo

Es en cierto modo irónico que aquellos que reclaman que los contenidos no se copien sin que exista un pago, no duden en impulsar que los contenidos que expresan estas ideas sean copiados y republicados por la mayor cantidad de personas posible sin pedir pago alguno a cambio.

It is mildly ironic that those who claim contents must not to be copied without payment, doubt not to foster the copy and republishing of the contents defending their ideas by as much public as possible, without asking for a payment to access those texts and recordings.

La ironía de la defensa del copyright extremo

Beyond Oblivion competirá aprovechando iniciativas P2P con Spotify

Hablando de modelos de negocio hace unos días conocí a la gente de Beyond Oblivion que tiene una propuesta muy interesante. Licencian toda la música existente, desde hits a alternativos. Cobran un precio razonable por dispositivo que está licenciado para reproducir la música y mientras el dispositivo se use, y se reparte dinero a los titulares de los derechos según se reproduzcan las pistas (con ciertos márgenes y límites).

Creo que es un modelo interesante que tendrá que probar sus posibilidades. Resuelve muchas cuestiones ya que tiene en cuenta el tráfico P2P para dar una salida. La cuestión es más bien la multiplicidad de reproductores y la obsolescencia de éstos. Es posible que se enfrenten a peligros imprevistos en su carrera. Estoy estudiando el tema con profundidad y por temas de confidencialidad no puedo contar mucho más por ahora, pero iré contando según pueda

Adam Kidron On Cloud Services from Beyond Oblivion on Vimeo.

Beyond Oblivion competirá aprovechando iniciativas P2P con Spotify

Si criticas el cambio de modelo de Spotify te conviertes en un pirata

Parece que el meme del “todo gratis” parte de la industria de intermediación del entretenimiento ha calado fuerte en el imaginario popular. Al parecer, si se critica el cambio de política de Spotify uno se acaba convirtiendo en un pirata que lo quiere todo gratis.

Parece como si no se pudiera criticar el modelo de negocio de Spotify. Bueno, creo que es importante decir que, en ejercicio de la libertad de expresión, no sólo es posible, sino necesario criticar el modelo de negocio de Spotify, al menos de forma constructiva.

Lo primero es que yo en su día lo recomendé mucho y a raíz de aquellas recomendaciones me consta que mucha gente lo ha usado, lo sigue usando y no pocos han pasado a las versiones de pago. También he explicado con frecuencia porqué no lo sigo usando. Actualmente uso una combinación de mi música adquirida a lo largo de años, Grooveshark y alternativas libres como Jamendo.com, Magnatune.com, etc. Dicho esto quiero dejar claro que me da igual lo que hagan con sus condiciones de uso. A mi la versión gratuita no me gustaba y por eso dejé de usarla, y por otro lado suelo evitar pagar, en la medida de lo posible, por “soluciones” que apuestan por el DRM.

Pero vayamos por partes:

Lo primero es señalar algo que la gente suele olvidar y es que los que financian Spotify son los mismos que financian las industrias de la RIAA. Eso debería ser como poco llamativo, pues Spotify está en las mismas manos de unos que no dudan en demandar cantidades millonarias a ciudadanos por el simple hecho de compartir 24 canciones.

Segundo. No entiendo porqué la gente piensa que la versión “gratis” es realmente gratis. No lo es. Existen unos ingresos por publicidad, pero claro, los arbitrarios royalties que exigen las industrias que financian el propio Spotify hacen que finalmente no pueda ser rentable. Pero más importante que eso es que la gente paga con la atención y la promoción. La gente al usar Spotify gratuitamente está nutriendo de información y posibilidades de todo tipo a la empresa. Si no saben sacar partido de ello, si no ven el valor inherente, me temo que es su problema y uno de los principales motivos por los que no me gusta esa startup en su ejecución, no en su concepto.

Netflix no es lo mismo que Spotify, ni su modelo de negocio se parece e incluso Netflix no puede estar libre de crítica: Netflix no ofrece sino un programa de prueba gratuito de un mes tras el cual si quieres seguir usando tienes que pagar 8 dólares (por ahora en USA y Canadá). Ofrece vídeo en “streaming on demand” en cualquier dispositivo que pueda mostrar vídeo por Internet y por lo tanto no es comparable a un sistema que ofrece música. El vídeo no se consume igual que el audio, y es posible que para muchos el valor del vídeo “on demand” sea mayor que lo que ofrece Spotify. Ahí está la libertad de cada uno. Pero es que además Netflix tiene sus propios problemas. Por un lado las elevadas licencias que tienen que pagar, y que ciertas industrias amenazan con elevar, al ver la revolución que está suponiendo este servicio. Otra crítica que recibe es que tiene un catálogo limitado y los estrenos tardan en aparecer.

Pero lo que debemos criticar, de forma constructiva, es el modelo de suscripción ¿es sostenible? ¿Es recomendable?

Aquí un comentario que he escrito en Meneame:

Veamos, caro o barato es un término muy relativo. La cuestión no es pagar por las canciones, sino por el servicio. Si lo que ofrecen es atractivo, adelante, pero tengamos en cuenta que el modelo “suscripción” no tiene porqué ser la panacea. Al fin y al cabo ¿cuántos modelos de suscripción tendremos que pagar?

– NY Times 15 dólares al mes
– Spotify 5 euros al mes
– Netflix 6 euros (si alguna vez llega)
Filmin 10 euros al mes

Pero, ninguno tiene todos los catálogos, con lo que al final estaríamos pagando 20 ó 30 euros por unos cuantos canales para acceder a contenidos de forma más o menos puntual. Unos desplazarán a otros, pero el uso casual, accidental, seguiremos sin encontrar oferta.

Pero lo que es más, nos basamos en “el cloud”, la nube, y al incierta esperanza de que todo lo que elegimos ver, escuchar y acceder siempre estará ahí, y no es cierto. Eso no ocurrirá.

Luego tendremos que sumar más y más servicios con catálogos dispares, de juegos, de libros, etc. Al final un caos por el cual para acceder a un número finito de contenidos acabaremos pagando al mes 50 ó 60 euros.

No digo que esté mal, pero hay que pensar que Spotify es perfectamente criticable y que no hablamos de todo gratis, sino de modelos que compiten por dar el mejor servicio al mejor precio, pero hay cuestiones que no se pueden soslayar.

Porque el problema es el acceso puntual, accidental a los contenidos y la persistencia de éstos contenidos en el tiempo. Puede que a mucha gente no le importe, adelante, son mis invitados a usar los servicios premium. Pero creo que el modelo de suscripción ha de evolucionar y explorar otras vías de inclusividad. Pagamos por el valor añadido del servicio. A estas alturas queda claro que no se paga por el contenido, pero debemos, una vez constatada esta realidad, explorar otras posibilidades, como es vincular el comportamiento analógico con el digital sin forzarlo artificalmente.

 

 

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Si criticas el cambio de modelo de Spotify te conviertes en un pirata

¿Estadísticas de piratería a gusto de la Coalición de Creadores?

La Coalición de Creadores, un grupo de intermediarios de la industria del entretenimiento, principalmente discográficas y distribuidores cuya labor está cuestionada en el nuevo marco digital, se apoyan en un informe de dudosa procedencia para afirmar que las descargas “ilegales” contenidos, según ellos piratería, está arruinando su negocio, cosa que curiosamente contrasta con muchas informaciones que recibimos a diario desde todos los ámbitos de la industria del entretenimiento.

Si vemos al informe y su ficha técnica nos daremos cuenta de un par de posibles errores que hemos señalado por activa y pasiva. Estos informes parecen ser sesgados y estarían cuestionados en toda su metodología.

  • En primer lugar la propia definición de “piratería“, que no es sino una opinión basada en un prejuicio que hace que las presuntas preguntas a los encuestados ya estén condicionadas de forma falaz (falacia de hombre de paja). En todo caso podríamos hablar de “presuntas infracciones de copyright”. Hay que establecer que la copia privada está permitida en nuestras leyes. Por otro lado ninguna demanda judicial corrobora ilicitud alguna en lo que algunos lobbys de intermediarios llaman “descargas ilegales”.
  • Sin embargo lo que más me temo es que de nuevo estemos asociando una descarga = a una venta perdida. Esto es sencilla y llanamente falso de todo punto. En cualquier estudio se debe analizar si es posible que se vaya a pagar por algo que no se pueda descargar “gratuitamente”. Es más, se debe analizar si la descarga sin ánimo de lucro y gratuita no influye en la compra de otros contenidos, servicios o similar, como conciertos, suscripciones, merchandising, etc. Así que sospecho que las cifras y porcentajes dados no están teniendo en cuenta este hecho que otros informes sí tienen en cuenta.

No obstante puedo estar equivocado tanto en cuanto hablo por deducción de casos anteriores similares y como no contamos con los datos de las encuestas no podemos afirmar o negar categóricamente. Los acabo de solicitar al Sr. Rafael Achaerandio de IDC.com y espero confirmar o descartar mis sospechas. Lo antes posible. De no contar con esa información sólo podremos concluir que el informe en su totalidad carece de credibilidad en tanto en cuanto no podamos contrastar la información.

Este tipo de informes son, por cierto, los que con frecuencia toma el informe 301, patrocinado por el lobby del entretenimiento de la RIAA y MPAA, como referencia para que el gobierno de EE.UU. presione a los gobiernos de varias naciones para introducir medidas más extremistas en las leyes de derechos de autor que en poco o nada benefician a los autores.

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¿Estadísticas de piratería a gusto de la Coalición de Creadores?

La locura del licenciamiento

¿Saben cual es uno de los principales problemas de la industria del entretenimiento en general? Sencillo, el complejo entramado de licencias que a lo largo de los años han impuesto ellos mismos.

Ante la increíble complejidad de este entramado cualquier cambio o adaptación se convierte en una tarea titánica, cuanto más cuanto que deberían todos ponerse de acuerdo y olvidar, al menos temporalmente, cualquier pretensión de competencia entre ellos para lograr un sistema más sencillo, limpio y directo.

Dicen que es imposible adaptarse, pero sólo lo dicen porque no tienen ninguna gana de introducir algo de cordura en un sistema que vista la siguiente imagen, es como pretender construir un edificio de cemento sobre una construcción hecha de naipes:

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La locura del licenciamiento