La economía de la atención y la lucha de los distribuidores contra los autores

Hace tiempo que publiqué unos vídeos que me gustaron en un blog de blogger. Vuelvo ahora y de los tres que puse, dos han sido retirados por reclamaciones de los distribuidores o productores. Supongo que confiar en la “nube” es ya de por si peligroso, pero haciendo un análisis un poco más profundo, no mucho más, no vayan a pensar que me ha dado por sesudas reflexiones ¿eliminar vídeos que los usuarios promocionan no es una forma de los distribuidores de dañar a los autores que en el fondo buscan (o deberían buscar) la más amplia y variada distribución posible?

Hoy lograr distribución máxima no es difícil ni imposible. Está al alcance de cualquiera; tenga pretensiones de vender copias o no. Lo cierto es que aprovechar al máximo el poder de difusión de las plataformas actuales es una de las claves del éxito. Cerrar esta difusión para que unos distribuidores, por otro lado innecesarios, sigan existiendo es, como se suele decir, pan para hoy…  y hambre o la simple desaparición para mañana.

Existen muchas razones. Cada vez más los jóvenes de hoy que serán los que más consuman mañana usan Internet para acceder a los contenidos dónde, cuándo y como les interesa. Existen nuevos nichos sin apenas explorar y por lo tanto enormes oportunidades. Hay que exponer la obra a todos estos entornos de forma masiva facilitando la libertad para que nuestros contenidos, expuestos a muchos entornos, encuentren aquel más fértil sobre el cual poder centrarnos durante un tiempo. Es  un simple proceso de ensayo y error que ha de ser masivo, como masiva es la Internet.

Si eliminas el vídeo de Internet, ya no es accesible. La gente no lo ve y deja de pensar en ello. No llora su desaparición, simplemente pasa al siguiente contenido accesible que cuyos autores carezcan de los prejuicios del siglo pasado.

Ya no se trata de decirle a alguien cuándo y cómo tienen que ver, leer o escuchar lo que creamos, sino de exponer nuestros contenidos para que ellos escojan. Si lo que hacemos tiene suficiente calidad y ofrecemos suficientes formas de interacción, fomentando incluso que nuestros contenidos se remezclen, compartan, etc, podemos lograr la difusión que el viejo modelo analógico no hubiera podido ni soñar hace unos pocos años atrás. Nuestro público será al mismo tiempo distribuidor y publicista que no sólo no cobra por tal trabajo, sino que nos agradece la confianza depositada.

Por eso concluyo que hoy en día el principal enemigo para los autores no es, desde luego, el público, sino los distribuidores que ven como su existencia tal y como son ahora, es imposible. Por eso son reaccionarios y culpan de todo a lo que y a los que son los únicos aliados naturales de los creadores, la tecnología y la ciudadanía.

Por suerte todavía hay quien no ha optado por eliminar los vídeos que suben sus fans.

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La economía de la atención y la lucha de los distribuidores contra los autores

Hay que temer ACTA porque ACTA es la respuesta del miedo

antiACTAEl ACTA o Anti Counterfeit Trading Agreement se inició como un tratado internacional para luchar contra la falsificación (algo contra lo que muchos estamos de acuerdo) para acabar convirtiéndose en una desatada y desesperada respuesta de algunos lobbys, entre ellos los farmacéuticos y muchos de los intermediación del entretenimiento, principalmente distribuidores de contenidos, para acabar con la propia naturaleza de Internet y lo que los ciudadanos hacen en ella.

No voy a entrar en el análisis de lo que supone para los medicamentos genéricos y cómo condena a muerte a miles de ciudadanos de países pobres; ya sólo con eso habría que pensar en emprender acciones judiciales contra sus impulsores. Me voy a centrar en cómo afecta ACTA al conocimiento humano, por lo tanto a la base de lo que el mundo necesita para estar mejor informado, crecer y mejorar.

ACTA es la respuesta del miedo porque si bien los que la negocian a puerta cerrada son profundamente antidemocráticos, tontos no son. Saben perfectamente que el tiempo de su modelo de negocio ha tocado a su fin. Temen de forma obsesiva aquello que van a hacer los ciudadanos en el futuro cuando tomen las riendas de la sociedad; esos ciudadanos nativos digitales a los que será imposible engañar con la pretendida lógica de que por los contenidos hay que pagar sin mejor argumentación que una pretendida e incuestionable fe en unas leyes de propiedad intelectual que nunca han superado el escrutinio científico. Los ciudadanos nativos digitales crean y comparten. En su mayoría, además, no esperan que se les pague por ello. Crean por puro amor al arte y saben que su recompensa, su satisfacción, viene de la atención con la que son regalados todos los días.

Los impulsores de ACTA están lejos de querer proteger a los creadores, más bien al contrario, les perjudican, les roban mediante clausulas no sólo sus contenidos, sino cualquier opción de hacer algo distinto con ellos. Todo en aras de un modelo de distribución que no puede tener menos sentido en pleno tímido inicio de la transición de lo analógico a lo digital.

Toda respuesta basada en el miedo a los que vienen debe ser por lo tanto combatida. No sólo por lo que representa como atentado a la dignidad humana, no sólo porque socava los más elementales fundamentos democráticos, sino porque es un ataque a la evidencia científica en defensa de lo irracional, un ataque frontal a los que vienen detrás y un ataque a toda esperanza en crear un mundo mejor basado en que la cultura debe ser compartida.

Durante varias décadas no hemos dejado de ver cómo la piratería merma el dominio público. Los lobbys en complicidad con los políticos no han hecho sino incrementar los periodos de “protección” del copyright sobre las obras creadas llegando a tal punto que nuestra sociedad no puede disfrutar libremente de sus contenidos contemporáneos. El precio de esta realidad es insoportablemente alto. La piratería ha de ser combatida y sabemos quienes son los piratas. Muchos cómplices de piratería son elegidos por poblaciones enteras mediante un corrupto sistema democrático y el precio de ese error lo pagarán nuestros hijos. Aunque ya es tarde para ellos, tal vez no lo sea para sus nietos. Es  hora de cambiar el modelo y castigar a aquellos que nos roban con herramientas legales aquello que nos pertenece.

Las ideas plasmadas, el corpus misticum, siempre se se ha comportado de forma digital. Alguien dice una frase y se copia con más o menos fidelidad en los cerebros de los demás. Con ACTA y medidas similares que están adoptando unos gobiernos que deberían estar a nuestro servicio y no el de algunas empresas, el propio proceso de asimilación de ideas que otros lanzan podría acabar quedando proscrito si se hace por medios digitales. Tal es la locura a la que estos fanáticos nos quieren llevar.

Ya es hora de reclamar lo que debería ser dominio público y usarlo sin miedo. Preservar la cultura y que seamos los ciudadanos quienes lo hagamos directamente es un acto de responsabilidad.

Luchar contra ACTA es un acto de justicia pues equivale en el ámbito del saber a luchar contra la pobreza.

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Hay que temer ACTA porque ACTA es la respuesta del miedo